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lunes, 3 de octubre de 2016

Un mundo con demasiados miedos

Escribo aún en estado de shock, después de la ajustada victoria del NO en el plebiscito de Colombia (ayer, 2 de octubre) sobre los acuerdos de paz. El resultado no puede simplificarse como un NO a la paz, ni tan sólo como un NO a construir un país más justo. Pero quizás sí se puede simplificar como un NO a la generosidad con los combatientes (guerrilleros de un lado, paramilitares del otro), como un NO a pasar página a partir de la verdad, la reparación a las víctimas y al compromiso de no repetición, o como un NO a firmar la paz con quien la derecha conservadora y las élites económicas piensan cada año que están a punto de derrotar definitivamente.

En el país más desigual de América Latina (un 0,49% de la población tiene el 50% de la tierra, por ejemplo) y ante la paralización de los acuerdos recientemente firmados, no se puede dejar la negociación sobre el futuro al gobierno, las FARC y a los que han dicho NO a este acuerdo, sino que procede --a partir de ahora mismo-- crear una mesa de concertación con otros actores cívicos y sociales para debatir no sólo sobre la desmilitarización del país, sino también sobre las medidas que habrá que tomar para mejorar la equidad, el respeto a los derechos de todos y la justiocia social.

Éste de Colombia no es el únicop ejemplo de decisión tomada en el último año presa del miedo, compañero siempre defensivo y cobarde. Fijémonos en muchos de los argumentos del Brexit en Gran Bretaña, o de las políticas anti-immigración en Hungria y tros países del este de Europa, o de la paralización de conversaciones de paz entre Israel y Palestina, o de la tibieza internacional a condenar los excesos rusos en sus fronteras, o a la necesidad rusa de reivindicarse como potencia mundial con orgullo, o del dominio regional de Arabia Saudita conculcando derechos a diestro y siniestro, con la comunidad internacional mirando hacia otro lado, o las razones por las que Europa se desntiende del millón de refugiados que han llamado a su puesta con desesperación, o ...  Fijémonos bien, porque muchos de los argumentos aducidos tienen como base el miedo a la pérdida de privilegios, el miedo a no ser bien considerados, el miedo a la diversidad, el miedo a lo desconocido, el miedo al mestizaje, el miedo a dejar de ser quienes somos, el miedo, siempre el miedo,...

El mundo que nos llega, ya globalizado económicamente, sólo podrá ser un mundo donde las causas y los, problemas también serán globales, para bnien o para mal, y nos afectarán de manera directa. Las reacciones de "a mi no me afecta" tienen anunciada la fecha de caducidad, y como nos afectan habrá que afrontarlos con visión global y ánimo constructivo. Se acaban las jaulas de cristal y los privilegios geográficos, si no queremos ver un mundo invivible en permanente violencia. Los cantos de sirena de la extrema derecha xenófoba y elitista se oirán un tiempo (y lamentablemente influirán todavía en las decisiones políticas) pero no pueden augurar más que enfrentamiento y desorden.

El miedo no es un buen consejero y muy a menudo aboca al ensimismamiento, a la defensa numantina sin razones, a la exclusión del otro, a la no-cooperación sistemática.. Por eso, la conciencia ciudadana y las luchas informadas por los derechos humanos, la justicia global y la paz son más necesarias que nunca, no sea que cuando nos demos cuenta habitemos ya en un mundo con miedo en cada esquina. Con miedo al otro, que es como nosotros y también tendrá miedo.

domingo, 26 de junio de 2016

No es esto, compañeros, no es esto

Estas semanas he hecho campaña, modesta pero activa, escribiendo en twitter a favor del Brexit, por razones opuestas a las que han defendido la mayoría de británicos partidarios de salir de la Unión Europea: yo no he deseado nunca una Europa que se limite a ser sólo un mercado común --como ha defendido siempre GB-- ni una Unión limitada por el poder soberano y excesivo de los Estados miembros --como siguen pretendiendo las élites económicas y políticas de los países jacobinos como España--, ni un entramado burocrático que permite privilegios entre Estados (como el cheque británico), sino una Europa de los ciudadanos en que los máximos mandatarios políticos nos representen y sean elegidos en votación democrática, i donde un Parlamento Europeo tenga competencias definitivamente cedidas por los Estados.

Ahora, una vez realizado el referéndum británico, parece que vuelven a confundirnos interesadamente los términos, haciendo más caso a los cantos de sirena contra la inmigración y el asilo --no sea que demos alas a los partidos xenófobos--, reforzando los nacionalismos y los poderes de los Estados i proclamando quizás una Europa de dos velocidades, para permitir que el eje franco-alemán gane aún más peso i sigamos yendo a remolque de unos intereses que no son los de la mayoría. Todo ello como una involución en la dirección errónea. Ahora, más que nunca, habrá que saber leer entre líneas y fomentar que haya una opinión pública capaz de debatir en profundidad y de proclamar la queja de fondo de millones de ciudadanos, que no queremos más Estado i más economía sino más democracia directa, más política y sobre todo más políticas sociales.

