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lunes, 3 de octubre de 2016

Un mundo con demasiados miedos

Escribo aún en estado de shock, después de la ajustada victoria del NO en el plebiscito de Colombia (ayer, 2 de octubre) sobre los acuerdos de paz. El resultado no puede simplificarse como un NO a la paz, ni tan sólo como un NO a construir un país más justo. Pero quizás sí se puede simplificar como un NO a la generosidad con los combatientes (guerrilleros de un lado, paramilitares del otro), como un NO a pasar página a partir de la verdad, la reparación a las víctimas y al compromiso de no repetición, o como un NO a firmar la paz con quien la derecha conservadora y las élites económicas piensan cada año que están a punto de derrotar definitivamente.

En el país más desigual de América Latina (un 0,49% de la población tiene el 50% de la tierra, por ejemplo) y ante la paralización de los acuerdos recientemente firmados, no se puede dejar la negociación sobre el futuro al gobierno, las FARC y a los que han dicho NO a este acuerdo, sino que procede --a partir de ahora mismo-- crear una mesa de concertación con otros actores cívicos y sociales para debatir no sólo sobre la desmilitarización del país, sino también sobre las medidas que habrá que tomar para mejorar la equidad, el respeto a los derechos de todos y la justiocia social.

Éste de Colombia no es el únicop ejemplo de decisión tomada en el último año presa del miedo, compañero siempre defensivo y cobarde. Fijémonos en muchos de los argumentos del Brexit en Gran Bretaña, o de las políticas anti-immigración en Hungria y tros países del este de Europa, o de la paralización de conversaciones de paz entre Israel y Palestina, o de la tibieza internacional a condenar los excesos rusos en sus fronteras, o a la necesidad rusa de reivindicarse como potencia mundial con orgullo, o del dominio regional de Arabia Saudita conculcando derechos a diestro y siniestro, con la comunidad internacional mirando hacia otro lado, o las razones por las que Europa se desntiende del millón de refugiados que han llamado a su puesta con desesperación, o ...  Fijémonos bien, porque muchos de los argumentos aducidos tienen como base el miedo a la pérdida de privilegios, el miedo a no ser bien considerados, el miedo a la diversidad, el miedo a lo desconocido, el miedo al mestizaje, el miedo a dejar de ser quienes somos, el miedo, siempre el miedo,...

El mundo que nos llega, ya globalizado económicamente, sólo podrá ser un mundo donde las causas y los, problemas también serán globales, para bnien o para mal, y nos afectarán de manera directa. Las reacciones de "a mi no me afecta" tienen anunciada la fecha de caducidad, y como nos afectan habrá que afrontarlos con visión global y ánimo constructivo. Se acaban las jaulas de cristal y los privilegios geográficos, si no queremos ver un mundo invivible en permanente violencia. Los cantos de sirena de la extrema derecha xenófoba y elitista se oirán un tiempo (y lamentablemente influirán todavía en las decisiones políticas) pero no pueden augurar más que enfrentamiento y desorden.

El miedo no es un buen consejero y muy a menudo aboca al ensimismamiento, a la defensa numantina sin razones, a la exclusión del otro, a la no-cooperación sistemática.. Por eso, la conciencia ciudadana y las luchas informadas por los derechos humanos, la justicia global y la paz son más necesarias que nunca, no sea que cuando nos demos cuenta habitemos ya en un mundo con miedo en cada esquina. Con miedo al otro, que es como nosotros y también tendrá miedo.

domingo, 26 de junio de 2016

No es esto, compañeros, no es esto

Estas semanas he hecho campaña, modesta pero activa, escribiendo en twitter a favor del Brexit, por razones opuestas a las que han defendido la mayoría de británicos partidarios de salir de la Unión Europea: yo no he deseado nunca una Europa que se limite a ser sólo un mercado común --como ha defendido siempre GB-- ni una Unión limitada por el poder soberano y excesivo de los Estados miembros --como siguen pretendiendo las élites económicas y políticas de los países jacobinos como España--, ni un entramado burocrático que permite privilegios entre Estados (como el cheque británico), sino una Europa de los ciudadanos en que los máximos mandatarios políticos nos representen y sean elegidos en votación democrática, i donde un Parlamento Europeo tenga competencias definitivamente cedidas por los Estados.

