Escribo aún en estado de shock, después de la ajustada victoria del NO en el plebiscito de Colombia (ayer, 2 de octubre) sobre los acuerdos de paz. El resultado no puede simplificarse como un NO a la paz, ni tan sólo como un NO a construir un país más justo. Pero quizás sí se puede simplificar como un NO a la generosidad con los combatientes (guerrilleros de un lado, paramilitares del otro), como un NO a pasar página a partir de la verdad, la reparación a las víctimas y al compromiso de no repetición, o como un NO a firmar la paz con quien la derecha conservadora y las élites económicas piensan cada año que están a punto de derrotar definitivamente.
En el país más desigual de América Latina (un 0,49% de la población tiene el 50% de la tierra, por ejemplo) y ante la paralización de los acuerdos recientemente firmados, no se puede dejar la negociación sobre el futuro al gobierno, las FARC y a los que han dicho NO a este acuerdo, sino que procede --a partir de ahora mismo-- crear una mesa de concertación con otros actores cívicos y sociales para debatir no sólo sobre la desmilitarización del país, sino también sobre las medidas que habrá que tomar para mejorar la equidad, el respeto a los derechos de todos y la justiocia social.
Éste de Colombia no es el únicop ejemplo de decisión tomada en el último año presa del miedo, compañero siempre defensivo y cobarde. Fijémonos en muchos de los argumentos del Brexit en Gran Bretaña, o de las políticas anti-immigración en Hungria y tros países del este de Europa, o de la paralización de conversaciones de paz entre Israel y Palestina, o de la tibieza internacional a condenar los excesos rusos en sus fronteras, o a la necesidad rusa de reivindicarse como potencia mundial con orgullo, o del dominio regional de Arabia Saudita conculcando derechos a diestro y siniestro, con la comunidad internacional mirando hacia otro lado, o las razones por las que Europa se desntiende del millón de refugiados que han llamado a su puesta con desesperación, o ... Fijémonos bien, porque muchos de los argumentos aducidos tienen como base el miedo a la pérdida de privilegios, el miedo a no ser bien considerados, el miedo a la diversidad, el miedo a lo desconocido, el miedo al mestizaje, el miedo a dejar de ser quienes somos, el miedo, siempre el miedo,...
El mundo que nos llega, ya globalizado económicamente, sólo podrá ser un mundo donde las causas y los, problemas también serán globales, para bnien o para mal, y nos afectarán de manera directa. Las reacciones de "a mi no me afecta" tienen anunciada la fecha de caducidad, y como nos afectan habrá que afrontarlos con visión global y ánimo constructivo. Se acaban las jaulas de cristal y los privilegios geográficos, si no queremos ver un mundo invivible en permanente violencia. Los cantos de sirena de la extrema derecha xenófoba y elitista se oirán un tiempo (y lamentablemente influirán todavía en las decisiones políticas) pero no pueden augurar más que enfrentamiento y desorden.
El miedo no es un buen consejero y muy a menudo aboca al ensimismamiento, a la defensa numantina sin razones, a la exclusión del otro, a la no-cooperación sistemática.. Por eso, la conciencia ciudadana y las luchas informadas por los derechos humanos, la justicia global y la paz son más necesarias que nunca, no sea que cuando nos demos cuenta habitemos ya en un mundo con miedo en cada esquina. Con miedo al otro, que es como nosotros y también tendrá miedo.
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lunes, 3 de octubre de 2016
domingo, 26 de junio de 2016
No es esto, compañeros, no es esto
Estas semanas he hecho campaña, modesta pero activa, escribiendo en twitter a favor del Brexit, por razones opuestas a las que han defendido la mayoría de británicos partidarios de salir de la Unión Europea: yo no he deseado nunca una Europa que se limite a ser sólo un mercado común --como ha defendido siempre GB-- ni una Unión limitada por el poder soberano y excesivo de los Estados miembros --como siguen pretendiendo las élites económicas y políticas de los países jacobinos como España--, ni un entramado burocrático que permite privilegios entre Estados (como el cheque británico), sino una Europa de los ciudadanos en que los máximos mandatarios políticos nos representen y sean elegidos en votación democrática, i donde un Parlamento Europeo tenga competencias definitivamente cedidas por los Estados.
Ahora, una vez realizado el referéndum británico, parece que vuelven a confundirnos interesadamente los términos, haciendo más caso a los cantos de sirena contra la inmigración y el asilo --no sea que demos alas a los partidos xenófobos--, reforzando los nacionalismos y los poderes de los Estados i proclamando quizás una Europa de dos velocidades, para permitir que el eje franco-alemán gane aún más peso i sigamos yendo a remolque de unos intereses que no son los de la mayoría. Todo ello como una involución en la dirección errónea. Ahora, más que nunca, habrá que saber leer entre líneas y fomentar que haya una opinión pública capaz de debatir en profundidad y de proclamar la queja de fondo de millones de ciudadanos, que no queremos más Estado i más economía sino más democracia directa, más política y sobre todo más políticas sociales.
Mucho de lo que está pasando tiene que ver con el miedo, que és un mal consejero y sobre todo lo contrario a la confianza, que está en la base de la paz y de la justicia. Será necesario volver a alzar la voz desde la calle, para repetir una y mil veces "no es esto, compañeros, no es esto". La salida de Gran Bretaña de la Unión es un golpe más en la triple crisis que vive Europa: de valores, institucional y de ineficacia, pero no es la única ni posiblement la más importante, porque la libre circulación de bienes y servicios no se frenará y Europa seguirá firmando Tratados con GB porque "God save the Queen" y la pela es la pela.
Más profunda me parece la crisis de valores y de inacción que vivimos, ante más de un millón de personas que llaman a la puerta de una Europa de 300 millones que dice, en boca de sus portavoces oficiales --¡mentira!-- que hay "una crisis de refugiados casi inabordable" y que identifica la población refugiada con la inmigración irregular, convirtiendo las políticas de inmigración en políticas de seguridad, como si habláramos siempre de enemigos potenciales. Esto también atiza el miedo de la gente, destroza la confianza y da alas al pensamiento xenófobo y a los nacionamismos de raíz étnica.
Si regresamos a unas pantallas atrás al año 2000, con la elaboración de una Constitución europea en base a sus pueblos más que a sus Estados, podremos construir sobre bases sólidas lo que --me permito pensar-- quiere una buena parte de la ciudadanía: una Europa de las regiones y de los pueblos, ejemplo de multiculturalismo y de solidaridad mundial, sin cuotas asignadas de poder (28 comisarios, uno por Estado, ¿dónde se ha visto?), con un Parlamento con algunas competencias legislativas exclusivas, con menos burocracia, más efectividad y una voz potente.
Es la hora de la responsabilidad. Ojalá comencemos a reclamar solidaridad con los refugiados para perder el miedo a unos poderes que no os representan. Sería la primera piedra de una construcción que demostraría que hemos entendido el enfado de mucha buena gente en toda Europa.
Ahora, una vez realizado el referéndum británico, parece que vuelven a confundirnos interesadamente los términos, haciendo más caso a los cantos de sirena contra la inmigración y el asilo --no sea que demos alas a los partidos xenófobos--, reforzando los nacionalismos y los poderes de los Estados i proclamando quizás una Europa de dos velocidades, para permitir que el eje franco-alemán gane aún más peso i sigamos yendo a remolque de unos intereses que no son los de la mayoría. Todo ello como una involución en la dirección errónea. Ahora, más que nunca, habrá que saber leer entre líneas y fomentar que haya una opinión pública capaz de debatir en profundidad y de proclamar la queja de fondo de millones de ciudadanos, que no queremos más Estado i más economía sino más democracia directa, más política y sobre todo más políticas sociales.
Mucho de lo que está pasando tiene que ver con el miedo, que és un mal consejero y sobre todo lo contrario a la confianza, que está en la base de la paz y de la justicia. Será necesario volver a alzar la voz desde la calle, para repetir una y mil veces "no es esto, compañeros, no es esto". La salida de Gran Bretaña de la Unión es un golpe más en la triple crisis que vive Europa: de valores, institucional y de ineficacia, pero no es la única ni posiblement la más importante, porque la libre circulación de bienes y servicios no se frenará y Europa seguirá firmando Tratados con GB porque "God save the Queen" y la pela es la pela.
Más profunda me parece la crisis de valores y de inacción que vivimos, ante más de un millón de personas que llaman a la puerta de una Europa de 300 millones que dice, en boca de sus portavoces oficiales --¡mentira!-- que hay "una crisis de refugiados casi inabordable" y que identifica la población refugiada con la inmigración irregular, convirtiendo las políticas de inmigración en políticas de seguridad, como si habláramos siempre de enemigos potenciales. Esto también atiza el miedo de la gente, destroza la confianza y da alas al pensamiento xenófobo y a los nacionamismos de raíz étnica.
Si regresamos a unas pantallas atrás al año 2000, con la elaboración de una Constitución europea en base a sus pueblos más que a sus Estados, podremos construir sobre bases sólidas lo que --me permito pensar-- quiere una buena parte de la ciudadanía: una Europa de las regiones y de los pueblos, ejemplo de multiculturalismo y de solidaridad mundial, sin cuotas asignadas de poder (28 comisarios, uno por Estado, ¿dónde se ha visto?), con un Parlamento con algunas competencias legislativas exclusivas, con menos burocracia, más efectividad y una voz potente.
Es la hora de la responsabilidad. Ojalá comencemos a reclamar solidaridad con los refugiados para perder el miedo a unos poderes que no os representan. Sería la primera piedra de una construcción que demostraría que hemos entendido el enfado de mucha buena gente en toda Europa.
