El final de la dictadura franquista y el período de la transición democrática (lo que a menudo se denomina como "la única cosa que se podía hacer en aquel momento") ha traído como consecuencia dos realidades incontestables: un largo peíodo de democracia formal con todos sus méritos, luces y sombras, y también una muy frágil conciencia y praxis democràtica, construída como fue con pies de barro, con las élites franquistas intocables y sin posibilidad de cerrar muchas heridas importantes.
Para explicarlo mejor, tres ejemplos -sacados de la actualidad reciente- de la debilidad de la democracia española y del carácter ajado, rancio y caduco de su Estado.
estas semanas se debate en el Congreso de Diputados un proyecto de Ley para retornar la ciudadanía española a los descendientes de los judíos expulsados de las Coronas de Castilla y de Aragón en 1492 (los llamados sefardíes), siempre que "demuestren conocimiento de la lengua española hablada por ellos". Primer contrasentido e injusticia de una ley, que parece más pensada para atraer dinero que para reparar un mal histórico, al dejar fuera de ella a todas las personas que podrían acreditar conocimiento del catalán hablado por ellos en aquel tiempo, pero no del castellano ladino. Viniendo de un Estado que ha demostrado sobradamente el menosprecio por el artículo 2.2. de la Constitución (la
defensa y promoción de los idiomas 'cooficiales' del Estado), deja fuera a todos los descendientes de judíos que vivieron en buena parte del Reino de Aragón en aquellos siglos.
Pero todavía resulta más grave dejar fuera del proyecto de Ley, sin vergüenza ni explicación alguna, a los descendientes de los moriscos que fueron expulsados por el mismo Decreto real y no pueden demostrar que lo son porque hablaban en árabe, castellano o catalán. Hacer una ley a medida para contentar a una minoría de los posibles beneficiarios parece, como mínimo, ridículo y poco inteligente.
El segundo ejemplo lo tenemos cada día en las portadas de los periódicos. Es el festival de corrupción pública, permitida por las instituciones del Estado durante muchos años, de imputacions, desimputaciones, declaraciones y desvergüenza de una parte de la clase política que, con su descarada actuación -más pendientes de caer graciosos que de ser honestos- desprestigia el ejercicio de la política y provoca una desafección ciudadana muy grave y vergonzante. El globo se hincha (Gurtel, los ERO andaluces, el caso Palau, la Generalitat Valenciana, ...), se hincha y se deshincha, dejando la sensación de que todo acabará en aquello que e fútbol se denomina "patada adelante y pasar minutos".
El
comportamiento del Estado, de sus representantes, con los altavoces
de algunas personalidades políticas y de medios de comunicación 'nacionales' ante el proceso soberanista catalán, constituye un tercer ejemplo de un Estado autoritario, imperial, rancio, sin estructuras verdaderamente democráticas, que no se corresponde con la democracia que dice practicar. Palabras como "Si no fuera porque en el País Vasco nos
mataban, lo de Cataluña es peor" (Rosa Díez, 22 de octubre 2014), o bien
"Es igual de democrático imponer la voluntad por la violencia que por
las urnas" (Alfonso Alonso, 21 de març 2014), y otras mil expresiones que se oyen a diario en sede parlamentaria, en mítines o en tertuliuas de medios de comunicación, merecerían en cualquier país democrático la intervención del mismo Fiscal general del Estado. La suerte, o mejor la verdadera fuerza del proceso catalán es que opone a todo ello alegría, esperanza, compromiso, convencimiento, hastío, denuncia pacífica y razonamiento Es el mundo al revés, y es comprensible que muchos ciudadanos -como yo- no quieran fpormar parte de un Estado donde votar es ilegal y lo que es legal es no votar.
De todo ello, y mucho más, solamente puedo extraer una conclusión: el Estado español, sea cual sea la deriva de acontecimientos de los próximos meses, necesita imperiosamente un repaso a fondo y una re-visita a todos los dramas que permanecen bajo la alfombra de la Historia.