Mucho de lo que está pasando tiene que ver con el miedo, que és un mal consejero y sobre todo lo contrario a la confianza, que está en la base de la paz y de la justicia. Será necesario volver a alzar la voz desde la calle, para repetir una y mil veces "no es esto, compañeros, no es esto". La salida de Gran Bretaña de la Unión es un golpe más en la triple crisis que vive Europa: de valores, institucional y de ineficacia, pero no es la única ni posiblement la más importante, porque la libre circulación de bienes y servicios no se frenará y Europa seguirá firmando Tratados con GB porque "God save the Queen" y la pela es la pela.

Más profunda me parece la crisis de valores y de inacción que vivimos, ante más de un millón de personas que llaman a la puerta de una Europa de 300 millones que dice, en boca de sus portavoces oficiales --¡mentira!-- que hay "una crisis de refugiados casi inabordable" y que identifica la población refugiada con la inmigración irregular, convirtiendo las políticas de inmigración en políticas de seguridad, como si habláramos siempre de enemigos potenciales. Esto también atiza el miedo de la gente, destroza la confianza y da alas al pensamiento xenófobo y a los nacionamismos de raíz étnica.

Si regresamos a unas pantallas atrás al año 2000, con la elaboración de una Constitución europea en base a sus pueblos más que a sus Estados, podremos construir sobre bases sólidas lo que --me permito pensar-- quiere una buena parte de la ciudadanía: una Europa de las regiones y de los pueblos, ejemplo de multiculturalismo y de solidaridad mundial, sin cuotas asignadas de poder (28 comisarios, uno por Estado, ¿dónde se ha visto?), con un Parlamento con algunas competencias legislativas exclusivas, con menos  burocracia, más efectividad y una voz potente.

Es la hora de la responsabilidad. Ojalá comencemos a reclamar solidaridad con los refugiados para perder el miedo a unos poderes que no os representan. Sería la primera piedra de una construcción que demostraría que hemos entendido el enfado de mucha buena gente en toda Europa.