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sábado, 29 de agosto de 2015
El verano de nuestra vergüenza mediterránea
Cada verano las mafias que transportan las personas ávidas de una vida mejor hacia Europa, desde África y Oriente Medio, hacen su agosto ante las denuncias de los medios de comunicación y los lamentos de nuestros gobernantes, que se limitan a poner más vallas, vigilancia i lanchas patrulleras para "disuadir" a los desesperados, construyendo ciudades-prisión como per "dissuadir" els desesperats, manteniendo ciudades-prisión como Ceuta y Melilla, dedicando dinero a tareas de policía de fronteras o expandiendo ideas peregrinas como la de destruir las pateras bombardeando costas africanas como si éstas formaran parte de nuestro patio trasero.
Este año, sin embargo, el drama de los conflictos armados mal o nada resueltos en Iraq, Siria, Afganistan, Egipto o Libia ha derramado la olla y Europa ha continuado en su lógica de hablar de "alud migratorio" (fíjense en la connotación negativa del término), cuando se está produciendo -ante la parálisis ciudadana- una de las mayores crisis humanitarias de refugiados desde la segunda Guerra Mundial. La primera respuesta de los gobiernos europeos, intentando repartirse cicateramente a 40.000 persones demandantes de asilo entre los estados de la UE como si fueran estraperlo -¡Qué papelón el del gobierno español... haciéndose el más solidario y negándose a acoger su "cuota", todo al mismo tiempo!- ha sido el principio de nuestra vergüenza colectiva.
Ahora, a finales d'agost, ya no hablamos de 40.000 sino de un millón de personas que huyen de la guerra, la injusticia y la inhumanidad o que buscan un medio de vida digno (los inmigrantes económicos también tiene derechos, recordémoslo). El drama se presenta en toda su crudeza y la Unión Europea sigue haciendo prevaler el criterio de cada estado y no una política común de acogidam asilo y migraciones.
Quiero compartir algunas reflexiones, que presento en forma de enunciados para no cansar al personal. Sé que cada una de ellas merecería mucha tinta y muchos matices, pero eso lo dejo para más adelante.
1. El problema esencial del sistema capitalista especulativo no es la pobreza extrema que deja a muchas personas y colectivos fuera del terreno de juego, sino la desigualdad creciente de rentas, oportunidades y medios de vida que provoca el propio sistema. Hay un 20% de la nuestra ciudadanía que se aprovecha de las bondades del sistema, actúa de freno ante cualquier cambio e impide las regulaciones legales y jurídicas que podrían limitar el lucro desmesurado.
2. Ésta no es una crisis humanitaria fruto de cuatro dictadores tocados del ala y corruptos (que también), sino sobre todo de unos intereses espúreos de empresas transnacionales, lobbyes especuladores y gobiernos de países dominantes, para mantener el statu quo y que las sociedades enriquecidas mantengamos la camama. La invasión occidental de Iraq tiene mucho que ver con la creación de Estado Islámico, la inacción de Occidente ante la guerra civil siria tiene mucho que ver con los intereses de Israel en la zona, y muchas guerras africanas tienen todo que ver con el acceso de Occidente y China a materias primas estratégicas y necesarias para nuestro "desarrollismo sin fin".
3. Mientras los temas de seguridad interior y exterior sean incontestables y pasen siempre por delante de los derechos humanos, en todos los dramas y situaciones, no resolveremos las crisis derivadas de conflictos armados de una forma eficaz y duradera. Todas las fronteras democráticas han de ser porosas, bien controladas pero porosas por naturaleza, o dejarán de ser democráticas y aceptaremos que un "gran hermano" decida por todos nosotros quien entra y quien sale de casa.
4. En el caso de Europa, nos llenamos la boca hablando de proyecto común cuando lo único que mantenemos en común es el poder de los Estados-nación, que no se corresponde ni a la realidad multicultural y mestiza de nuestras regiones -que demanda más poder local-, ni a la realidad de las naciones que no son Estado, ni a la burocracia de unas instituciones europeas con muy poco poder real. ¡El antiguo Régimen sigue vigente!.
5. La UE necesita corredores humanitarios seguros, controlados pero también acogedores, que distribuyan la población migrante e identifique con rapidez las personas que no pueden tener el estatuto de refugiado. Necesita, también, un cupo anual de migración económica que pueda absorber nuestra sociedad. Y, finalmente, necesita combatir con rigor y firmeza la demagogia instalada de "primero los de casa" que nos deshumaniza.
5. Cataluña puede y debería acoger al menos un 1 por mil anual de su población (es decir 7.500 personas) demandantes de asilo, y este año debería hacerlo con celeridad, durante el próximo mes de septiembre, aunque el gobierno español no esté por la labor.
6. A pesar de las dificultades y defectos del sistema, hay lugar para la esperanza si la ciudadanía nos indignamos y actuamos ante lo que consideramos injusto. Recordemos, si no, aquellos versos de Machado: "Creí mi hogar apagado, removí las cenizas y me quemé la mano".
Este año, sin embargo, el drama de los conflictos armados mal o nada resueltos en Iraq, Siria, Afganistan, Egipto o Libia ha derramado la olla y Europa ha continuado en su lógica de hablar de "alud migratorio" (fíjense en la connotación negativa del término), cuando se está produciendo -ante la parálisis ciudadana- una de las mayores crisis humanitarias de refugiados desde la segunda Guerra Mundial. La primera respuesta de los gobiernos europeos, intentando repartirse cicateramente a 40.000 persones demandantes de asilo entre los estados de la UE como si fueran estraperlo -¡Qué papelón el del gobierno español... haciéndose el más solidario y negándose a acoger su "cuota", todo al mismo tiempo!- ha sido el principio de nuestra vergüenza colectiva.
Ahora, a finales d'agost, ya no hablamos de 40.000 sino de un millón de personas que huyen de la guerra, la injusticia y la inhumanidad o que buscan un medio de vida digno (los inmigrantes económicos también tiene derechos, recordémoslo). El drama se presenta en toda su crudeza y la Unión Europea sigue haciendo prevaler el criterio de cada estado y no una política común de acogidam asilo y migraciones.
Quiero compartir algunas reflexiones, que presento en forma de enunciados para no cansar al personal. Sé que cada una de ellas merecería mucha tinta y muchos matices, pero eso lo dejo para más adelante.
1. El problema esencial del sistema capitalista especulativo no es la pobreza extrema que deja a muchas personas y colectivos fuera del terreno de juego, sino la desigualdad creciente de rentas, oportunidades y medios de vida que provoca el propio sistema. Hay un 20% de la nuestra ciudadanía que se aprovecha de las bondades del sistema, actúa de freno ante cualquier cambio e impide las regulaciones legales y jurídicas que podrían limitar el lucro desmesurado.
2. Ésta no es una crisis humanitaria fruto de cuatro dictadores tocados del ala y corruptos (que también), sino sobre todo de unos intereses espúreos de empresas transnacionales, lobbyes especuladores y gobiernos de países dominantes, para mantener el statu quo y que las sociedades enriquecidas mantengamos la camama. La invasión occidental de Iraq tiene mucho que ver con la creación de Estado Islámico, la inacción de Occidente ante la guerra civil siria tiene mucho que ver con los intereses de Israel en la zona, y muchas guerras africanas tienen todo que ver con el acceso de Occidente y China a materias primas estratégicas y necesarias para nuestro "desarrollismo sin fin".
3. Mientras los temas de seguridad interior y exterior sean incontestables y pasen siempre por delante de los derechos humanos, en todos los dramas y situaciones, no resolveremos las crisis derivadas de conflictos armados de una forma eficaz y duradera. Todas las fronteras democráticas han de ser porosas, bien controladas pero porosas por naturaleza, o dejarán de ser democráticas y aceptaremos que un "gran hermano" decida por todos nosotros quien entra y quien sale de casa.
4. En el caso de Europa, nos llenamos la boca hablando de proyecto común cuando lo único que mantenemos en común es el poder de los Estados-nación, que no se corresponde ni a la realidad multicultural y mestiza de nuestras regiones -que demanda más poder local-, ni a la realidad de las naciones que no son Estado, ni a la burocracia de unas instituciones europeas con muy poco poder real. ¡El antiguo Régimen sigue vigente!.
5. La UE necesita corredores humanitarios seguros, controlados pero también acogedores, que distribuyan la población migrante e identifique con rapidez las personas que no pueden tener el estatuto de refugiado. Necesita, también, un cupo anual de migración económica que pueda absorber nuestra sociedad. Y, finalmente, necesita combatir con rigor y firmeza la demagogia instalada de "primero los de casa" que nos deshumaniza.
5. Cataluña puede y debería acoger al menos un 1 por mil anual de su población (es decir 7.500 personas) demandantes de asilo, y este año debería hacerlo con celeridad, durante el próximo mes de septiembre, aunque el gobierno español no esté por la labor.
6. A pesar de las dificultades y defectos del sistema, hay lugar para la esperanza si la ciudadanía nos indignamos y actuamos ante lo que consideramos injusto. Recordemos, si no, aquellos versos de Machado: "Creí mi hogar apagado, removí las cenizas y me quemé la mano".
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miércoles, 12 de agosto de 2015
Desenmascarar a los negociantes de la guerra
El actor George Clooney y el activista por los derechos humanos John Prendergast lideran un proyecto que pretende investigar y divulgar los flujos financieros que entran y salen de las zonas en guerra. El proyecto se llama "The Sentry" (El centinela) y quiere nutrirse de información pública, denuncias confidenciales que reciban, dinero que sale al exterior de países en conflicto, investigaciones sobre comercio ilícito de armamento, etc.
El resultado esperado es poder publicar nombres concretos de personas y empresas que se lucran con el "negocio de la guerra", con el fin de presionar a los gobiernos para que les hagan pagar un precio por los males que causan.
Sabemos que muchos de esos males son irreversibles (decenal de miles de personas muertas, heridas, desplazadas o refugiadas cada mes), pero piensan que éste puede ser un primer paso para poner rostro al lucro sobre el sufrimiento humano ... en una época donde es posible la filtración de información confidencial a las redes sociales que inició Wikileaks.
La ciudadanía de todo el mundo les estará agradecida si la iniciativa prospera, ya que obligarà a gobuiernos e instituciones internacionales a actuar ante unos poderes fácticos que hoy por hoy parecen intocables, además de ser con frecuencia anónimos.