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miércoles, 24 de septiembre de 2014
España, un Estado ajado (y 2)
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jueves, 19 de junio de 2014
Reflexiones post-electorales
Las elecciones del 25 de mayo al Parlamento europeo han supuesto un verdadero terremoto para el establishment político del
continente. Mientras los dirigentes se llenaban la boca diciendo –de manera muy poco rigurosa con las leyes y sólo para que la abstención no alcanzara cifras de escándalo- que era la primera vez que se elegia directamente al Presidente de
la Comisión europea, en cada Estado las eleccions se han vivido –como siempre y también escandalosamente- en clave interna, reforzando las concepciones nacionales y sin ningún ánimo de construir una Europa verdaderamente democrática.
A posteriori cada cual ha
interpretado los resultados a conveniencia, y por eso me apunto al baile con algunas reflexiones en voz alta.
La primera, que la intervención semanal de la Cancillera alemana, Angela Merkel, en la campaña electoral,
dando “avisos para navegantes” desde la economia motor de Europa, ha sido casi la única nota “europea” de los comicios y marca una tendencia clara: los liderazgos no son gratuitos, y los votantes deben conocer con claridad quien manda. Si repasamos la hemeroteca podremos comprobar, además, que sus intervenciones no
eran interpretables sólo en clave política sino sobretodo económica: sepamos quién manda aquí (el complejo industrial alemán) y quien hace de portavoz (el político de turno). La suplantación del poder político por el poder económico se està
mostrando sin ambigüedad y representa un estadio de maduración del capitalisme
que amenaza directamente el funcionamento democrático de nuestras sociedades.
A los ciudadanos periódicamente nos cuentan -en las sucesivas elecciones- pero cada vez nos tienen menos en cuenta.
La construcción de Europa desde unos
Estados-nación fuertes que impiden, a menudo, avanzar en políticas sociales,
económicas o culturales comunes se está convirtiendo en un oxímoron, una
contradicción en sus propios términos, que únicamente dejará como salidas un mercado único –amb tendència als oligopolis- en un guirigay de opinions dominadas por cuatro o cinco estados, o bien la decepción y el desencuentro definitivos de la ciudadanía con el proyecto común europeo.
También vale la pena pararse a
pensar un momento en la llamada “amenaza del fin del bipartidismo” que
se anuncia en el Reino Unido, en España, en Francia, Alemania, Holanda y en otros países. En primer lugar porque sólo parece una amenaza para los que ven
en el bipartidismo el factor clave de estabilitat de un Estado, pero no para aquellos que ven en él un chanchullo del sistema o poco menos para mantener la
parada tal como la conocemos. Precisamente me parece que éste es el tema: cada vez somos más los que pensamos que nos están robando la capacidad de
decisión, que después de cada elección los aparatos de los partidos, en connivencia con los poderosos de la banca, la construcción, los servicios y la gran industria,
acaban traicionando sus programas y haciendo aquello que conviene a las élites; eso sí, con una
gran dosis de populismo para que la cosa trague mejor.
No se puede simplificar. A pesar de las diferencias abismales de significado, los votos de Podemos en España, del
Frente Nacional en Francia o de los euroescépticos en el Reino Unido no son sólo un voto de castigo a los partidos que han gobernado hasta ahora, sino sobretodo una manera de
denunciar la forma de hacer política, la falta de democracia real en nuestras sociedades, la excesiva facilidad para quien gestiona la cosa pública de ensuciarse las manos, defender los intereses de las élites y mantener abierta la puerta giratoria que va de la política a los consejos de administración de las grandes
compañías transnacionales.