martes, 20 de octubre de 2015

Jerusalén: una ciudad dividida por la derecha que la quería indivisible

Reproduzco el artículo que acaba de publicar Meir Margalit, activista y miembro del Centro de >Iniciativas de Paz de Jerusalén:
Jerusalén: una ciudad dividida por la derecha que la quería indivisible
Meir Margalit
Como un deja vu angustiante, como una tormenta que no deja de azotarnos, vuelve a estallar esta nueva ola de violencia. Y nos deja perplejos y avergonzados por la impotencia kafkiana de quien sabe lo que habría que hacer para acabar, de una vez por todas, con esta violencia endémica, pero nadie lo escucha.  Esto era de esperar, en particular en épocas de festividades judías, cuando religiosos derechistas se empecinan en subir a la Explanada de las Mezquitas, exasperando los nervios palestinos, que ya están tensos al máximo sin necesidad de estas provocaciones. Era de esperar, pero, por obra del diablo, estas irrupciones de violencia siempre nos toman por sorpresa, nunca se está lo suficientemente preparado para enfrentarlas.   
Sin embargo, a pesar de esa sensación de haber ya presenciado la misma película, podemos notar algunos rasgos propios de esta revuelta.  Por primera vez en muchos años, se produce un acontecimiento perturbador en el que los jóvenes palestinos de Jerusalén se vuelcan a las calles en forma masiva, espontánea, sin apoyo de ningún movimiento organizado, apedreando todo símbolo israelí que se cruza en su camino, atropellando civiles israelíes y atacando con cuchillos de cocina, hasta llegar a su máxima expresión la semana pasada cuando un niño palestino de 13 años atacó a cuchillazos a otro niño israelí de la misma edad, lo que convirtió automáticamente a cada niño palestino en "terrorista activo" a ojos israelíes. 
Este modelo de rebelión ha dejado a la policía israelí perpleja, ya que este estilo de  ataques son imprevisibles e imposibles de prevenir. Mucho mas fácil para los servicios de seguridad israelí es combatir células terroristas organizadas que enfrentarse a civiles armados con cuchillos caseros  que, en un momento de ira, deciden acuchillar al primer israelí que se cruza en su camino. Esta nueva estrategia popular palestina ha producido un cambio sumamente significativo en el desarrollo del conflicto. Hasta tal punto, que por primera vez en muchos años podemos declarar que la calle palestina en Jerusalén oriental ha logrado un triunfo contundente, aunque no sea más que como un "gol en contra" del gobierno israelí.
La imposición de un estado de sitio en Jerusalén oriental -o lo que Giorgio Agamben denomina "un estado de excepción"-, que incluye la utilización por primera vez desde 1967 de fuerzas militares como refuerzo a la policía local y de bloques de cemento que separan los barrios palestinos de los israelíes, es sin duda alguna uno de los triunfos mas contundentes de los jóvenes rebeldes de Jerusalén oriental. Ello requiere una lectura atenta de los significados simbólicos que representa, ya que a primera vista pasan desapercibidos.
Lo primero que resalta es, por encima de todo, el estado de pánico en que esta sumergida la sociedad israelí, la incapacidad para controlar la situación, y el grado de cinismo con que el gobierno manipula la opinión publica israelí, apoyándose en que nadie conoce la geografía del lugar: da igual cuantas vallas instale la policía en Jerusalén oriental, siempre habrá un hueco por el que unos terroristas dispuestos a todo podrán infiltrarse a la parte occidental de la ciudad. Pero lo mas significativo es que al declarar el “estado de sitio”, el gobierno israelí ha dividido de facto la ciudad de Jerusalén.  
La izquierda israelí aduce desde hace 46 años, sin mayor éxito, que el modelo de ciudad unificada no tiene futuro y es necesario dividirla: ahora lo ha llevado a la práctica la derecha israelí sin mayor remordimiento de conciencia. El despliegue de soldados y bloques de cemento en las rutas que conectan a los barrios palestinos con la parte israeli es sumamente simbólico porque nos remiten a los Territorios Ocupados de Cisjordania. Los transforma en un claro significante de la anulación de distinciones entre Jerusalén y los Territorios Ocupados, o lo que  podría denominarse la "Cisjordanización de Jerusalén".  Nunca Jerusalén oriental ha estado tan cerca de los territorios ocupados y tan lejos de Jerusalén occidental.
Y este "gol en contra" llega a tiempo. Durante los últimos años, y a medida que la situación económica ha ido mejorando, la población adulta de Jerusalén oriental comenzó a acomodarse o a resignarse a la ocupación. A partir de ahora esta percepción colapsa y la gente vuelve a recordar que están bajo una ocupación militar que, por mas beneficios económicos que pueda conllevar, es y será insoportable.  Durante los últimos años, gracias a una política de gestos implementada por el actual alcalde israelí de la ciudad, la ocupación perdió su fachada opresora y su imagen se volvió mas light, hasta tal punto que los últimos sondeos demuestran que mas de la mitad estarían dispuestos a adquirir la ciudadanía israelí.    Este proceso de doblegamiento a la ocupación ha colapsado estruendosamente, ha sido literalmente quebrado por los jóvenes. La dosis de relativa prosperidad que el alcalde Barkat  suministro a sus padres, no les atañe: están en esa edad en la que la dignidad y el orgullo son factores decisivos en la consolidación de su identidad, mucho más importantes que la prosperidad económica que persiguen sus padres. 
La idea de tranquilizar al publico israelí gracias a las barreras no es nueva en nuestra región.  Durante la segunda Intifada, fue Ariel Sharon el primero en promover en 2002 la construcción de la muralla de separación a fin de calmar a la población israelí.  Siguiendo esta lógica escapista, Netanyahu introduce vallas de cemento armado con el mismo objetivo. Construir otra muralla seria demasiado exagerado pero, salvando las diferencias, en ambos casos el resultado es el mismo: Sharon y Netanyahu dividen la ciudad de facto.
Diez años después de construida la muralla de separación, que dejó fuera a extensas partes de la ciudad y a más de 50.000 residentes palestinos, el gobierno actual separa Jerusalén oriental en una serie de enclaves cerrados que, mas que afectar la vida cotidiana, producen un cambio total en la mentalidad palestina respecto a la ocupación.  Netanyahu les ha vuelto a recordar que viven bajo ocupación militar, y ha reavivado de esa manera el ansia palestina de liberación.
La tensión generada por estos disturbios ha corroborado que el modelo de la "Jerusalén unificada" es insostenible, que por debajo de la tierra ruge un volcán. La tenacidad con la que la población joven desafía al sistema israelí es la prueba contundente de que este régimen de ocupación esta destinado a enfrentar periódicamente alzamientos violentos que, a largo plazo, acabaran desmoronándolo. Toda represión es temporal por definición y la actual represión policial esta sembrando las semillas de la próxima rebelión. Los jóvenes palestinos arrestados, cuyo numero ronda los 2.500, llevarán en sus venas por siempre el ansia de revancha. Y el folklore local ya esta fertilizando la próxima generación de jóvenes que aspira imitarlos, porque en el imaginario local esos son los pequeños guerrilleros que, poniendo en jaque a la policía,  salvaron la dignidad nacional.
Todavía es prematuro saber si estamos ante la tercera Intifada. Sea cual fuere el futuro,  el valor intrínsico del levantamiento juvenil  consiste en haber puesto de relieve la patología del sistema municipal de Jerusalén y, más allá de sus logros a corto plazo, los acontecimientos han dejado claro que una estructura de esta índole podría perdurar, pero no tiene derecho a existir. 
Un proverbio hebreo dice que la labor de los santos es realizada por gente común.  No se si será cierto. Pero lo que esta claro es que el objetivo de la izquierda lo está llevando a cabo, a su brutal manera, la derecha.   
www.sinpermiso.info, 17 de octubre 2015 