((Información básica extraída de un artículo de Teresa Turiera en el diario ARA)
El resultado esperado es poder publicar nombres concretos de personas y empresas que se lucran con el "negocio de la guerra", con el fin de presionar a los gobiernos para que les hagan pagar un precio por los males que causan.
Sabemos que muchos de esos males son irreversibles (decenal de miles de personas muertas, heridas, desplazadas o refugiadas cada mes), pero piensan que éste puede ser un primer paso para poner rostro al lucro sobre el sufrimiento humano ... en una época donde es posible la filtración de información confidencial a las redes sociales que inició Wikileaks.
La ciudadanía de todo el mundo les estará agradecida si la iniciativa prospera, ya que obligarà a gobuiernos e instituciones internacionales a actuar ante unos poderes fácticos que hoy por hoy parecen intocables, además de ser con frecuencia anónimos.
((Información básica extraída de un artículo de Teresa Turiera en el diario ARA)
jueves, 28 de agosto de 2014
Rabia, impotencia, perplejidad
Europa y el Próximo Oriente hierven de conflictos armados históricamente
mal resueltos, en un momento de búsqueda de un "nuevo orden internacional"
(léase un nuevo desorden, con dominadores y dominados), cuando la comunidad
de naciones se aferra a un juego de equilibrios de fuerza y mal llamadas
soluciones militares -es decir, puramente violentas- en una espiral que nunca termina: Bosnia (nuevamente en fase de pre-ebullición), Iraq, Siria,
Israel, Ucrania, ... Horrores que nos parecían superados se repiten un día y otro. ¿Por qué y hasta cuándo?
Los humanos tenemos cada vez más información, más interconnexión, más interdependencia, más capacidad tecnológica i más posibilidades materiales y culturales para disfrutar del planeta, pero seguimos empecinados a resolver nuestras diferencias de una forma demostradamente inútil, poco duradera, cruel e inhumana. ¿Hasta cuándo el uso de la violencia no será denunciado y proscrito masivamente por la ciudadanía, que vive la pesadilla sin llegar a creérsela?
A escala personal nos preguntamos qué es lo que nos permite cerrar los ojos ante tanto sufrimiento, tanto horror como vemos y oímos, cuáles son las claves de la impotencia que nos paraliza. A escala global, nos preguntamos también qué puede haber detrás de la impotencia de gobiernos y organizaciones internacionals, incapaces de resolver los conflictos de una manera duradera y justa.
Por supuesto que las respuestas son complejas y variadas, seguro que no hay una receta milagrosa, pero creo que hay dos factores que son determinantes y actúan de freno a cualquier alternativa a la violencia como forma de resolver los conflictos.
En primer lugar el predominio, cada vez más acusado y vergonzante, de la economia sobre la política, de las grandes finanzas, del lucro, de la riqueza por encima de cualquier otra cosa. Eso está otorgando un poder quasi ilimitado a una élites económicas que no "viven en la sociedad" sino en su mundo, que siguen sus propias reglas y marcan las de los demás, que actúan de espaldas al sufrimiento humano y condicionan a la clase política hasta cotas inimaginables hasta ahora: todo se compra y se vende -también los cargos políticos-, el verdadero liderazgo mundial está en manos de personajes ricos y triunfadores que hacen y deshacen: Mientras tanto, la clase política mundial ha perdido la iniciativa para regular los mercados, para poner límites al lucro, redistribuir la riqueza generada entre todos y todas y para ordenar la vida pública. Cada vez está más claro que los políticos que permiten la venta masiva de armamento a quien convenga, que negocian acuerdos internacionales de espaldas a la ciudadanía o aceptan impotentes una mala solución a un conflicto antes permitido y a veces alimentado de lejos, no nos representan. Cada vez está más claro que los intereses económicos están en la base de la geoestrategia y que ésta ya casi no tiene en cuenta más límites que evitar el lucro ajeno.
A mi entender es necesario, de forma urgente, devolver la centralidad a la política y cortar de raíz la 'puerta giratoria' entre la política y las finanzas, de forma que puedan rebrotar nuevos liderazgos políticos, capaces de servir con independencia de criterio a los intereses públicos.
El segundo factor que impide la solució dialogada y no violenta de los conflictos es que la cultura de la violencia se ha instalado en nuestras vidas como si formara parte de nuestro ADN. Desde los juegos hasta las relaciones parecen basadas en la violencia como la forma más natural de vida. La competencia parece más saludable que la cooperación. El triunfo personal está en vías de sustituir al bienestar grupal, y la "buena convivencia" parece basarse cada vez más en la imposición de un orden social injusto que la mayoría tiene que aceptar porque "es lo que hay" (frase peligrosa donde las haya, por su capacidad paralizante y de conformidad con la injusticia).
En este sentido quizás conviene recordar que el conflicto no podemos evitarlo, forma parte de nuestra condición humana, pero que la violencia como forma de resolverlo sí que es evitable. Lo recordaremos una y otra vez.
Los humanos tenemos cada vez más información, más interconnexión, más interdependencia, más capacidad tecnológica i más posibilidades materiales y culturales para disfrutar del planeta, pero seguimos empecinados a resolver nuestras diferencias de una forma demostradamente inútil, poco duradera, cruel e inhumana. ¿Hasta cuándo el uso de la violencia no será denunciado y proscrito masivamente por la ciudadanía, que vive la pesadilla sin llegar a creérsela?
A escala personal nos preguntamos qué es lo que nos permite cerrar los ojos ante tanto sufrimiento, tanto horror como vemos y oímos, cuáles son las claves de la impotencia que nos paraliza. A escala global, nos preguntamos también qué puede haber detrás de la impotencia de gobiernos y organizaciones internacionals, incapaces de resolver los conflictos de una manera duradera y justa.
Por supuesto que las respuestas son complejas y variadas, seguro que no hay una receta milagrosa, pero creo que hay dos factores que son determinantes y actúan de freno a cualquier alternativa a la violencia como forma de resolver los conflictos.
En primer lugar el predominio, cada vez más acusado y vergonzante, de la economia sobre la política, de las grandes finanzas, del lucro, de la riqueza por encima de cualquier otra cosa. Eso está otorgando un poder quasi ilimitado a una élites económicas que no "viven en la sociedad" sino en su mundo, que siguen sus propias reglas y marcan las de los demás, que actúan de espaldas al sufrimiento humano y condicionan a la clase política hasta cotas inimaginables hasta ahora: todo se compra y se vende -también los cargos políticos-, el verdadero liderazgo mundial está en manos de personajes ricos y triunfadores que hacen y deshacen: Mientras tanto, la clase política mundial ha perdido la iniciativa para regular los mercados, para poner límites al lucro, redistribuir la riqueza generada entre todos y todas y para ordenar la vida pública. Cada vez está más claro que los políticos que permiten la venta masiva de armamento a quien convenga, que negocian acuerdos internacionales de espaldas a la ciudadanía o aceptan impotentes una mala solución a un conflicto antes permitido y a veces alimentado de lejos, no nos representan. Cada vez está más claro que los intereses económicos están en la base de la geoestrategia y que ésta ya casi no tiene en cuenta más límites que evitar el lucro ajeno.
A mi entender es necesario, de forma urgente, devolver la centralidad a la política y cortar de raíz la 'puerta giratoria' entre la política y las finanzas, de forma que puedan rebrotar nuevos liderazgos políticos, capaces de servir con independencia de criterio a los intereses públicos.
El segundo factor que impide la solució dialogada y no violenta de los conflictos es que la cultura de la violencia se ha instalado en nuestras vidas como si formara parte de nuestro ADN. Desde los juegos hasta las relaciones parecen basadas en la violencia como la forma más natural de vida. La competencia parece más saludable que la cooperación. El triunfo personal está en vías de sustituir al bienestar grupal, y la "buena convivencia" parece basarse cada vez más en la imposición de un orden social injusto que la mayoría tiene que aceptar porque "es lo que hay" (frase peligrosa donde las haya, por su capacidad paralizante y de conformidad con la injusticia).
En este sentido quizás conviene recordar que el conflicto no podemos evitarlo, forma parte de nuestra condición humana, pero que la violencia como forma de resolverlo sí que es evitable. Lo recordaremos una y otra vez.
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jueves, 19 de junio de 2014
Reflexiones post-electorales
Las elecciones del 25 de mayo al Parlamento europeo han supuesto un verdadero terremoto para el establishment político del
continente. Mientras los dirigentes se llenaban la boca diciendo –de manera muy poco rigurosa con las leyes y sólo para que la abstención no alcanzara cifras de escándalo- que era la primera vez que se elegia directamente al Presidente de
la Comisión europea, en cada Estado las eleccions se han vivido –como siempre y también escandalosamente- en clave interna, reforzando las concepciones nacionales y sin ningún ánimo de construir una Europa verdaderamente democrática.
A posteriori cada cual ha
interpretado los resultados a conveniencia, y por eso me apunto al baile con algunas reflexiones en voz alta.
La primera, que la intervención semanal de la Cancillera alemana, Angela Merkel, en la campaña electoral,
dando “avisos para navegantes” desde la economia motor de Europa, ha sido casi la única nota “europea” de los comicios y marca una tendencia clara: los liderazgos no son gratuitos, y los votantes deben conocer con claridad quien manda. Si repasamos la hemeroteca podremos comprobar, además, que sus intervenciones no
eran interpretables sólo en clave política sino sobretodo económica: sepamos quién manda aquí (el complejo industrial alemán) y quien hace de portavoz (el político de turno). La suplantación del poder político por el poder económico se està
mostrando sin ambigüedad y representa un estadio de maduración del capitalisme
que amenaza directamente el funcionamento democrático de nuestras sociedades.
A los ciudadanos periódicamente nos cuentan -en las sucesivas elecciones- pero cada vez nos tienen menos en cuenta.