Es imprescindible ir a la raíz del descontento: la necesidad de profundizar en la democracia participativa,
que provenga del ejercicio de una ciudadanía formada, informada y con sentido de la responsabilidad colectiva para considerar suyo aquello que es de todos, la gestión de los asuntos públicos.
martes, 31 de diciembre de 2013
La ciudadanía y el poder: distancia creciente, confianza menguante
Que los movimientos ciudadanos tienen cada vez más fuerza es una afirmación casi indiscutible. Que dicha fuerza toma a menudo direcciones erráticas también parece ser una realidad. Hoy por hoy una opinión pública formada, lúcida y activa tiene una capacidad de movilización, de creación de pensamiento y de construcción de nuevos horizontes que a nadie se le escapan, tampoco a los poderosos. Todavía se trata de algo incipiente ... pero se mueve. Se mueve lento porque irá lejos.
Por ahora es como un magma pacífico, participativo y diverso, que tiene frente a sí unos poderes asentados, algo desconcertados pero con la desvergüenza del que se siente fuerte.
El poder político, cada vez más injertado al poder económico, se aleja cada vez más de la gente. Éste, a su vez, siendo el verdadero artífice del desastre social que supone la desigualdad creciente y crujiente, tienen todavía capacidad de intimidación, pero ambos han perdido la capacidad de convicción y de autoridad, como nos recuerda Josep Ramoneda en un artículo reciente.
La ciudadanía, cada vez más formada e informada, no se cree ya las coartadas de los tecnócratas que dicen gobernarnos ni las bondades de las grandes empresas que hacen obras de beneficencia públicas mientras defraudan "en privado" sistemáticamente al fisco mediante argucias legales o ilegales (comocotizar en paraísos fiscales, por ejemplo).
Por ahora la sociedad del 99% responde sólo con una desconfianza ilimitada, con cinismo, con respuestas puntuales de rechazo o apelando al individualismo. Pero muy pronto no se conformará con ser espectadora doliente de la injusticia de un poder político débil, alejado y servil, de un poder judicial que promueve la desigualdad otorgando privilegios a los ricos y poderosos, de un poder económico vicioso y tramposo, que nunca tiene bastante y especula con la vida, y de un poder de los mass media que se está convirtiendo -si no lo ha hecho ya- en una correa de transmisión de los grandes intereses económicos.
Cerramos el año 2013 con ua confianza bastante menguada en la justicia del sistema, fruto del caos cotidiano que provoca la desigualdad sin freno. Recuperar un cierto nivel de confianza entre los cinco poderes (entendiendo la ciudadanía como tal) es imprescindible para que las cosas funcionen y eso pide, a mi juicio, trabajr en diversos frentes, entre los cuales destaco tres:
Por ahora es como un magma pacífico, participativo y diverso, que tiene frente a sí unos poderes asentados, algo desconcertados pero con la desvergüenza del que se siente fuerte.
El poder político, cada vez más injertado al poder económico, se aleja cada vez más de la gente. Éste, a su vez, siendo el verdadero artífice del desastre social que supone la desigualdad creciente y crujiente, tienen todavía capacidad de intimidación, pero ambos han perdido la capacidad de convicción y de autoridad, como nos recuerda Josep Ramoneda en un artículo reciente.
La ciudadanía, cada vez más formada e informada, no se cree ya las coartadas de los tecnócratas que dicen gobernarnos ni las bondades de las grandes empresas que hacen obras de beneficencia públicas mientras defraudan "en privado" sistemáticamente al fisco mediante argucias legales o ilegales (comocotizar en paraísos fiscales, por ejemplo).
Por ahora la sociedad del 99% responde sólo con una desconfianza ilimitada, con cinismo, con respuestas puntuales de rechazo o apelando al individualismo. Pero muy pronto no se conformará con ser espectadora doliente de la injusticia de un poder político débil, alejado y servil, de un poder judicial que promueve la desigualdad otorgando privilegios a los ricos y poderosos, de un poder económico vicioso y tramposo, que nunca tiene bastante y especula con la vida, y de un poder de los mass media que se está convirtiendo -si no lo ha hecho ya- en una correa de transmisión de los grandes intereses económicos.