martes, 15 de septiembre de 2015

Carta de una abuela castellana

Soy española, vivo en Barcelona, soy del Real Madrid, hablo castellano y no me siento catalana. Pero mañana votaría sí a la independencia de Cataluña.
No entiendo de Política, no me sé la constitución
 
Entiendo de personas. Las personas se entienden cuando se respetan, se toleran y se escuchan. Las personas se casan porque en un determinado momento se enamoran y deciden por ambas partes compartir sus vidas, sus beneficios y sus penas. Compartir, tolerar y respetar. En lo bueno y en lo malo. 
Pero a pesar de lo prometido a veces se rompe el amor, sin intencionalidad, sin maldad, con todo el dolor de nuestro corazón. Y se puede romper por ambas partes o sólo por una. En ambos casos hay divorcio, de mutuo acuerdo, de malos modos. Pero nunca se obliga a
nadie a quedarse en un matrimonio en contra de su voluntad. Si una de las partes se quiere ir, se va. Con todo el dolor de nuestro corazón. Y en el supuesto caso que pretendiéramos que se quedara, que debiera recapacitar y renunciar a su libertad, ¡No se le amenaza, se le
infravalora, se le ignora, se mal juzga o se le deja de respetar!
 
En ese absurdo caso sólo se consigue el caso opuesto: más determinación. La decisión de independizarse ya no sale de su razón, de su reflexión o decisión. Sale directamente de su corazón. Primitivamente. ¡Secuestro amigdalar! Han ofendido su autoestima, su sensación de país. Su orgullo. 
Soy madre de tres niños, han nacido y se están criando aquí. Yo soy española, siempre lo seré, viva donde viva. De igual manera que si viniera un japonés a vivir a España siempre sería japonés. La nacionalidad se forma en un determinado momento de nuestra infancia, percibo, supongo. Ellos decidirán su nacionalidad y si quieren, deciden, optan o sienten que son catalanes por encima de cualquier cosa, no pondré reparos. No serán menos ni más que nadie. 
Pero por delante de las banderas estamos las personas.
Y por delante del patriotismo debería ir el sentido común y el respeto. Hablo desde mi experiencia y las peores traiciones no me las ha hecho ningún catalán. Pero la mayor lealtad sí la he vivido en esta tierra, con esta gente. Y no entiendo de política, pero creo que hubiera sido más rico para la historia de España respetar a Cataluña como tal, como ellos se sienten, con su riqueza de cultura, gente y generosidad. Respetarla y tratarla por su valía. Pero sospecho que ya es tarde. Un poquito de respeto de vez en cuando no viene mal.
 
Por todo ello mañana yo votaría sí a la independencia de un "país" que no quiere formar parte de otro, simple- mente porque no se siente respetado. Tan simple como la vida misma.

Beatriz Puerta 

viernes, 26 de junio de 2015

Cruz Roja, la ONCE y Cáritas española: las tres señoras

El pasado día 8 de junio el Tribunal Supremo anuló el Real Decreto de 2013 que regulaba las subvenciones desde la administración del Estado a las entidades sociales (al Tercer Sector Social), correspondientes a la casilla de "otros fines de interés social" que los ciudadanos marcamos voluntariamente en nuestra Declaración de renta.
La sentencia se basa, como en las ... ¡13 sentencias anteriores! de ese mismo Tribunal y del Constitucional en veinte años, en el hecho de que el Estado no es competente en el desarrollo de políticas sociales, cuyas competencias exclusivas corresponden a las Comunidades Autónomas como señala el propio texto constitucional.

Dicho en plata: el 0,7% de cada ciudadano que quiera marcar la casilla debe recaudarlo la Comunidad Autónoma y repartirlo ésta, íntegramente ¿Por qué, pues, el Estado desoye repetidamente los altos tribunales y se pasa por el forro sentencias y más sentencias, cambia reglamentos, modifica bases de convocatorias y lo que haga falta para seguir repartiendo 220 millones de euros -en 2014- a las entidades sociales que considera?.
A mi juicio, por tres razones fundamentales y que conviene repetir, aunque desde Cataluña se ha hecho hasta la saciedad desde 2007 en estudios, demandas, recursos y peticiones, porque en su caso se recogieron 54,4 M€ y retornaron 30,8 millones, cifra que no se corresponde ni tan sólo con la cifra promedio de retorno por habitante, lo que conlleva un agravio comparativo, reiterado en el tiempo, difícil de explicar ya que premia a lñas Comunidades donde menos ciudadanos marcan la casilla del 0,7%.