La construcción de Europa desde unos
Estados-nación fuertes que impiden, a menudo, avanzar en políticas sociales,
económicas o culturales comunes se está convirtiendo en un oxímoron, una
contradicción en sus propios términos, que únicamente dejará como salidas un mercado único –amb tendència als oligopolis- en un guirigay de opinions dominadas por cuatro o cinco estados, o bien la decepción y el desencuentro definitivos de la ciudadanía con el proyecto común europeo.
También vale la pena pararse a
pensar un momento en la llamada “amenaza del fin del bipartidismo” que
se anuncia en el Reino Unido, en España, en Francia, Alemania, Holanda y en otros países. En primer lugar porque sólo parece una amenaza para los que ven
en el bipartidismo el factor clave de estabilitat de un Estado, pero no para aquellos que ven en él un chanchullo del sistema o poco menos para mantener la
parada tal como la conocemos. Precisamente me parece que éste es el tema: cada vez somos más los que pensamos que nos están robando la capacidad de
decisión, que después de cada elección los aparatos de los partidos, en connivencia con los poderosos de la banca, la construcción, los servicios y la gran industria,
acaban traicionando sus programas y haciendo aquello que conviene a las élites; eso sí, con una
gran dosis de populismo para que la cosa trague mejor.
No se puede simplificar. A pesar de las diferencias abismales de significado, los votos de Podemos en España, del
Frente Nacional en Francia o de los euroescépticos en el Reino Unido no son sólo un voto de castigo a los partidos que han gobernado hasta ahora, sino sobretodo una manera de
denunciar la forma de hacer política, la falta de democracia real en nuestras sociedades, la excesiva facilidad para quien gestiona la cosa pública de ensuciarse las manos, defender los intereses de las élites y mantener abierta la puerta giratoria que va de la política a los consejos de administración de las grandes
compañías transnacionales.
Es imprescindible ir a la raíz del descontento: la necesidad de profundizar en la democracia participativa,
que provenga del ejercicio de una ciudadanía formada, informada y con sentido de la responsabilidad colectiva para considerar suyo aquello que es de todos, la gestión de los asuntos públicos.
domingo, 27 de abril de 2014
Violencia es eludir impuestos
En el mundo hay 48 paraísos fiscales. Todos tenemos al menos uno cerca de casa. Lugares donde -en pocas palabras- prácticamente no se pagan impuestos si se domicilia una sociedad mercantil o se abre una cuenta bancaria. Lugares "legales" donde las cuentas corrientes pueden ser oficialmente anónimas y las transacciones que se hagan también.
Éste es sólo un ejemplo del absoluto desorden del sistema fiscal, que constituye una de las causas más sangrantes de la desigualdad creciente en el mundo y también, hay que decirlo claro, de la violencia estructural de un mundo que 'se come' cada vez a más personas y acumula cada vez más riqueza en pocas manos.
La cultura de la violencia es dominante en la humanidad desde hace más de cinco mil años, pero no tiene por qué serlo para siempre. Se robustece cada vez que se da vía libre al mercado sin límites, pero se debilita cada vez que damos una respuesta solidaria a un problema social: cuando surge un movimiento ciudadano, una alternativa diferente de comercio, una acción emprendedora del bien común, una actividad de economía ciudadana o un ejemplo de dignificación humana.
Violencia es que los administradores de la cosa pública se muestren fuertes con los débiles y débiles con los fuertes. En el año 2012 las rentas del capital en España pagaron impuestos por valor de entre un 18% y un 24%, mientras las rentas del trabajo pagaban entre un 24% y un 52% y mientras el impuesto de sociedades tenía un tipo efectivo del 4,5%!
Es decir, las personas trabajadoras por cuenta ajena aportamos aproximadamente un 40% de nuestro salario en impuestos mientras las grandes empresas aportaban un ... 4,5% de la riqueza generada. El fraude fiscal supuso aproximadamente un 25% del PIB anual y gran parte de este fraude (sin menospreciar la lacra de la economía sumergida) se concentró en la elusión de impuestos por parte de grandes capitales, fortunas privadas y sobre todo actividad de las grandes empresas.
En este contexto, luchar contra la violencia estructural pasa indefectiblemente por conseguir una fiscalidad más justa, progresiva y solidaria, como una cuestión capital para el progreso de nuestras sociedades.
Éste es sólo un ejemplo del absoluto desorden del sistema fiscal, que constituye una de las causas más sangrantes de la desigualdad creciente en el mundo y también, hay que decirlo claro, de la violencia estructural de un mundo que 'se come' cada vez a más personas y acumula cada vez más riqueza en pocas manos.
La cultura de la violencia es dominante en la humanidad desde hace más de cinco mil años, pero no tiene por qué serlo para siempre. Se robustece cada vez que se da vía libre al mercado sin límites, pero se debilita cada vez que damos una respuesta solidaria a un problema social: cuando surge un movimiento ciudadano, una alternativa diferente de comercio, una acción emprendedora del bien común, una actividad de economía ciudadana o un ejemplo de dignificación humana.
Violencia es que los administradores de la cosa pública se muestren fuertes con los débiles y débiles con los fuertes. En el año 2012 las rentas del capital en España pagaron impuestos por valor de entre un 18% y un 24%, mientras las rentas del trabajo pagaban entre un 24% y un 52% y mientras el impuesto de sociedades tenía un tipo efectivo del 4,5%!
Es decir, las personas trabajadoras por cuenta ajena aportamos aproximadamente un 40% de nuestro salario en impuestos mientras las grandes empresas aportaban un ... 4,5% de la riqueza generada. El fraude fiscal supuso aproximadamente un 25% del PIB anual y gran parte de este fraude (sin menospreciar la lacra de la economía sumergida) se concentró en la elusión de impuestos por parte de grandes capitales, fortunas privadas y sobre todo actividad de las grandes empresas.
En este contexto, luchar contra la violencia estructural pasa indefectiblemente por conseguir una fiscalidad más justa, progresiva y solidaria, como una cuestión capital para el progreso de nuestras sociedades.
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martes, 31 de diciembre de 2013
La ciudadanía y el poder: distancia creciente, confianza menguante
Que los movimientos ciudadanos tienen cada vez más fuerza es una afirmación casi indiscutible. Que dicha fuerza toma a menudo direcciones erráticas también parece ser una realidad. Hoy por hoy una opinión pública formada, lúcida y activa tiene una capacidad de movilización, de creación de pensamiento y de construcción de nuevos horizontes que a nadie se le escapan, tampoco a los poderosos. Todavía se trata de algo incipiente ... pero se mueve. Se mueve lento porque irá lejos.
Por ahora es como un magma pacífico, participativo y diverso, que tiene frente a sí unos poderes asentados, algo desconcertados pero con la desvergüenza del que se siente fuerte.
El poder político, cada vez más injertado al poder económico, se aleja cada vez más de la gente. Éste, a su vez, siendo el verdadero artífice del desastre social que supone la desigualdad creciente y crujiente, tienen todavía capacidad de intimidación, pero ambos han perdido la capacidad de convicción y de autoridad, como nos recuerda Josep Ramoneda en un artículo reciente.
La ciudadanía, cada vez más formada e informada, no se cree ya las coartadas de los tecnócratas que dicen gobernarnos ni las bondades de las grandes empresas que hacen obras de beneficencia públicas mientras defraudan "en privado" sistemáticamente al fisco mediante argucias legales o ilegales (comocotizar en paraísos fiscales, por ejemplo).
Por ahora la sociedad del 99% responde sólo con una desconfianza ilimitada, con cinismo, con respuestas puntuales de rechazo o apelando al individualismo. Pero muy pronto no se conformará con ser espectadora doliente de la injusticia de un poder político débil, alejado y servil, de un poder judicial que promueve la desigualdad otorgando privilegios a los ricos y poderosos, de un poder económico vicioso y tramposo, que nunca tiene bastante y especula con la vida, y de un poder de los mass media que se está convirtiendo -si no lo ha hecho ya- en una correa de transmisión de los grandes intereses económicos.
Cerramos el año 2013 con ua confianza bastante menguada en la justicia del sistema, fruto del caos cotidiano que provoca la desigualdad sin freno. Recuperar un cierto nivel de confianza entre los cinco poderes (entendiendo la ciudadanía como tal) es imprescindible para que las cosas funcionen y eso pide, a mi juicio, trabajr en diversos frentes, entre los cuales destaco tres:
Por ahora es como un magma pacífico, participativo y diverso, que tiene frente a sí unos poderes asentados, algo desconcertados pero con la desvergüenza del que se siente fuerte.
El poder político, cada vez más injertado al poder económico, se aleja cada vez más de la gente. Éste, a su vez, siendo el verdadero artífice del desastre social que supone la desigualdad creciente y crujiente, tienen todavía capacidad de intimidación, pero ambos han perdido la capacidad de convicción y de autoridad, como nos recuerda Josep Ramoneda en un artículo reciente.
La ciudadanía, cada vez más formada e informada, no se cree ya las coartadas de los tecnócratas que dicen gobernarnos ni las bondades de las grandes empresas que hacen obras de beneficencia públicas mientras defraudan "en privado" sistemáticamente al fisco mediante argucias legales o ilegales (comocotizar en paraísos fiscales, por ejemplo).
Por ahora la sociedad del 99% responde sólo con una desconfianza ilimitada, con cinismo, con respuestas puntuales de rechazo o apelando al individualismo. Pero muy pronto no se conformará con ser espectadora doliente de la injusticia de un poder político débil, alejado y servil, de un poder judicial que promueve la desigualdad otorgando privilegios a los ricos y poderosos, de un poder económico vicioso y tramposo, que nunca tiene bastante y especula con la vida, y de un poder de los mass media que se está convirtiendo -si no lo ha hecho ya- en una correa de transmisión de los grandes intereses económicos.