Cerramos el año 2013 con ua confianza bastante menguada en la justicia del sistema, fruto del caos cotidiano que provoca la desigualdad sin freno. Recuperar un cierto nivel de confianza entre los cinco poderes (entendiendo la ciudadanía como tal) es imprescindible para que las cosas funcionen y eso pide, a mi juicio, trabajr en diversos frentes, entre los cuales destaco tres:
- la regulación estricta de ganancias y beneficios económicos, ligada a una reforma fiscal en profundidad que sea auténticamente progresiva. Limitar la riqueza no tiene por qué ser necesariamente negativo para la economía, si no queremos limitarla a una deriva de crecimiento constante, imposible de sostener en el tiempo.
- la regulación estricta de las leyes del mercado, con la supresión de los paraísos fiscales y una limitación clara de la economía especulativa (mercado de futuros, bitcoins, ...)
- la regeneración política, a partir de cambios profundos en las reglas democráticas, con el fin de promover una auténtica participación ciudadana y la limitación del poder coercitivo de los estados.
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sábado, 1 de diciembre de 2012
No me defiendan así
Me ha llegado este texto que reproduzco, un auténtico canto a la paz y a la libertad de espíritu.
Por Michal Vasser (*)
Lo primero que quiero decir es: por favor, no me defiendan. No así.
Estoy sentado en mi bunker de seguridad en el kibutz Kfar Aza y escucho fuera los bombardeos de una guerra sin cuartel.
Ya no soy capaz de distinguir entre “nuestros” bombardeos y “sus” bombardeos. La verdad es que los niños del kibutz son capaces de hacerlo mejor que yo, ya que su “oído musical” se ha desarrollado desde la más tierna infancia, y son capaces de diferenciar entre un proyectil de artillería y un misil disparado desde un helicóptero y entre una bomba de mortero y un cohete Qassam. Bien por ellos.
¿Es esto a lo que se refieren con “defender nuestro hogar”? No lo entiendo: ¿todos nuestros líderes dormían durante sus clases de historia? O ¿tal vez han estudiado con los programas escolares del Mapai (Partido Laborista) o del actual ministro de educación, Gideon Sa´ar (a mi pesar, la diferencia no es tan grande), y han interpretado erróneamente el verbo “defender”? ¿Defender el bienestar de los ciudadanos significa una guerra de Armagedón cada pocos años? ¿Ningún político ha escuchado nunca la expresión “planificación a largo plazo”?
Si quieren defenderme, por favor: no envíe las Fuerzas de Defensa de Israel por nosotros con el fin de “ganar”. Empiecen a pensar en el largo plazo y no sólo las próximas elecciones. Traten de negociar hasta que salga el humo blanco por la chimenea. Tiendan la mano al presidente palestino Mahmoud Abbas. Pongan fin a los “asesinatos selectivos” y miren también a los ojos de los civiles del otro lado.
Sé que la mayoría de los lectores me acusaran de ser un “blando”. Pero yo soy el que está aquí sentado mientras las bombas de mortero caen en mi patio, no Sa’ar no el primer Ministro Benjamin Netanyahu, ni la diputada laborista Shelly Yacimovich ni tampoco Yair Lapid , jefe del partido Yesh Atid. Soy yo el que ha elegido criar a sus hijos aquí, aunque tenía y todavía tengo otras opciones.
Es posible que me acusan de poco sionista, es posible que me acusan de flojo y de débil mental, pero es imposible que me acusan de hipócrita. Mis hijos han servido en unidades de combate, además de su “año de servicio” voluntario al país. Vivimos aquí y nos encanta este país.
Nuestra guerra es una guerra por el color del Estado, no de sus fronteras. Por su carácter democrático y por la dignidad humana. Por la cordura. Así que, por favor, dejen de matar civiles en el otro lado de la cerca para defenderme.
Si están interesado en detener las acciones hostiles desde el otro lado: abran tus oídos y empiecen a escuchar. Si les importamos, por favor, dejen de defendernos con misiles , “asesinatos selectivos” y “medios aeronáuticos”. En vez de lanzar la Operación Pilar de Defensa, embárquense en la Operación Esperanza para el Futuro. Es más complicado, requiere más paciencia y es menos popular. Pero es la única salida.