Ahora, una vez realizado el referéndum británico, parece que vuelven a confundirnos interesadamente los términos, haciendo más caso a los cantos de sirena contra la inmigración y el asilo --no sea que demos alas a los partidos xenófobos--, reforzando los nacionalismos y los poderes de los Estados i proclamando quizás una Europa de dos velocidades, para permitir que el eje franco-alemán gane aún más peso i sigamos yendo a remolque de unos intereses que no son los de la mayoría. Todo ello como una involución en la dirección errónea. Ahora, más que nunca, habrá que saber leer entre líneas y fomentar que haya una opinión pública capaz de debatir en profundidad y de proclamar la queja de fondo de millones de ciudadanos, que no queremos más Estado i más economía sino más democracia directa, más política y sobre todo más políticas sociales.

Mucho de lo que está pasando tiene que ver con el miedo, que és un mal consejero y sobre todo lo contrario a la confianza, que está en la base de la paz y de la justicia. Será necesario volver a alzar la voz desde la calle, para repetir una y mil veces "no es esto, compañeros, no es esto". La salida de Gran Bretaña de la Unión es un golpe más en la triple crisis que vive Europa: de valores, institucional y de ineficacia, pero no es la única ni posiblement la más importante, porque la libre circulación de bienes y servicios no se frenará y Europa seguirá firmando Tratados con GB porque "God save the Queen" y la pela es la pela.

Más profunda me parece la crisis de valores y de inacción que vivimos, ante más de un millón de personas que llaman a la puerta de una Europa de 300 millones que dice, en boca de sus portavoces oficiales --¡mentira!-- que hay "una crisis de refugiados casi inabordable" y que identifica la población refugiada con la inmigración irregular, convirtiendo las políticas de inmigración en políticas de seguridad, como si habláramos siempre de enemigos potenciales. Esto también atiza el miedo de la gente, destroza la confianza y da alas al pensamiento xenófobo y a los nacionamismos de raíz étnica.

Si regresamos a unas pantallas atrás al año 2000, con la elaboración de una Constitución europea en base a sus pueblos más que a sus Estados, podremos construir sobre bases sólidas lo que --me permito pensar-- quiere una buena parte de la ciudadanía: una Europa de las regiones y de los pueblos, ejemplo de multiculturalismo y de solidaridad mundial, sin cuotas asignadas de poder (28 comisarios, uno por Estado, ¿dónde se ha visto?), con un Parlamento con algunas competencias legislativas exclusivas, con menos  burocracia, más efectividad y una voz potente.

Es la hora de la responsabilidad. Ojalá comencemos a reclamar solidaridad con los refugiados para perder el miedo a unos poderes que no os representan. Sería la primera piedra de una construcción que demostraría que hemos entendido el enfado de mucha buena gente en toda Europa.

lunes, 7 de marzo de 2016

Crisis migratoria y de refugio, el reto pendiente

Reproduzco, por su valor y acierto, el artículo publicado por la Coordinadora española de ONG para el desarrollo:

El planeta afronta la peor crisis migratoria y de refugio de la historia. Casi 60 millones de personas se han visto obligadas a abandonar sus hogares, un vergonzoso record que evidencia a incapacidad de los gobiernos de garantizar los derechos humanos.
La respuesta europea a esta crisis está lejos de sus valores fundacionales. Mientras miles de personas pierden su vida en trayectos peligrosos por tierra y por mar, la EU construye vallas, militariza las fronteras e incumple tratados internacionales en materia de derechos humanos e incluso su propia legislación.
Las personas que inician estos viajes a ciegas huyen de conflictos bélicos, condiciones de pobreza extrema y de violación sistemática de derechos humanos. Nadie comienza una huída de este tipo, poniendo en peligro su vida y la de sus familias, si no es porque no tiene otra opción. No hay muros frenen  el derecho de las personas a encontrar un sitio seguro donde vivir.
Mientras se incumplen las obligaciones en materia de migración, asilo y refugio, se recortan los fondos para cooperación internacional que podrían contribuir a la mejora de la situación en los países de origen. Se llega incluso a plantear que parte de esos escasos fondos para cooperación sean destinados a la atención de las personas que llegan a nuestras fronteras. La atención a estas personas exige contar con fondos adicionales, específicos y suficientes.
Mientras se violan sistemáticamente los derechos humanos a las puertas de Europa, el comercio de armas continúa aumentando sus beneficios; y la lucha por el negocio de los recursos naturales del planeta y los intereses geoestratégicos campa a sus anchas.
Consecuencias extremadamente peligrosas
Las graves consecuencias de este tipo de decisiones ya se están dejando ver. Los discursos y propuestas políticas xenófobas ganan terreno y con ellos los ataques a centros de acogida a migrantes y refugiados. Aunque afortunadamente, aún son residuales, la UE y sus Estados miembros deberían mantener la alerta para evitar que se repitan los graves errores del pasado.
La ciudadanía, como viene demostrando desde hace tiempo, está muy por encima de las decisiones políticas. ONG, grupos sociales, voluntarios y voluntarias, y la ciudadanía en general se está organizando tanto en los puntos de llegada como en múltiples ciudades para salvar vidas, atender a las personas que llegan a nuestros países y contrarrestar los mensajes y discursos que criminalizan a quien debe ser protegido.
Desde la Coordinadora de ONGD venimos denunciando esta situación y sumándonos a las propuestas ciudadanas que se están desarrollando en este sentido.

lunes, 22 de febrero de 2016

A las verdes y a las maduras, señor Suárez

"Un poquito de impossible o me ahogo", leí hace pocos días en un artículo, a propósito de la cárcel en que estamos convirtiendo nuestro cerebro, limitando nuestras posibilidades de actuación a "aquello que es posible", cada vez más acotado i domesticado por la economía y su seguidismo político. Como estoy convencido que la Historia avanza a fuer de convertir lo imposible en posible, llamadme ingenuo mientras la realidad vaya jugando a favor mío.

Un ejemplo de esta prisión mental lo tenemos en las recientes declaraciones del alcalde de Ferrol, Jorge Suárez, de la coalición de izquierdas Las Mareas, que espera (supongo que quiere decir desea) que se confirme el contrato de Navantia para la construcción de cinco fragatas de guerra para Arabia Saudí. "Tengo problemas de conciencia con esos contratos, ya que no es lo mismo hacer buques para Noruega que para Arabia Saudí, pero la situación de la comarca es la que es, y entre la conciencia y el hambre ...".

Suárez no es el único a avalar este contrato inmoral. El alcalde de Cádiz, José María González, Kichi, de Podemos, dijo lo mismo hace unos días. Parece que un contrato que puede llegar a los 3.000 millones de dólares en cinco años debe pesar más en la balanza que la conculcación de la Ley española de comercio de armas (que ha costado más de veinte años de trabajo y de presión política para poder aprobarla) y que el apoyo a una monarquía dictatorial que está en guerra abierta en Yemen -2.5 millones de personas desplazadas, 21 millones con necesidad de ayuda humanitaria, 6.000 muertos y 28.000 heridos-, un régimen que da apoyo a milicias sunitas en Líbano, Siria y otros países árabes, y vete a saber con qué relaciones con Estado Islámico, el último demonio conocido.