Cerramos el año 2013 con ua confianza bastante menguada en la justicia del sistema, fruto del caos cotidiano que provoca la desigualdad sin freno. Recuperar un cierto nivel de confianza entre los cinco poderes (entendiendo la ciudadanía como tal) es imprescindible para que las cosas funcionen y eso pide, a mi juicio, trabajr en diversos frentes, entre los cuales destaco tres:
- la regulación estricta de ganancias y beneficios económicos, ligada a una reforma fiscal en profundidad que sea auténticamente progresiva. Limitar la riqueza no tiene por qué ser necesariamente negativo para la economía, si no queremos limitarla a una deriva de crecimiento constante, imposible de sostener en el tiempo.
- la regulación estricta de las leyes del mercado, con la supresión de los paraísos fiscales y una limitación clara de la economía especulativa (mercado de futuros, bitcoins, ...)
- la regeneración política, a partir de cambios profundos en las reglas democráticas, con el fin de promover una auténtica participación ciudadana y la limitación del poder coercitivo de los estados.
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domingo, 6 de octubre de 2013
La desigualdad, el gran problema
El prestigioso periodista Nicholas Kristof (dos veces premio Pulitzer)
celebra en un artículo reciente en The New York Times que hay la posibilidad de que la pobreza extrema (mortalidad infantil, cabañas de paja, enfermedades crónicas y discapacidades evitables) se acabe antes de 2030. Se
basa en datos del Banco Mundial que señalan que la proporción de
personas que viven en condiciones de extrema pobreza en el mundo se ha reducido desde una de cada dos en 1980 a una de cada cinco en el día de hoy, y el objetivo es haber reducido esta proporción a prácticamente cero en el año 2030.
Enseguida señala también que el final de la subsistència en condiciones extremas no resuelve el problema de la pobreza "demasiado grande en nuestras sociedades", pero ayuda a resolver otras dificultades como la superpoblación, ya que "cuando las familias saben que sus hijos sobrevivirán, es más probable que tengan menos y que inviertan en ellos más recursos". Hay datos que lo avalan, como por ejemplo el índice de hijos pro mujer en Bangla Desh, que ha pasado en tan solo una generación de cinc a 2,2.
Hasta aquí, la buena notícia. Algunos compromisos internacionals (como los Objectivos de Desarrollo del Milenio), algunos compromisos nacionales (como el de los estados que siguen dedicando el 0,7% del PIB a Ayuda al desarrollo), algunas presiones ciudadanas, la acción continuada de movimientos, ONG e instancias solidarias y el mecenazgo privado han hecho que ahora "estemos mejor que cuando estábamos peor", y podamos contradecir con fuerza los argumentos de los profetas del mal que hace tiempo proclaman que la solidaridad internacional no sirve para nada. Nos encontramos, realmente, en una encrucijada histórica.
Un momento histórico que afronta una gran contradicción: ya hay más personas en el mundo que tienen teléfono móvil que lavabo, y el nivel de vida de las clases medias urbanas -en general- està empeorando, dando como resultado que la desigualdad aumente en todas las sociedades en una medida preocupante.
Las élites económicas (i políticas) se están dotando poco a poco de una corte de personas y familias con sueldos altos, buenos contactos, que són consumidores culturales y de bienes y servicios y que no llegan en conjunto ni al 20% del cuerpo social. Hay otro 20% que vive por debajo del umbral de la pobreza, en realidades donde se buscan apaños, recursos, subsidios y ayudas públicas o privadas que rayan la beneficència, y un 60% de personas cada vez más bien informadas y formadas, que somos contribuyentes netos de un sistema que soporta sobre ellas la mayor carga fiscal i responsabilidad ciudadana.
Esta es la ciudadanía que hoy tiene miedo de perder ...¡ lo que está perdiendo mientras tiene miedo! Pero esto no es para siempre, porque hay una gran capacidad de movilización en el espíritu humano y también una gran intolerancia ante la desigualdad creciente. Ésta es la herramienta más potente para cambiar las cosas.
Enseguida señala también que el final de la subsistència en condiciones extremas no resuelve el problema de la pobreza "demasiado grande en nuestras sociedades", pero ayuda a resolver otras dificultades como la superpoblación, ya que "cuando las familias saben que sus hijos sobrevivirán, es más probable que tengan menos y que inviertan en ellos más recursos". Hay datos que lo avalan, como por ejemplo el índice de hijos pro mujer en Bangla Desh, que ha pasado en tan solo una generación de cinc a 2,2.
Hasta aquí, la buena notícia. Algunos compromisos internacionals (como los Objectivos de Desarrollo del Milenio), algunos compromisos nacionales (como el de los estados que siguen dedicando el 0,7% del PIB a Ayuda al desarrollo), algunas presiones ciudadanas, la acción continuada de movimientos, ONG e instancias solidarias y el mecenazgo privado han hecho que ahora "estemos mejor que cuando estábamos peor", y podamos contradecir con fuerza los argumentos de los profetas del mal que hace tiempo proclaman que la solidaridad internacional no sirve para nada. Nos encontramos, realmente, en una encrucijada histórica.
Un momento histórico que afronta una gran contradicción: ya hay más personas en el mundo que tienen teléfono móvil que lavabo, y el nivel de vida de las clases medias urbanas -en general- està empeorando, dando como resultado que la desigualdad aumente en todas las sociedades en una medida preocupante.
Las élites económicas (i políticas) se están dotando poco a poco de una corte de personas y familias con sueldos altos, buenos contactos, que són consumidores culturales y de bienes y servicios y que no llegan en conjunto ni al 20% del cuerpo social. Hay otro 20% que vive por debajo del umbral de la pobreza, en realidades donde se buscan apaños, recursos, subsidios y ayudas públicas o privadas que rayan la beneficència, y un 60% de personas cada vez más bien informadas y formadas, que somos contribuyentes netos de un sistema que soporta sobre ellas la mayor carga fiscal i responsabilidad ciudadana.
Esta es la ciudadanía que hoy tiene miedo de perder ...¡ lo que está perdiendo mientras tiene miedo! Pero esto no es para siempre, porque hay una gran capacidad de movilización en el espíritu humano y también una gran intolerancia ante la desigualdad creciente. Ésta es la herramienta más potente para cambiar las cosas.
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sábado, 14 de septiembre de 2013
Carta a los federalistas españoles
Sé que muchos de vosotros estáis desconcertados ante el proceso de soberanía que está viviendo Cataluña. Lo sé porque hemos compartido muchas causas y ahora no respondéis a mis correos, lo que me hace pensar que hay un cierto sufrimiento por aquello que puede costar comprender en el ambiente mediático español.
La causa de nuestro "basta" (muy mayoritario, transversal, inclusivo e intergeneracional) es la comprobación de que el pacto para convivir en un Estado donde se reconozca la diversidad, la diferencia, donde ésta sea un valor positivo y real, donde no haya un centro absorbente y una periferia, donde todos vean premiado su esfuerzo, resulta imposible: no está en su ADN ni lo viven sus gentes, buenas como las que más. Incluso la mayoría de los que provenimos de una ideología universalista y federalista -el socialismo- nos hemos convencido de ello.
Los socialistas españoles habláis, en general, de federalismo (incluso hay un "comité federal" en el PSOE) pero ante un intento de federalismo real, sin trampas -muchos lo llamáis confederalismo, pero no vamos a discutir por una cuestión semántica- como ha sido la propuesta de Estatuto de Cataluña de 2006 se le ha "pasado el cepillo" (en palabras de un ilustre socialista jacobino), se ha podado más en el Congreso y por si fuera poco ha sido sustancialmente rechazado en uno de los Tribunales más politizados del mundo occidental.
Cuando se ignoran los derechos nacionales de una comunidad -o si se prefiere, los derechos que una comunidad quiere otorgarse para su convivencia, no queda otra que organizarnos por nuestra cuenta y, desde un plano de igualdad, volver a hablar como buenos vecinos y compañeros.
No demos la culpa a las dificultades internas en Catalña (que las hay, y muchas) ni al socialismo catalán, como hoy mismo ha hecho el señor Bono. Que revise sus discursos y declaraciones y verá que el federalismo que propone es de feria, ni es federalismo ni tiene futuro: con decisiones centralizadas, sin derecho de cualquiera de las partes a renunciar al pacto, ... ¿Qué federalismo es éste?.
Una última reflexión para no alargarme: ¿qué pensáis sobre el referéndum de autodeterminación de Escocia? ¿Por qué no se ha levantado ninguna voz en España criticando la propuesta del señor Cameron de celebrar una consulta en 2016 para ver si el Reino Unido se queda en la UE? ¿Lo puede hacer un Estado que se ha "federado" en una Unión y no puiede hacerlo una comunidad respecto a su Estado? ¿Es que quizás solamente tienen derechos los estados del S.XIX como sujetos de derecho?. No creo, si así fuera desde 1990 en Europa no habrían nacido 21 estados fruto de secesiones ... contraviniendo sus respectivas Constituciones, of course ...
La causa de nuestro "basta" (muy mayoritario, transversal, inclusivo e intergeneracional) es la comprobación de que el pacto para convivir en un Estado donde se reconozca la diversidad, la diferencia, donde ésta sea un valor positivo y real, donde no haya un centro absorbente y una periferia, donde todos vean premiado su esfuerzo, resulta imposible: no está en su ADN ni lo viven sus gentes, buenas como las que más. Incluso la mayoría de los que provenimos de una ideología universalista y federalista -el socialismo- nos hemos convencido de ello.
Los socialistas españoles habláis, en general, de federalismo (incluso hay un "comité federal" en el PSOE) pero ante un intento de federalismo real, sin trampas -muchos lo llamáis confederalismo, pero no vamos a discutir por una cuestión semántica- como ha sido la propuesta de Estatuto de Cataluña de 2006 se le ha "pasado el cepillo" (en palabras de un ilustre socialista jacobino), se ha podado más en el Congreso y por si fuera poco ha sido sustancialmente rechazado en uno de los Tribunales más politizados del mundo occidental.