(*) Haarezt, noviembre 2012
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jueves, 1 de noviembre de 2012
¿Seguro que "primero los de casa"?
El desmantelamiento de la cooperación internacional al desarrollo, que están perpetrando el estado español y la mayoría de comunidades autónomas, encuentra muy poca resistencia entre la ciudadanía, aturdida por las consecuencias de la crisis y ante el relato de que es necesario arreglar primero los problemas de casa, antes que ser solidarios con los que están lejos. "Con la que está cayendo -nos dicen- no podemos pensar en los que están lejos".
Pero ni el relato se ciñe a la verdad ni el desmantelamiento de la solidaridad internacional va a ayudar a resolver la crisis, sino al contrario, va a instalar otro relato de "sálvese quien pueda" y "no hay más remedio que". En primer lugar porque los recursos -como podemos ver estos días en la discusión de los Presupuestos 2013 del Estado- no se incrementan para los gastos sociales en ningún caso, sino para pagar los intereses de la deuda pública (¡38.000 millones de euros!), para pagar gastos corrientes de Ministerios que duplican competencias transferidas a las CC.AA., para pagar armamento comprometido con Europa (¿acaso no había un compromiso previo con la ciudadanía para dar asistencia sanitaria universal y gratuita?), para compensar a empresas por autopistas no rentables o para que el AVE llegue a Galicia con prisa, antes de que acabe la crisis.
Los recortes sociales seguirán, porque todo parece indicar que habíamos llegado a un grado excesivo de derechos sociales, a juicio del gran capital que nos cuida y vigila. De manera que el argumento de "primero los de casa" tampoco funciona. No es verdad. Nos están dando gato por liebre y cuando alcemos la voz quizás sea demasiado tarde.
Mientras, la cooperación española al desarrollo tiende a cero, tras 32 años de un compromiso nacido del imperativo ético, social, político y económico por erradicar la pobreza extrema del mundo. En momentos de crisis las ONG no pedimos mantener el monto global de la ayuda sino mantener una cantidad proporcional a la riqueza del país: la crisis no puede ser una excusa, ya que si la riqueza del país disminuye también lo hace su compromiso, pero en la misma proporción.
No se trata de una cuestión de solidaridad sino de justicia. El compromiso de 1970, cuando la Asamblea General de las Naciones Unidas urgió a los 'países desarrollados' a destinar el 0,7 de su PIB a ayuda exterior, fue fruto de u consenso para conseguir que todas las personas puedan disfrutar de una vida digna. Por nuestra dignidad, alcemos la voz ya.
Pero ni el relato se ciñe a la verdad ni el desmantelamiento de la solidaridad internacional va a ayudar a resolver la crisis, sino al contrario, va a instalar otro relato de "sálvese quien pueda" y "no hay más remedio que". En primer lugar porque los recursos -como podemos ver estos días en la discusión de los Presupuestos 2013 del Estado- no se incrementan para los gastos sociales en ningún caso, sino para pagar los intereses de la deuda pública (¡38.000 millones de euros!), para pagar gastos corrientes de Ministerios que duplican competencias transferidas a las CC.AA., para pagar armamento comprometido con Europa (¿acaso no había un compromiso previo con la ciudadanía para dar asistencia sanitaria universal y gratuita?), para compensar a empresas por autopistas no rentables o para que el AVE llegue a Galicia con prisa, antes de que acabe la crisis.
Los recortes sociales seguirán, porque todo parece indicar que habíamos llegado a un grado excesivo de derechos sociales, a juicio del gran capital que nos cuida y vigila. De manera que el argumento de "primero los de casa" tampoco funciona. No es verdad. Nos están dando gato por liebre y cuando alcemos la voz quizás sea demasiado tarde.