Primera razón: el Estado autonómico está en quiebra desde su inicio (la LOAPA), y el alma castellana del Estado no se lo ha creído nunca, lo ha respetado poco y lo valora en cero. La diversidad es un incordio, y no me extiendo en el argumento.

Segunda razón: porque las grandes organizaciones sociales, centralistas y burocratizadas, y muy especialmente "las tres señoras", a través de su brazo armado (la Plataforma de Acción Social, donde tienen entre las tres un tercio de los votos y muchísima influencia sobre la mayoría de pequeñas ONG) ha medrado desde el primer momento por centralizar las ayudas, procurar que éstas fueran mayoritariamente a entidades "nacionales" (aunque tener sede en Madrid ya se considera nacional, el resto no) y liderar la interlocución con los gobiernos estatales al tiempo que sus aparatos "centrales" controlan al interno sus delegaciones y secciones autonómicas o episcopales.

Tercera razón: bajo el argumento de la igualdad de oportunidades entre los habitantes en riesgo de exclusión de cualquier lugar de España se perpetra una distribución discrecional de fondos que facilita el control de entidades, la priorización de los ámbitos de trabajo de las organizaciones sociales y se asegura la continuidad estructural de las grandes organizaciones, las que reciben más subvenciones año tras año. Es una razón que no soporta ni un débil estudio comparativo, pero sirve perfectamente para rasgarse las vestiduras ante la posibilidad de que "haya 17 Españas distintas en derechos" y dar por bueno el "derecho a una sola España, que es la que yo quiero".

Urge, por salud democrática, que en esta ocasión (a la 14 va la vencida) el Estado cumpla la sentencia y transfiera, mañana mismo, los fondos a los gobiernos autonómicos. ¿O es que el Tribunal Constitucional y el Supremo sólo obliga a unos y no a todos?.

miércoles, 25 de febrero de 2015

¿Dónde queda la Europa de los ciudadanos?

La dura postura del gobierno español -casi malcarada- en la negociación de la deuda de Grecia me lleva a hacer algunas reflexiones que me parecen pertinentes, en estos momentos en los que hay bastante desencanto con el proyecto de unidad europea entre amplios sectores de la ciudadanía.

Constato, en primer lugar, que la Europa de los ciudadanos ha cedido otra vez el protagonismo a la Europa de los mercaderes. Sabemos que el Mercado Común nació antes que la Unión; sabemos también que la UE es un club donde se toman decisiones en función de intereses 'nacionales' (estatales) -algunas, como la política agraria- i de intereses de las grandes empresas -la mayoría-. Pero con el Tratado de Maastrich y el de Lisboa nos habían dicho que avanzábamos también en la homologación de derechos, de libre circulación de personas y en unos mínimos comunes en políticas sociales. Esta negociación olvida el principio, y el rescate de cuatro países del Sur de Europa ha demostrado claramente que las medidas que se toman no favorecen la cohesión social ni el bienestar de la población sino que se orientan únicamente a la continuidad del sistema neoliberal y la estabilidad financiera como si se tratara de un mantra inviolable.

Pero todavía hay más: los adalides españoles del sistema, los mismos que dicen que el sistema universitario español es insostenible -como si el acceso mayoritario a la universidad se pudiera asegurar mejor en un sistema privado, costeado por cada cual-, ponen el grito en el cielo porque Grecia pone dificultades a devolver "a cada español los 600 euros que les ha prestado". O sea, no nos fijamos en las condiciones del préstamo, ni en las razones inmediatas que llevaron a tomarlo (en buena parte egoístas para la propia Europa monetaria), ni en las consecuencias de la inflexibilidad europea para unos ciudadanos europeos, sino que consideramos que es un tributo de exigencia inmediata y sin discusión, caiga quien caiga.

 Y de discusión tiene que haber, y mucha. Me pregunto qué parte del préstamo podría considerarse solidaridad europea y qué parte retorno a los acreedores, mayoritariamente privados, bancos alemanes muchos de ellos. Y habría que abrirse a discutir, también, la mejor forma de retorno de un préstamo para que no profundice la brecha entre pobres y ricos en la sociedad griega y asegure un retorno pausado y seguro, que contribuya a la creación de riqueza en Grecia en beneficio de toda Europa. Si eso supone la quita de una parte de la deuda, bienvenida sea porque no habrá sido ni la primera ni la mayor, aunque "sufran los mercados".