Cuando se ignoran los derechos nacionales de una comunidad -o si se prefiere, los derechos que una comunidad quiere otorgarse para su convivencia, no queda otra que organizarnos por nuestra cuenta y, desde un plano de igualdad, volver a hablar como buenos vecinos y compañeros.
No demos la culpa a las dificultades internas en Catalña (que las hay, y muchas) ni al socialismo catalán, como hoy mismo ha hecho el señor Bono. Que revise sus discursos y declaraciones y verá que el federalismo que propone es de feria, ni es federalismo ni tiene futuro: con decisiones centralizadas, sin derecho de cualquiera de las partes a renunciar al pacto, ... ¿Qué federalismo es éste?.
Una última reflexión para no alargarme: ¿qué pensáis sobre el referéndum de autodeterminación de Escocia? ¿Por qué no se ha levantado ninguna voz en España criticando la propuesta del señor Cameron de celebrar una consulta en 2016 para ver si el Reino Unido se queda en la UE? ¿Lo puede hacer un Estado que se ha "federado" en una Unión y no puiede hacerlo una comunidad respecto a su Estado? ¿Es que quizás solamente tienen derechos los estados del S.XIX como sujetos de derecho?. No creo, si así fuera desde 1990 en Europa no habrían nacido 21 estados fruto de secesiones ... contraviniendo sus respectivas Constituciones, of course ...
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sábado, 8 de junio de 2013
Por un "Estado de paz"
La posibilidad de la
constitución de un estado propio moviliza sectores muy diversos de la sociedad
catalana. Las múltiples dinámicas generadas, empáticas o críticas hacia el
propósito constituyente, indican su verosimilitud. También el sector de la
cultura de la paz, comprometido en la implantación progresiva de una cultura
orientada por los principios de la cooperación y de la noviolencia, se sabe
emplazado a tomar postura en este necesario ejercicio de prospectiva. Resultaría
inexplicable que un sector que está trabajando eficazmente, desde hace muchos años, por la movilización
de la sociedad, civil y oficial, a favor de los valores de la cultura de la
paz, no promoviera en este momento un debate público sobre el modelo de
seguridad del nuevo estado. Un debate en el que participamos propositivamente.
Con esta finalidad se
ha constituido un grupo estable de trabajo, Estado
de Paz, en el que participamos, sin detentar representación alguna, un buen
número de personas vinculadas a diversas entidades pacifistas. El primer objetivo
del grupo, un seminario, se concreta en la redacción del documento Modelo de seguridad para un estado propio
del siglo XXI, que es una propuesta que partiendo de la hipótesis de un
estado catalán, se dirige a la ciudadanía en general y de modo especial a
quienes deberán tomar decisiones. En el grupo, heterogéneo por lo que se
refiere a ideología y posicionamiento político de los participantes, hay un
sólido acuerdo sobre tres puntos:
Primero. Valoración de la seguridad como una necesidad de primer orden;
Segundo.Visión respecto a la seguridad, inspirada en el concepto de seguridad
humana;
Tercero. Adhesión a los principios de la noviolencia.
Aunque la reflexión viene propiciada por una dinámica
local, no dudamos que puede ser útil en otros contextos distintos del de la
sociedad catalana de hoy. Nuestra reflexión se produce en un escenario muy
concreto pero forma parte de una elaboración conceptual en curso, a nivel
planetario, que apunta a cambios muy profundos en el concepto de seguridad.
No son los estados los que requieren seguridad frente a otros estados,
aunque ese sea el núcleo duro del concepto de defensa; son las personas quienes
necesitan y exigen seguridad. Una sociedad democrática debe responder a esa
exigencia con una visión de gran amplitud y profundidad y con una autoexigencia
de máxima eficacia. Los ciudadanos “...aspiran
a los derechos humanos básicos que garantizan una existencia tranquila y digna,
libre de la necesidad y del miedo” (Aung Sang Suu
Kyi) y la única razón de ser del estado es la de
ser instrumento de esta aspiración. Pero éste no es el resultado obtenido por
la acción de centenares de ejércitos, de todos los colores y culturas, que han
sembrado la historia humana de muerte, dolor, destrucción y miseria. Seguridad
humana es que el estado proteja a las personas; defensa comporta el sacrificio
de vidas humanas por la seguridad del estado. Es evidente que no queremos ningún
otro ejército y menos todavía si ha de ser nuestro.
Esta visión de la seguridad centrada en el objetivo de liberar a las
personas de las necesidades y del miedo es la idea central de nuestra propuesta
Modelo de seguridad para un estado propio
del siglo XXI que daremos a conocer el próximo mes de septiembre.
Si Cataluña llega
a ser un nuevo estado no ha de querer ser el último de los viejos estados
construidos sobre cimientos obsoletos de soberanía irrestringible, de
irresponsabilidad hacia el exterior y hacia el medio ambiente, de afán de
dominio, de aceptación de la fuerza como argumento decisivo.
Si Cataluña
llega a ser un nuevo estado no puede dotarse miméticamente de estructuras e
instituciones anacrónicas que solamente la inercia mantiene a penas en pie en
estados envejecidos.
Si Cataluña llega a ser un nuevo estado ha de
fundamentarse explícitamente en los valores que apuestan por un desarrollo
humano atento a todas las dimensiones personales, debe crear estructuras e
instituciones, si es preciso audazmente innovadoras, que lo hagan posible y
debe aceptar que, precisamente por ser un estado nuevo y de pequeñas
dimensiones, más libre que otros de inercias históricas, tiene la
responsabilidad de orientarse y de orientar hacia un futuro más humano.
Jordi Armadans, Alfons Banda, Núria Breu, Pepe
Beunza, Joan Contijoch, Lluís Fenollosa, Rafael Grasa, Jose Luís Gordillo,
Jaume Llansó, Xavier Masllorens, Martí Olivella, Pere Ortega, Alvar Roda, Jordi
Urgell, Fèlix Saltor, Gabriela Serra, Lluís Sobrevia y Eduard Vinyamata.
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viernes, 10 de mayo de 2013
Cataluña: 22 argumentos en favor de un nuevo estado social y democrático
Principios
1. - Cataluña es una
nación porque su ciudadanía así lo considera, muy
mayoritariamente. Aunque esta afirmación pueda resultar obvia por motivos
históricos, lingüísticos, culturales, sociales, políticos y económicos, la
negación de este presupuesto por parte del Estado español es la raíz del
desencaje de Cataluña con España.
Ni
siquiera la construcción del Estado de las autonomías, en 1977, permitió la
unión de naciones diferenciadas. La "indisoluble unidad de la Nación
Española" y la definición de España como "la patria común e
indivisible de todos los españoles" del artículo 2 de la vigente
Constitución española introducen en el texto dos conceptos-como señala el
historiador Borja de Riquer-esencialistas pero escasamente democráticos.
2. - La nación
catalana es sujeto de soberanía.
La
soberanía es un concepto dinámico, que tiene en cuenta diversos aspectos como
la identidad de un grupo humano, su historia, el territorio que ocupa, la
economía o la relación con los grupos vecinos.
El
concepto de soberanía está asociado a la existencia de ciudadanos libres que
forman parte de un grupo determinado. Esta es la base del proceso que vive
ahora mismo Cataluña, pero hoy por hoy no hay ninguna posibilidad de mantener
un diálogo racional, político o científico sobre esta cuestión capital con unos
interlocutores-los representantes del estado español- que sostienen que no hay
más identidad que la suya.
La
fuente legitimadora de la soberanía española (según la Constitución de 1978) es
el principio según el cual los ciudadanos de este Estado conforman una sola
nación. Esto impide la aceptación de la existencia de colectivos de ciudadanos
que puedan sentir otra identidad nacional. La unión inseparable y eterna del
individuo con "su" nación hace que la identidad nacional no sea una
adquisición voluntaria sino un destino inexorable.
El
político conservador Antonio Cánovas del Castillo, en 1881, ya proclamó que
"España es una obra de Dios, o de la naturaleza", en respuesta a las
tesis federalistas de Francisco Pi y Margall.
Antonio
Maura, en 1918, considera incomprensible y antinatural otra identidad que no
sea la española y afirma contundente "No se elige la madre, ni los
hermanos, ni la casa paterna, ni la patria en que se nace". Más tarde, el
falangista Raimundo Fernández Cuesta proclama en1939 que "la existencia de
la nación española está por encima de opiniones, argumentos, votaciones y
plebiscitos".
La
afirmación del general Juan Antonio Chicharro, en febrero de 2013, "la
Patria vale más que la democracia" sigue en esta línea metafísica que no
contrapone la unidad de España a la secesión (ambas opciones perfectamente
defendibles democráticamente) sino que proclama un principio indisoluble y
anula la posibilidad de discutirlo.
A
pesar de todo este imaginario, la identidad catalana se mantiene con claridad,
contraponiendo diariamente argumentos y vivencias a los principios
indemostrables que vienen a decir que "el pueblo es aquel que la
Constitución dice que es el pueblo". Esta identidad propia es la fuente
legitimadora de la soberanía del pueblo de Cataluña.
3. - Cataluña quiere
un estado propio para desarrollarse según su propio criterio, no para
oponerse a nada ni a nadie. El proceso actual no se hace contra nadie, aunque ciertamente
no es indoloro ni inocuo.
El
estado propio sólo es un instrumento -no es en ningún caso un objetivo en sí
mismo- para lograr el mayor progreso, bienestar y justicia social posibles, que
constituyen la finalidad de cualquier estado democrático de derecho. El
problema de Cataluña para desarrollarse es que no tiene -ni ha tenido en
trescientos años- un Estado amigo que la respete tal como es, procurando su
progreso y buscando lo que es mejor para ella, que hubiera sido también lo
mejor para el conjunto de ese Estado.
Por
ello inicia un proceso de emancipación nacional, irreversible, que sólo tendrá
pleno sentido si asegura su orientación social y radicalmente democrática, para
configurar un Estado que supere las limitaciones democráticas de los estados
del siglo XX.