Mientras, la cooperación española al desarrollo tiende a cero, tras 32 años de un compromiso nacido del imperativo ético, social, político y económico por erradicar la pobreza extrema del mundo. En momentos de crisis las ONG no pedimos mantener el monto global de la ayuda sino mantener una cantidad proporcional a la riqueza del país: la crisis no puede ser una excusa, ya que si la riqueza del país disminuye también lo hace su compromiso, pero en la misma proporción.
No se trata de una cuestión de solidaridad sino de justicia. El compromiso de 1970, cuando la Asamblea General de las Naciones Unidas urgió a los 'países desarrollados' a destinar el 0,7 de su PIB a ayuda exterior, fue fruto de u consenso para conseguir que todas las personas puedan disfrutar de una vida digna. Por nuestra dignidad, alcemos la voz ya.
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jueves, 16 de agosto de 2012
El Tratado que no ha podido ser ... por ahora
Los últimos días de Julio, cuando parecía que pòr primera vez en la histortia de la humanidad podría haber un Tratado internacioal que regulara el comercio0 de armas, las delegaciones de algunos países -entre los cuales Estados Unidos, Rusia y China- dijeron que "no había habido suficiente tiempo para negociar" (¡sólo hacía cuatro años que se había iniciado el proceso!) y se echaron atrás del acuerdo final.
Ha sido una decepción para la coalición de ONG que trabajamos desde hace años en la Campaña "Armas bajo control", porque consideramos que estamos actuando de catalizadores de una opinión pública muy mayoritariamente favorable a nuestras tesis. En todo el mundo se alzan voces muy autorizadas pidiendo que las armas y municiones no circulen libremente, que se atienda a unas reglas entre las cuales la de no vender armas a dictaduras, regímenes que conculcan derechos a su ciudadanía o a países en conflicto.
A pesar del desengaño, la decepción no frenará el trabajo por la paz. Previsiblemente en la próxima Asamblea General de Naciuones Unidas -este mismo año- se levantarán más voces exigiendo regular este comercio de la muerte, porque4 estamos en un proceso imparable gracias a centenares de miles de personas, en todo el mundo, que quieren un mundo más seguro, es decir más justo y menos armado.
Ha sido una decepción para la coalición de ONG que trabajamos desde hace años en la Campaña "Armas bajo control", porque consideramos que estamos actuando de catalizadores de una opinión pública muy mayoritariamente favorable a nuestras tesis. En todo el mundo se alzan voces muy autorizadas pidiendo que las armas y municiones no circulen libremente, que se atienda a unas reglas entre las cuales la de no vender armas a dictaduras, regímenes que conculcan derechos a su ciudadanía o a países en conflicto.
A pesar del desengaño, la decepción no frenará el trabajo por la paz. Previsiblemente en la próxima Asamblea General de Naciuones Unidas -este mismo año- se levantarán más voces exigiendo regular este comercio de la muerte, porque4 estamos en un proceso imparable gracias a centenares de miles de personas, en todo el mundo, que quieren un mundo más seguro, es decir más justo y menos armado.
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sábado, 28 de enero de 2012
Escocia, Flandes, Cataluña
Resultará, para variar, que los estados jacobinos de Europa deberán mirar hacia los Estados Unidos de América para encontrar un federalismo menos complejo y que deje respirar a sus estados. Estoy tan harto de tener que escoger entre nacionalismos y entre "identidades que matan" (dicho en sabias palabras de Amin Malouf), de tener que sonreir a la ocurrencia de la "marca España" otra vez de moda, que desearía que políticos y sociedad civil de Flandes, Escocia y Cataluña se pusieran de acuerdo para encontrar una hoja de ruta incontestable para ser de Europa sin más servidumbres. ¿Tan difícl sería?
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domingo, 6 de noviembre de 2011
Elecciones y crisis: votemos por el cambio ... de sistema
Estamos inmersos en una campaña electoral que previsiblemente irá acompañada -como es habitual- de muchas descalificaciones, muchos mensajes simplistas y muy pocas ideas.