No tenemos que recibir en silencio el menosprecio del ministro de Finanzas alemán hacia la ciudadanía griega, al decir que "han elegido un gobierno irresponsable" porque no quiere seguir al pie de la letgra los dictados de la gran banca., No todo vale y deberíamos proclamarlo alto y claro: los poderosos no pueden laminar la democracia que hemos construido en tantos siglos de convivencia difícil. Cuando el ministro dice eso, es un peón del capital quien habla pero no un servidor público al servicio del pueblo que le dio la confianza. Debnería saber, por boca de la ciudadanía comprometida, que con la democracia no se juega y que estmos dispuestas a defenderla por encima de los intereses del dinero, de cualquier sistema económico y de un sistema de representación que se nos está quedando manco y cojo.

También quisiera considerar por qué razón la transferencia anual de dinero de Cataluña al Estado español recibe el nombre de solidaridad interterritorial (4.000 € por cabeza), y en cambio la transferencia española a los griegos se trata como un tributo a pagar de forma inmediata. ¿No será que esto de la solidaridad, y de los tributos, va por barrios?. En cualquier caso, las maneras abruptas de un ministro de Economía español -que ha saneado su sistema bancario con fondos europeos- me parece lamentable, casi patética. ¿Y si España siguiera con unos tipos de interés muy altos, sería más comprensivo con el gobierno griego?. Seguro que sí ... valiente argumento!

 Y la última reflexión se refiere al gobierno griego. En Europa nos hemos dotado de unos criterios comunes que podemos mejorar, es lícito cambiar e incluso denunciar desde sus fundamentos. Pero hay que hacerlo desde el respeto por todas las posturas y desde una óptica participativa de democracia, la misma que queremos para el futuro común. Me parece que no me equivoco si digo que somos muchos millones los europeos que admiramos el coraje del nuevo gobierno griego para poner las personas en su foco, y especialmente las personas y los colectivos empobrecidops y sus intereses. Que compartimos la idea de que no se puede empobrecer más a un pueblo para retornar una deuda cuyas condiciones se fijan unilateralmente (en este caso trilateralmente entre los banqueros alemanes, el FMI y el Banco Mundial). Pero eso no puede suponer una patente para fijar, también unilateralmente, otras reglas de juego. Por esta razón, con toda mi simpatía les pido la misma flexibilidad que reclaman para todos, con un único límite: evitar cualquier sufrimiento más a las personas pobres de Europa.

miércoles, 14 de enero de 2015

¿El ejército sirve para ocupar las calles de París?

Estos días, después de la bárbara demostración de estupidez inhumana y de terror que han supuesto los atentados de París, nos preguntan a los pacifistas si seguimos pensando que los ejércitos no sirven para la seguridad y si persistimos en nuestra "candidez" de pensar que los conflictos como el terrorismo internacional o el Estado Islámico pueden resolverse mediante el diálogo o por medios pacíficos. 

La pregunta es pertinente, sobre todo a la vista de la exasperante respuesta de los políticos mundiales, que se manifiestan juntos por las calles en nombre de la libertad cuando están a punto de perpetrar un nuevo recorte a las libertades ciudadanas "para nuestro bien y seguridad" (pensando, eso sí, más en la seguridad del statu quo y de los estados que de los ciudadanos). Como cada vez somos más los que pensamos que al “sistema” (poderes económicos, especuladores, libre mercado y clase política) le acaba resultando vergonzantemente útil que haya un poco de terror  para gobernar la cosa –no hay nada tan paralizante como el miedo para justificar falsas seguridades- procuraré responder a la cuestión de forma breve.

1. Es imprescindible que haya fortaleza y unidad en la defensa de las libertades ciudadanas y contra el terrorismo, y no contraponer las primeras (las libertades) al concepto de seguridad. Las sociedades son cada vez más complejas, las relaciones entre grupos, pueblos y países también lo son, y la simplificación de considerar libertad y seguridad como de suma 0 sólo nos llevaría a retornar a civilizaciones de muchos siglos atrás.

2. Ante las diversas formas de barbarie terrorista no hay seguridad absoluta para bienes y personas si se utiliza -como viene siendo habitual- el poder de la fuerza como respuesta. Hay que perfeccionar sistemas de información policial, redes de colaboración y de cooperación de datos, pero siempre y escrupulosamente respectando el estado de derecho, la división de poderes y promoviendo más las libertades individuales y colectivas que nos hacen más humanos, nunca recortándolas en nombre de “una seguridad imposible al 100%”

3. Debemos cambiar ya el concepto de seguridad: una nueva ‘seguridad humana’ ha de contemplar como sujeto a las personas, y no a los Estados. Desde esta perspectiva hay mucho camino a recorrer sin haber de justificar la presencia de los ejércitos en nuestras calles, como estos días estamos viendo en Francia -según nos dicen-- para la tranquilidad de la población. No sé qué tranquilidad nos puede dar saber que las personas depravadas que cometieron los atentados llevaban Kalashnikov de última generación, armas fabricadas y vendidas por las grandes potencias, muy similares a las de los militares que supuestamente nos están "protegiendo" ahora.