Legitimidad histórica
4. - Cataluña ya ha
sido una nación independiente.
La
nación catalana nació en el año 988, cuando el conde de Barcelona Borrell II no
renovó el juramento de fidelidad al rey franco, deshaciendo el vasallaje y
ratificando así la independencia de los condados catalanes, que hacía años que
eran autónomos. El "Forum Iudicum", del siglo XII, contemporáneo de
las "Homilías de Organyà", es el primer tratado de leyes catalanas
que se conserva.
La
unión dinástica de Ramón Berenguer IV con Petronila de Aragón, en 1162,
conformó la Corona de Aragón, organizada como una federación de estados
medievales que respetaba las singularidades de cada territorio (Cortes,
Generalitat y Constituciones) y coordinaba la política exterior hasta el año
1479. Esto quiere decir que Cataluña fue un estado independiente durante 174
años y federado con la Corona de Aragón durante otros 317 años.
5. - Con los Reyes
Católicos no nació la nación española.
Aquellos
príncipes se casaron en secreto en 1469 y accedieron a los respectivos tronos
Isabel en 1474 y Fernando en 1479. Ambas coronas conservaron las leyes e
instituciones propias; los escudos estaban juntos pero no unidos.
Al
morir Isabel, en 1516, Fernando renuncia a Castilla en favor de su hija Juana
para evitar un conflicto armado. Esto supuso la unión de las dos coronas en una
sola persona, pero manteniendo diferenciadas las Cortes, instituciones
políticas, administración pública, lenguas y moneda.
La
identidad catalana se mantuvo y en 1640 estalla la Guerra de los Segadores, en
la que Pau Claris proclama la República independiente de Cataluña (1641), que
fue sofocada y anulada en pocos meses.
6. - España, en su
dimensión actual, fue el resultado del "derecho de conquista", no de
la voluntad de sus ciudadanos.
Un
mapa oficial de 1854 diferenciaba todavía entre la España "plenamente
constitucional", la España foral (País Vasco y Navarra), la España
"asimilada" (correspondiente a la antigua Corona de Aragón) y la
España colonial, después desaparecida.
La
"nación española 'que conocemos –de matriz totalmente castellana- nació
con Felipe V, en 1716, cuando se unifica la organización política después de
vencer en la Guerra de Sucesión. El rey, aludiendo al "derecho de
conquista", abolió los fueros y quitó a Cataluña el control económico,
fiscal, judicial, aduanero y monetario propios, así como su capacidad
legislativa.
¿Por
qué no se explican todos estos hechos comprobables en los libros escolares de
Historia de España? Quizás la "lección magistral" de Esperanza
Aguirre-cuando era presidenta de la Comunidad de Madrid- nos da una respuesta:
"España es una gran Nación con 3.000 años de historia (es decir, de cuando
el rey Salomón) y eso se todo lo que tienen que saber los niños ".
7. - Algunos datos
que conviene recordar
•
La bandera catalana de las cuatro barras es del año 1050. La bandera española
de tres franjas horizontales (dos rojas y una amarilla central) es de 1785.
•
Las cortes catalanas se reunieron por primera vez en 1192, las españolas en
1834.
•
El primer "presidente" catalán es de 1359, el primer presidente de
gobierno español es de 1823.
•
La primera Constitución catalana es de 1283. La primera Constitución española
(llamada "la Pepa") es de 1812.
Legitimidad
democrática
8. - La validez de
las leyes no les otorga automáticamente legitimidad.
Ninguna
Constitución reconoce el derecho a la independencia y más de 120 naciones se
han independizado los últimos 70 años. Por tanto, todos los nuevos estados de
Europa y muchos otros estados del mundo han violado la Constitución y las leyes
para ser un estado. En Sudáfrica, por ejemplo, pedir la igualdad de derechos
entre blancos y negros era inconstitucional ... durante muchos años!
Las
leyes no siempre se ajustan al bien común o a la realidad cambiante y por ello
se modifican. El sufragio universal, la igualdad racial, la prohibición de las
minas antipersona o los referéndums vinculantes nunca hubieran sido posibles
sin movimientos ciudadanos que consiguen cambios legislativos y mejoras
históricas.
En
último caso, la insumisión pacífica y no violenta a una ley considerada injusta
es un imperativo ético de carácter personal o colectivo que no se puede
despreciar.
9. - La legitimidad
democrática debe prevalecer sobre la legitimidad de las leyes.
Las
leyes no se pueden sacralizar, o al menos no se pueden sacralizar más que la
evolución de la voluntad de los pueblos.
Las
tensiones entre derechos, democracia y territorios -según el profesor Ferran
Requejo- forman parte del debate entre legalidad y democracia (Habermas,
Michelman) y de la protección de los derechos colectivos en democracias
plurinacionales (Taylor, Walzer). Las posibles soluciones a estas tensiones deben
ser pragmáticas y de carácter particular, no hay una norma universal.
En
una democracia del siglo XXI no resulta legítimo obligar a los ciudadanos de
una colectividad nacional a quedarse dentro de un estado en contra de la
voluntad de la mayoría.
El
conflicto entre Cataluña y España no es, pues, básicamente un problema jurídico
(no hay ninguna norma que permita una consulta popular vinculante ni el posible
tránsito a la independencia) sino un problema político. El estado español debe
decidir si él mismo es una Constitución o una democracia.
10. - El detonante
del conflicto actual Cataluña-España ha sido la quiebra del Estatuto de
Autonomía de 2006.
La
sentencia del Tribunal Constitucional del 28 de junio de 2010, declarando
inconstitucionales bastantes artículos del Estatuto de Autonomía de Cataluña
votado en referéndum y previamente "cepillado" en el Congreso,
dinamitó el estado de las autonomías y su credibilidad en Cataluña. Los
argumentos en que se fundamenta la sentencia le dan legalidad, pero no tienen
legitimidad para ordenar la convivencia en el interior de Cataluña y las
relaciones entre Cataluña y España, simplemente porque sus destinatarios no
quieren.
Si
la Constitución sólo admite el ejercicio del derecho de autonomía en los
términos fijados por la sentencia del Tribunal Constitucional, la ciudadanía de
Cataluña no puede considerar la Constitución como suya, y así lo ha dicho en
dos elecciones consecutivas, con un mensaje cada vez más rotundo. Jurídicamente
es un problema difícil de plantear, pero políticamente es un problema de
resolución imprescindible.
Legislación
internacional
11. - El Tribunal
Internacional de Justicia de La Haya, en sentencia del 22 de julio de
2010 dice que "No existe en derecho internacional ninguna norma que prohíba
las declaraciones democráticas de independencia. Y no existe ninguna norma que
prohíba a la ciudadanía, cuando exista contradicción entre la legalidad
constitucional y la voluntad democráticamente expresada, hacer prevalecer esta
segunda ".
En
una sentencia sobre Kosovo, el mismo Tribunal exponía que, en caso de que se
agotaran otras vías de entendimiento y los actores políticos legítimos
proclamaran de forma no violenta una declaración de independencia, no se podría
oponer ningún obstáculo legal internacional .
12. - El Tribunal
Supremo de Canadá, poco antes del referéndum soberanista de Quebec de
1995, dictó que la Constitución no puede constreñir la voluntad popular
libremente expresada, ya que "un voto mayoritario en Quebec sobre una
pregunta clara a favor de la secesión de la provincia conferiría una
legitimidad democrática a la iniciativa de secesión que todos los demás
participantes en la federación deberían reconocer ".
Canadá
y su orden constitucional no podrían ser indiferentes a una expresión clara de
una mayoría de los quebequenses. Igualmente, Quebec no podría pretender dictar
las condiciones de la secesión. Por tanto, la votación debería ir seguida de
negociaciones relativas al posible acto de secesión, así como de sus
condiciones, "acuerdos políticos sin conclusiones predeterminadas por las
leyes". Sigue diciendo el Tribunal que "si una de las dos partes se
negara a negociar de buena fe, no se excluye la posibilidad de una declaración
inconstitucional de secesión de facto". En este caso su éxito dependería
del reconocimiento de la comunidad internacional.
El derecho a decidir
13. - Cambiar la
Constitución española no es el primer paso para poder ejercer el derecho a
decidir. Sería
conveniente, pero no necesario.
En
España se argumenta que para poder hacer un referéndum sobre el futuro de
Cataluña primero habría que cambiar la Constitución, pero esto no es así por
dos motivos: porque se confunde el hecho de preguntar en sí mismo -el derecho a
decidir- con las posibles consecuencias de su resultado -la secesión- (si el
resultado es negativo no habría que hacer nada), y también porque no se pueden
esgrimir como impedimento unas normas que sólo una de las partes puede cambiar,
máxime si esa parte ya ha expresado que no está dispuesta a cambiar en ningún
caso .
Es
obvio que hay un choque de legitimidades en juego, pero así como en la
"Ley de la Reforma Política" de 1977 se transgredieron las normas de
juego franquistas sin decirlo claramente, ahora hay que encontrar una solución
para hacer prevalecer el principio más democrático, que es la consulta a la
ciudadanía que así lo ha pedido.
14. - La voluntad
ciudadana debe poder expresar democráticamente.
Más
allá de la trayectoria histórica que explica la existencia de una voluntad de
ser pueblo y nación, así como los lazos culturales y lingüísticos de una
comunidad con otros territorios, es la voluntad popular la que legitima en
último caso cualquier identidad nacional.
La
población de Cataluña ha expresado ya con claridad dos veces su voluntad mayoritaria,
desde la "ruptura" de la Transición con la sentencia del Tribunal
Constitucional de junio de 2010.
El
movimiento democrático que quiere construir un nuevo estado que resuelva -a
juicio de quien lo considera- la relación desigual entre Cataluña y España,
basada en la dominación y en la imposición, es absolutamente legítimo si esta
opción garantiza los derechos democráticos y sociales fundamentales. Incluso el
de elegir la propia identidad sin menoscabar los derechos de ciudadanía para
quienes no la sientan como propia.