A pesar de eso, quisiera invitar a todas las personas a quienes llegue esta comunicación a votar el próximo día 20 de Noviembre, porque como explica muy bien un excelente artículo del blog http://www.dandodatos.com/2011/05/como-canalizar-la-rabia-electoral.html, no hacerlo significa seguir el juego de mayorías y dar nuestro voto a una de las opciones mayoritarias. En esta tesitura no votar supone -aunque no lo queramos- un aval al sistema actual de democracia pseudo-consultiva, en la cual nos cuentas cada cuatro años pero no cuentan mucho con nosotros.
Y, ya que no contamos mucho pero hacen recuento, conviene que sepan que "estamos aquí, queremos estar pero no con algunas condiciones que detestamos". esta es, a mi entender, una responsabilidad ineludible de todas las personas que queremos ejercer una ciudadanía activa y responsable.
De paso, quiero compartir algunas preguntas que me hago ante unas elecciones generales en el contexto de profunda crisis económica y financiera que vivimos:
- Desde el punto de vista ético, ¿se puede hablar de reducir impuestos directos cuando en España hay más de cinco millones de personas sin trabajo? ¿No parece inmoral que aparezca en algún programa electoral la reducción de impuestos, aunque sea uno sólo, en esta coyuntura?
- ¿Cómo podemos hablar de un fraude muy extendido en el sistema de atención social (por ejemplo entre las personas que cobran prestaciones no contributivas) mientras no hay nngún responsable de entidades financieras en la cárcel?
- ¿Con qué argumentos se ha destinado -y quizás se volverán a destinar- dinero público de la ciudadanía a sanear entidades bancarias y Cajas de ahorro que han repartido dividendos entre sus accionistas en los últimos dos años?
- ¿Cómo se ha posid reformar la Constitución española en tres semanas y en cambio no se puede legislar por la vía de urgencia la dación de un bien como pago de una deuda (por ejemplo, de un piso) cuando no haya capacidad de devolución de un préstamo?
- ¿Por qué hay un salario mínimo pero no puede haber un salario máximo? ¿Por qué somos tan condescendientes con las razones por las cuales el sistema tiene unos límites de justicia distributiva, y en cambio no reclamamos unos topes en los salarios y beneficios empresariales?
- ¿Por qué no se pregunta la opinión de la ciudadanía cada vez que debe aprobarse una ley orgánica? ¿Tan difícil parece organizar un referéndum anual sobre las cuestiones que convenga consultar?
- ¿Por qué nos quieren hacer creer que la recentralización de la Administración será más eficiente? ¿Quizás en Madrid nos conocen mejor a todos y están más cerca de la ciudadanía de Burgos, Murcia o Girona? ¿No tenemos bastante con la Ley de Dependencia, legislada de forma centralizada y ejemplo de la utilización política partidista más deplorable de los últimos años? ¿Quizás alejar de los ciudadanos el centro de decisión será más ecuánime? ¿O valoramos tanto las diferencias que nos pasarán a todas por el rasero de la igualdad ...de la capital del Reino?
- ¿Por qué ... ?
Sí, definitivamente, iré a votar el día 20 de Noviembre.
A pesar de eso, quisiera invitar a todas las personas a quienes llegue esta comunicación a votar el próximo día 20 de Noviembre, porque como explica muy bien un excelente artículo del blog http://www.dandodatos.com/2011/05/como-canalizar-la-rabia-electoral.html, no hacerlo significa seguir el juego de mayorías y dar nuestro voto a una de las opciones mayoritarias. En esta tesitura no votar supone -aunque no lo queramos- un aval al sistema actual de democracia pseudo-consultiva, en la cual nos cuentas cada cuatro años pero no cuentan mucho con nosotros.
Y, ya que no contamos mucho pero hacen recuento, conviene que sepan que "estamos aquí, queremos estar pero no con algunas condiciones que detestamos". esta es, a mi entender, una responsabilidad ineludible de todas las personas que queremos ejercer una ciudadanía activa y responsable.