4. Hay que ir al fondo de la cuestión. No vale analizar las cosas desde los hechos inmediatos ni hacer falsas simplificaciones. Ni la situación de Oriente Medio (por poner un ejemplo) es sólo fruto de una malísima colonización y descolonización -que también- ni se ha creado el estado Islámico de la noche a la mañana por la obsesión retorcida de unos cuantos ideólogos de una versión del Islam oscurantista. Si queremos tener una pista reciente de un conflicto muy difícil de resolver la podemos encontrar en la gravísima irresponsabilidad de una invasión de Iraq que no resolvió nada (excepto la continuidad en la producción de petróleo y gas para la exportación), y si queremos ir más lejos podemos analizar el sentido de los apoyos interesados de las grandes potencias a las dictaduras como las de los Assad en Siria o Sadam Hussein en sus primeros tiempos, a la creación del Estado de Israel sin asegurar al mismo tiempo la pervivencia  pacífica del Estado palestino, o a la creación del Estado de Jordania como quasi submarino de Occidente en la zona. 

Dicho esto, podríamos concluir dos cosas: que la razón de la fuerza (los ejércitos, las invasiones, la injerencia externa) está agotando su capacidad de solución a cualquier tipo de conflicto -¿la ha tenido nunca?-, y que en la situación actual se impone hacer algo de forma distinta y urgente para frenar un caldo de cultivo mundial lleno de conflictos larvados, luchas de poder, prejuicios entre comunidades, animadversiones varias y situaciones de lesa injusticia. 

¿Y ahora, qué? Pues,probar de hacerlo diferente, desde YA, para llegar a resultados diferentes y mejores. Contra el terrorismo, medidas policiales y de cooperación internacional, pero anteponiendo la voluntad de entendimiento a los intereses económicos, buscando la parte de razón de cualquier adversario y respetándola, arbitrando allá donde sea posible, renunciando a la fuerza bruta, desmilitarizando las ideas y las conciencias, pensando desde una lógica distinta ...  


¿Difícil? Mucho. No quiero negarlo. Siempre lo han sido los grandes retos humanos. Pero si lo que nos preocupa de verdad son la convivencia pacífica y el progreso humano, éste es el camino y no hay otro. Los ejércitos y la fuerza nos han llevado hasta ahora a una mezcla de mundo verde caqui del barro y rojo de la sangre derramada. ¿Queremos más y por mucho tiempo, de sangre y de prejuicios?

miércoles, 24 de septiembre de 2014

España, un Estado ajado (y 2)

El final de la dictadura franquista y el período de la transición democrática (lo que a menudo se denomina como "la única cosa que se podía hacer en aquel momento") ha traído como consecuencia dos realidades incontestables: un largo peíodo de democracia formal con todos sus méritos, luces y sombras, y también una muy frágil conciencia y praxis democràtica, construída como fue con pies de barro, con las élites franquistas intocables y sin posibilidad de cerrar muchas heridas importantes.

Para explicarlo mejor, tres ejemplos -sacados de la actualidad reciente- de la debilidad de la democracia española y del carácter ajado, rancio y caduco de su Estado.

estas semanas se debate en el Congreso de Diputados un proyecto de Ley para retornar la ciudadanía española a los descendientes de los judíos expulsados de las Coronas de Castilla y de Aragón en 1492 (los llamados sefardíes), siempre que "demuestren conocimiento de la lengua española hablada por ellos". Primer contrasentido e injusticia de una ley, que parece más pensada para atraer dinero que para reparar un mal histórico, al dejar fuera de ella a todas las personas que podrían acreditar conocimiento del catalán hablado por ellos en aquel tiempo, pero no del castellano ladino. Viniendo de un Estado que ha demostrado sobradamente el menosprecio por el artículo 2.2. de la Constitución (la defensa y promoción de los idiomas 'cooficiales' del Estado), deja fuera a todos los descendientes de judíos que vivieron en buena parte del Reino de Aragón en aquellos siglos.

Pero todavía resulta más grave dejar fuera del proyecto de Ley, sin vergüenza ni explicación alguna, a los descendientes de los moriscos que fueron expulsados por el mismo Decreto real y no pueden demostrar que lo son porque hablaban en árabe, castellano o catalán. Hacer una ley a medida para contentar a una minoría de los posibles beneficiarios parece, como mínimo, ridículo y poco inteligente.