De manera que, si el gobierno español aprueba este contrato, además de cometer una inmoralidad cometerá una ilegalidad flagrante. Mira por donde no todo vale, señor Suárez, y si en lugar de aplaudir el hecho de que nuestros principales comerciales del Estado sean el ministro de Defensa y el Rey emérito tuviéramos otro tipo de comerciales de Estado, las cosas podrían ser distintas: el dilema no es "o trabajo o hambre", es un poco más complejo. Se trata de buscar trabajo digno y dejar de remover y remover en la industria de la muerte, el comercio de unas armas que más pronto que tarde llegan a manos asesinas.

Iría bien recordarnos que nuestra conciencia no es una cárcel, no es prisionera del posibilismo de mirada corta y vuelo rasante que sólo ve lo que tiene delante de la nariz. En definitiva, que entre la conciencia y el hambre ponemos el raciocinio y sabemos valorar las consecuencias de nuestros actos.

martes, 20 de octubre de 2015

Jerusalén: una ciudad dividida por la derecha que la quería indivisible

Reproduzco el artículo que acaba de publicar Meir Margalit, activista y miembro del Centro de >Iniciativas de Paz de Jerusalén:
Jerusalén: una ciudad dividida por la derecha que la quería indivisible
Meir Margalit
Como un deja vu angustiante, como una tormenta que no deja de azotarnos, vuelve a estallar esta nueva ola de violencia. Y nos deja perplejos y avergonzados por la impotencia kafkiana de quien sabe lo que habría que hacer para acabar, de una vez por todas, con esta violencia endémica, pero nadie lo escucha.  Esto era de esperar, en particular en épocas de festividades judías, cuando religiosos derechistas se empecinan en subir a la Explanada de las Mezquitas, exasperando los nervios palestinos, que ya están tensos al máximo sin necesidad de estas provocaciones. Era de esperar, pero, por obra del diablo, estas irrupciones de violencia siempre nos toman por sorpresa, nunca se está lo suficientemente preparado para enfrentarlas.   
Sin embargo, a pesar de esa sensación de haber ya presenciado la misma película, podemos notar algunos rasgos propios de esta revuelta.  Por primera vez en muchos años, se produce un acontecimiento perturbador en el que los jóvenes palestinos de Jerusalén se vuelcan a las calles en forma masiva, espontánea, sin apoyo de ningún movimiento organizado, apedreando todo símbolo israelí que se cruza en su camino, atropellando civiles israelíes y atacando con cuchillos de cocina, hasta llegar a su máxima expresión la semana pasada cuando un niño palestino de 13 años atacó a cuchillazos a otro niño israelí de la misma edad, lo que convirtió automáticamente a cada niño palestino en "terrorista activo" a ojos israelíes. 
Este modelo de rebelión ha dejado a la policía israelí perpleja, ya que este estilo de  ataques son imprevisibles e imposibles de prevenir. Mucho mas fácil para los servicios de seguridad israelí es combatir células terroristas organizadas que enfrentarse a civiles armados con cuchillos caseros  que, en un momento de ira, deciden acuchillar al primer israelí que se cruza en su camino. Esta nueva estrategia popular palestina ha producido un cambio sumamente significativo en el desarrollo del conflicto. Hasta tal punto, que por primera vez en muchos años podemos declarar que la calle palestina en Jerusalén oriental ha logrado un triunfo contundente, aunque no sea más que como un "gol en contra" del gobierno israelí.
La imposición de un estado de sitio en Jerusalén oriental -o lo que Giorgio Agamben denomina "un estado de excepción"-, que incluye la utilización por primera vez desde 1967 de fuerzas militares como refuerzo a la policía local y de bloques de cemento que separan los barrios palestinos de los israelíes, es sin duda alguna uno de los triunfos mas contundentes de los jóvenes rebeldes de Jerusalén oriental. Ello requiere una lectura atenta de los significados simbólicos que representa, ya que a primera vista pasan desapercibidos.