De paso, quiero compartir algunas preguntas que me hago ante unas elecciones generales en el contexto de profunda crisis económica y financiera que vivimos:
- Desde el punto de vista ético, ¿se puede hablar de reducir impuestos directos cuando en España hay más de cinco millones de personas sin trabajo? ¿No parece inmoral que aparezca en algún programa electoral la reducción de impuestos, aunque sea uno sólo, en esta coyuntura?
- ¿Cómo podemos hablar de un fraude muy extendido en el sistema de atención social (por ejemplo entre las personas que cobran prestaciones no contributivas) mientras no hay nngún responsable de entidades financieras en la cárcel?
- ¿Con qué argumentos se ha destinado -y quizás se volverán a destinar- dinero público de la ciudadanía a sanear entidades bancarias y Cajas de ahorro que han repartido dividendos entre sus accionistas en los últimos dos años?
- ¿Cómo se ha posid reformar la Constitución española en tres semanas y en cambio no se puede legislar por la vía de urgencia la dación de un bien como pago de una deuda (por ejemplo, de un piso) cuando no haya capacidad de devolución de un préstamo?
- ¿Por qué hay un salario mínimo pero no puede haber un salario máximo? ¿Por qué somos tan condescendientes con las razones por las cuales el sistema tiene unos límites de justicia distributiva, y en cambio no reclamamos unos topes en los salarios y beneficios empresariales?
- ¿Por qué no se pregunta la opinión de la ciudadanía cada vez que debe aprobarse una ley orgánica? ¿Tan difícil parece organizar un referéndum anual sobre las cuestiones que convenga consultar?
- ¿Por qué nos quieren hacer creer que la recentralización de la Administración será más eficiente? ¿Quizás en Madrid nos conocen mejor a todos y están más cerca de la ciudadanía de Burgos, Murcia o Girona? ¿No tenemos bastante con la Ley de Dependencia, legislada de forma centralizada y ejemplo de la utilización política partidista más deplorable de los últimos años? ¿Quizás alejar de los ciudadanos el centro de decisión será más ecuánime? ¿O valoramos tanto las diferencias que nos pasarán a todas por el rasero de la igualdad ...de la capital del Reino?
- ¿Por qué ... ?
Sí, definitivamente, iré a votar el día 20 de Noviembre.
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jueves, 22 de septiembre de 2011
La ciudadanía, un poder real
Desde hace más de veinte años los movimientos sociales se han ido interconectando entre ellos, formando lo que se denomina el movimiento por la justicia global. Persigue –en su conjunto y desde perspectivas distintas- un sistema social y político que tenga en el centro a la persona –no el capital-, que busque la igualdad de oportunidades, el pleno ejercicio de los derechos desde la democracia, reducir las desigualdades y alcanzar la resolución pacífica de los conflictos.
De esta forma ecologismo, pacifismo, trabajo por el desarrollo humano, feminismo y lucha por los derechos humanos se dan la mano –no siempre sin debate ni conflictos- denunciando el modelo actual de vida y haciendo algunas propuestas de futuro, todavía incipientes.
Desde diversos ámbitos debatimos y trabajamos para construir un mundo más justo, sin saber todavía como encajar todas las piezas del puzle para que ello sea posible. Inventar un nuevo sistema no es tarea sencilla; por eso es bueno recordarnos, de vez en cuando, aquella máxima del movimiento de los indignados que dice que “vamos lentos porque vamos lejos”.
Hablando claro, para hacer un mundo más justo es necesario evitar ya los numerosos excesos de este capitalismo llevado a la máxima expresión, así como empezar a ofrecer alternativas posibles y sostenibles.
Para construir este otro mundo posible parece indispensable que la opinión pública se haga visible, reflexiva, crítica, que el consumidor sea –antes que nada- ciudadano, dispuesto a participar activamente en alguna esfera social.
Una opinión pública lúcida, reflexiva y organizada es una herramienta tan poderosa para cambiar las cosas que los gobiernos, las grandes empresas y aquello tan informe e intangible que llamamos “mercado” la temen verdaderamente.
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