En
esa tesitura, sólo la expresión libre de la ciudadanía dará a conocer el apoyo
efectivo de esta opción de nueva organización política. Cualquier persona o
colectivo que defienda la radicalidad democrática debe estar de acuerdo en que
un problema político hay resolverlo con la herramienta política más potente: la
consulta a la ciudadanía.
15. - Quien incumple las
leyes no puede negar la democracia. Quien incumple el Estatuto no puede
negar la consulta ... ni invocar la Constitución cuando le interesa, sin
cumplir todas las Leyes fundamentales, como los Estatutos de Autonomía.
Desde
la entrada en vigor del Estatuto de Cataluña de 2006 sólo ha habido tres
reuniones de la comisión bilateral que debe desplegar y hacer los traspasos de
competencias. La última reunión es de julio de 2011, el total de traspasos
hechos es de 7 y hay, al menos, 29 traspasos pendientes. De estos traspasos
hechos algunos están incompletos (por ejemplo se ha traspasado la gestión de la
red de los trenes de cercanías, pero sin el traspaso de los trenes, las vías y
las estaciones). También se ha prometido el pago de la deuda contemplado en la
disposición adicional tercera del Estatuto (sólo el primer año, 759 millones)
que ni siquiera se ha reconocido posteriormente.
Pero
esto no es nuevo en las relaciones Generalitat-Estado. Desde la aprobación de
la LOAPA en plena transición política (primer gobierno de Felipe González
1982-86), que significó la muerte del espíritu inicial del estado de las
autonomías, el Estado ha sido siempre receloso en la distribución de
competencias, con incumplimientos reiterados de Leyes Orgánicas (Los Estatutos
de Autonomía) y de los compromisos adquiridos, manteniendo para él funciones
duplicadas –hecho muy grave y poco divulgado- y con continuadas demandas al
Tribunal Constitucional.
Identidad y lengua
16. - El estado
español no acepta de buen grado la diversidad lingüística.
La
organización lingüística española sólo ha trabajado, desde siempre, el
castellano, fruto de la herencia de confusión entre España y Castilla,
manteniendo una política asimilacionista: estructuración de los cuerpos de
seguridad del Estado alérgica a la diversidad lingüística, regulación de los
mercados que dificulta el uso de las lenguas que no sean el castellano, mundo
judicial absolutamente castellanizado, legislación audiovisual lingüísticamente
homogeneizadora, acción exterior del Estado como si éste tuviera sólo una
lengua, ... (F.Xavier Vila).
Esto
no es lo que ha pasado y pasa, por ejemplo, en Canadá -donde el Estado promueve
el uso del inglés y el francés en todo el país-, en Bélgica -estado unitario
plurilingüístico- o en Gran Bretaña. Está claro que para los representantes de
España ... ¡ninguno de estos países son nuestro caso!
Seis
millones de personas hablamos habitualmente catalán en España. El catalán es la
22 ª lengua más traducida en el mundo y se puede estudiar en 114 universidades
de todo el mundo (¿cuántas de éstas en España, fuera de Cataluña?). Pese a
estos datos, el catalán no es lengua oficial de estado en Europa. El gaélico,
con 77.000 hablantes sí lo es porque su Estado lo considera un patrimonio
cultural y un activo del país.
17. - La imposición
del castellano y el menosprecio del catalán no son una invención interesada,
sino una realidad contrastada durante siglos.
La
expresión "habla en cristiano", escuchada repetidamente durante la
dictadura franquista, no era producto de una cierta incultura sino de una
cultura uniformizadora muy arraigada. Históricamente la diversidad lingüística
de España ha molestado mucho a las élites políticas, económicas y culturales de
cuño castellano durante los últimos trescientos años. La han vivido como un
estorbo más que como una riqueza.
La
aproximación del Estado, que tiene raíces imperiales y jacobinas, a la realidad
pluricultural y plurilingüística ha estado siempre mucho más cercana a la
multiculturalidad -permitiendo las otras lenguas en un régimen de desigualdad y
subordinación- que a una verdadera interculturalidad, enriquecimiento mutuo y
mestizaje cultural.
Algunos
botones de muestra son el Edicto Real de 1837, que imponía castigos a los niños
que hablaran catalán en la escuela, o bien la prohibición de poner telegramas y
de hablar en catalán por teléfono (Orden de Correos y Telégrafos, de 1896), la
"Orden del Ministerio de Educación Nacional" de 1939, prohibiendo el
uso público del catalán o incluso la Constitución de 1978, nada equitativa en
cuestiones lingüísticas en los territorios con lengua propia, cuestión que
provoca conflictos continuos, algunos de ellos creados por un Estado que no
traga esa diversidad más allá del folclore.
Razones económicas
18. - El déficit
fiscal de Cataluña con España no es ni razonable ni comparativo con ninguna
otra situación en estados democráticos.
En
cifras redondas podemos decir que en los últimos tres años en Cataluña se han
recaudado anualmente unos 32.000 millones de euros, de los que retornan en
forma de inversiones, transferencias y otros unos 19.000 millones.
Cataluña
es el territorio donde el Estado invierte menos por habitante, de forma
continuada. El stock de capital público es un 27% menor que la media estatal
(según el economista Carlos Boix). Aunque la población catalana supone más del
16% de la española, el gasto público en Cataluña -una vez descontadas las
transferencias directas en pensiones y subsidios de paro- supone un 11,2% de
toda la del Estado, convirtiéndola en la penúltima comunidad en gasto per
cápita en educación y sanidad.
Mientras
la inversión en políticas sociales representa para el conjunto de España un
25,3% del PIB (datos de 2010), en Cataluña esta cifra supone sólo el 21,4% del
PIB.
19. - El
empobrecimiento gradual de Cataluña no beneficia a un enriquecimiento eficiente
del conjunto del Estado.
La
falta continuada de inversiones y de transferencias por habitante en Cataluña
ayudan a explicar por qué el PIB catalán era un 18% más alto que el español en
1995 y sólo un 8% más alto en el año 2010, sólo quince años después. Comparado
con el régimen fiscal del País Vasco los datos son elocuentes: en 1995 el PIB
catalán era un 4% más alto que el PIB del País Vasco y quince años después era
un 16% más bajo. Mientras Euskadi ha podido proveerse de los bienes públicos
esenciales para ser competitivo en un mundo globalizado, Cataluña no lo ha
podido hacer, en detrimento de su crecimiento pero también del crecimiento del
conjunto del Estado.
20. - No se conoce
ningún país -salvo España- donde se haya promovido el boicot a productos de una
comunidad del propio país.
Resulta
inaudito, y también insultante, que en estos años de crisis económica aguda el
resto de España haya hecho (de manera pública o no pública) boicot a algunos
productos catalanes, como el cava, haciendo caer el consumo interno en unas
cantidades que sólo el incremento de la exportación ha podido ir compensando.
Resulta
inaudito, y también significativo, que en círculos económicos madrileños se
prefiera que una multinacional externa compre una empresa española a que lo
haga una empresa catalana, o que se haga un pedido importante de un alimento a
una empresa externa a un precio superior al que se podría conseguir en
Cataluña. O que un mando militar se niegue a surtir un cuartel de agua
embotellada catalana (que en realidad es de capital francés). Este
comportamiento sigue el patrón que ha habido, durante siglos, de una España
"plenamente constitucional" (como decía un mapa de 1854) y otra
"España asimilada" que siempre parece impura, siempre debe
justificarse o demostrar algo para poder ser quien es ...
Y,
especialmente, resulta inaudito que quien tiene responsabilidades de Estado no
haya frenado todo esto de forma inmediata, haya actuado con miedo o ... quizá
con mala fe.
Fundamentos de un
Estado social
21. - Queremos un
Estado digno de serlo.
Un
nuevo estado del siglo XXI debe tener un compromiso de radicalidad democrática,
y no únicamente las estructuras de estado habituales en las organizaciones
creadas en los siglos anteriores. Este compromiso de toda la sociedad catalana
debe fundamentarse, al menos, en:
•
Una fórmula de representación directa y cercana de la ciudadanía con sus
representantes parlamentarios
•
La consulta a la ciudadanía en aquellos temas importantes que afecten a la
organización social y la definición de políticas de Estado
•
La participación de las organizaciones de la sociedad civil en el diseño,
seguimiento y evaluación de políticas públicas
•
La denuncia de los paraísos fiscales y el refuerzo de normas y controles para
la lucha contra el fraude y el blanqueo de dinero
•
El trabajo por una cultura de paz y una política de "defensa" basada
en los principios de seguridad humana. Un estado sin ejército y con un servicio
civil de paz noviolento. Un país que destina el 'dividendo de paz' resultante
a la cooperación internacional ya mantener una política de seguridad compartida
con toda la ciudadanía.
22. - Queremos un
Estado en diálogo con nuestros vecinos.
Después
de trescientos años de unión por la fuerza y en un contexto de conflicto
grave con España, toca hablar de cómo organizamos el futuro. De cómo
encontramos una salida democrática a un conflicto permanente.
Después
de tanto tiempo en que unos hablan de victimismo donde otros ven maltrato, de
sentir menosprecio donde otros no ven más que homogeneidad, y del deseo cada
vez más extendido en Cataluña de ser mejores vecinos de lo que hemos estado
mucho tiempo, parientes mediocres, se debe afrontar la realidad.
Hemos
probado estos años un modelo democrático de convivencia, que ha cristalizado en
un "café para todos" sin poder opinar sobre quién se quedaba el pollo -el estado español- (mosén Ballarín dixit),
y, claro, no ha funcionado. Ahora toca hablar y negociar, con realismo, las
bases de esta nueva vecindad, de dos naciones que -federadas, confederadas o miembros de
una Unión-, ahora sí en plano de igualdad, quieren ir de la mano para construir
una Europa más democrática y un mundo más fraterno.
Xavier
Masllorens (xavier@masllorens.cat)
Abril
de 2013
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