El segundo ejemplo lo tenemos cada día en las portadas de los periódicos. Es el festival de corrupción pública, permitida por las instituciones del Estado durante muchos años, de imputacions, desimputaciones, declaraciones y desvergüenza de una parte de la clase política que, con su descarada actuación -más pendientes de caer graciosos que de ser honestos- desprestigia el ejercicio de la política y provoca una desafección ciudadana muy grave y vergonzante. El globo se hincha (Gurtel, los ERO andaluces, el caso Palau, la Generalitat Valenciana, ...), se hincha y se deshincha, dejando la sensación de que todo acabará en aquello que e fútbol se denomina "patada adelante y pasar minutos".

El comportamiento del Estado, de sus representantes, con los altavoces de algunas personalidades políticas y de medios de comunicación 'nacionales' ante el proceso soberanista catalán, constituye un tercer ejemplo de un Estado autoritario, imperial, rancio, sin estructuras verdaderamente democráticas, que no se corresponde con la democracia que dice practicar. Palabras como "Si no fuera porque en el País Vasco nos mataban, lo de Cataluña es peor" (Rosa Díez, 22 de octubre 2014), o bien "Es igual de democrático imponer la voluntad por la violencia que por las urnas" (Alfonso Alonso, 21 de març 2014), y otras mil expresiones que se oyen a diario en sede parlamentaria, en mítines o en tertuliuas de medios de comunicación, merecerían en cualquier país democrático la intervención del mismo Fiscal general del Estado. La suerte, o mejor la verdadera fuerza del proceso catalán es que opone a todo ello alegría, esperanza, compromiso, convencimiento, hastío, denuncia pacífica y razonamiento Es el mundo al revés, y es comprensible que muchos ciudadanos -como yo- no quieran fpormar parte de un Estado donde votar es ilegal y lo que es legal es no votar.

De todo ello, y mucho más, solamente puedo extraer una conclusión: el Estado español, sea cual sea la deriva de acontecimientos de los próximos meses, necesita imperiosamente un repaso a fondo y una re-visita a todos los dramas que permanecen bajo la alfombra de la Historia.

sábado, 13 de septiembre de 2014

España, un Estado ajado (1)

En estos últimos dos años estamos asistiendo con creciente preocupación a algunas de las consecuencias más notorias de las decisiones que se tomaron al final del franquismo. La ausencia de ruptura con la dictadura supuso que la cuerda de los poderes fácticos no se tensara en demasía, a cambio de iniciar un período de "democracia con muletas", alternancia en el gobierno de la cosa pública, mantenimiento de las mismas élites económicas y sociales y aceptación de las hipotecas necesarias para ser reconocidos en la escena internacional (especialmente la Unión Europea y el vergonzoso ingreso en la OTAN).

La primera consecuencia de todo ello es que no ha habido un proceso auténtico de reconciliación entre las dos Españas, una fase de 'conocimiento de la verdad / las verdades', previo al arrepentimiento y perdón reales, y por eso no se ha construído un verdadero proyecto de nuevo Estado en todo este tiempo. Se trata de un hecho verdaderamente grave, porque ha dejado desprotegida a una parte de la sociedad, a quien se ha escamoteado la memoria histórica, quedando además impunes (no conocidos, no reconocidos y no perdonados) los crímenes de un régimen vencedor de un golpe de estado. Hoy, las nuevas generaciones no pueden comprenderlo y constituye el principal factor de deslegitimación de la transición.

La segunda consecuencia ha sido que la sacralización de las leyes promulgadas en el período 1976-1982 configuran un Estado rígido, ajado, anticuado y con poco aire. Se hizo como moneda de cambio para dar cobertura a un 'nuevo régimen' no tan nuevo: a partir de la aceptación de toda la legislación anterior, cambiando solamente aquello imprescindible -lo primero, la Constitución- para homologar el país a una democracioa europea y adaptando el resto del corpus legislativo. Hoy, como puede comprobarse en el proceso soberanista catalán o en las demandas del movimiento 15-M, ése caracter quasi sagrado ya no se sostiene porque sectores importantes de la sociedad demandan legalidad con legitimidad democrática.

La tercera consecuencia de "lo único que pudo hacerse en la transición" (como repiten numerosos protagonistas de aquellos años) ha sido que los trescientos apellidos ilustres del franquismo, añadiendo doscientos más de una clase política acomodaticia, son hoy los que dominan las esferas económica, política y social del Estado, apellidos que han demostrado muy poco apego por la democracia real, participativa y muy poco apoyo a las organizaciones civiles.

"De aquellos polvos estos lodos": Las mismas élites, con leyes sagradas y aparentemente inmutables, sin haber hecho examen de la realidad en ningún momento, son sin duda una mezcla explosiva y un caldo de cultivo propicio para la corrupción, el clientelismo, el populismo y la homogeneización.

En una próxima entrada expondré tres ejemplos, muy recientes, de este desaguisado que requiere una regeneración profunda y general.