Lo primero que resalta es, por encima de todo, el estado de pánico en que esta sumergida la sociedad israelí, la incapacidad para controlar la situación, y el grado de cinismo con que el gobierno manipula la opinión publica israelí, apoyándose en que nadie conoce la geografía del lugar: da igual cuantas vallas instale la policía en Jerusalén oriental, siempre habrá un hueco por el que unos terroristas dispuestos a todo podrán infiltrarse a la parte occidental de la ciudad. Pero lo mas significativo es que al declarar el “estado de sitio”, el gobierno israelí ha dividido de facto la ciudad de Jerusalén.  
La izquierda israelí aduce desde hace 46 años, sin mayor éxito, que el modelo de ciudad unificada no tiene futuro y es necesario dividirla: ahora lo ha llevado a la práctica la derecha israelí sin mayor remordimiento de conciencia. El despliegue de soldados y bloques de cemento en las rutas que conectan a los barrios palestinos con la parte israeli es sumamente simbólico porque nos remiten a los Territorios Ocupados de Cisjordania. Los transforma en un claro significante de la anulación de distinciones entre Jerusalén y los Territorios Ocupados, o lo que  podría denominarse la "Cisjordanización de Jerusalén".  Nunca Jerusalén oriental ha estado tan cerca de los territorios ocupados y tan lejos de Jerusalén occidental.
Y este "gol en contra" llega a tiempo. Durante los últimos años, y a medida que la situación económica ha ido mejorando, la población adulta de Jerusalén oriental comenzó a acomodarse o a resignarse a la ocupación. A partir de ahora esta percepción colapsa y la gente vuelve a recordar que están bajo una ocupación militar que, por mas beneficios económicos que pueda conllevar, es y será insoportable.  Durante los últimos años, gracias a una política de gestos implementada por el actual alcalde israelí de la ciudad, la ocupación perdió su fachada opresora y su imagen se volvió mas light, hasta tal punto que los últimos sondeos demuestran que mas de la mitad estarían dispuestos a adquirir la ciudadanía israelí.    Este proceso de doblegamiento a la ocupación ha colapsado estruendosamente, ha sido literalmente quebrado por los jóvenes. La dosis de relativa prosperidad que el alcalde Barkat  suministro a sus padres, no les atañe: están en esa edad en la que la dignidad y el orgullo son factores decisivos en la consolidación de su identidad, mucho más importantes que la prosperidad económica que persiguen sus padres. 
La idea de tranquilizar al publico israelí gracias a las barreras no es nueva en nuestra región.  Durante la segunda Intifada, fue Ariel Sharon el primero en promover en 2002 la construcción de la muralla de separación a fin de calmar a la población israelí.  Siguiendo esta lógica escapista, Netanyahu introduce vallas de cemento armado con el mismo objetivo. Construir otra muralla seria demasiado exagerado pero, salvando las diferencias, en ambos casos el resultado es el mismo: Sharon y Netanyahu dividen la ciudad de facto.
Diez años después de construida la muralla de separación, que dejó fuera a extensas partes de la ciudad y a más de 50.000 residentes palestinos, el gobierno actual separa Jerusalén oriental en una serie de enclaves cerrados que, mas que afectar la vida cotidiana, producen un cambio total en la mentalidad palestina respecto a la ocupación.  Netanyahu les ha vuelto a recordar que viven bajo ocupación militar, y ha reavivado de esa manera el ansia palestina de liberación.
La tensión generada por estos disturbios ha corroborado que el modelo de la "Jerusalén unificada" es insostenible, que por debajo de la tierra ruge un volcán. La tenacidad con la que la población joven desafía al sistema israelí es la prueba contundente de que este régimen de ocupación esta destinado a enfrentar periódicamente alzamientos violentos que, a largo plazo, acabaran desmoronándolo. Toda represión es temporal por definición y la actual represión policial esta sembrando las semillas de la próxima rebelión. Los jóvenes palestinos arrestados, cuyo numero ronda los 2.500, llevarán en sus venas por siempre el ansia de revancha. Y el folklore local ya esta fertilizando la próxima generación de jóvenes que aspira imitarlos, porque en el imaginario local esos son los pequeños guerrilleros que, poniendo en jaque a la policía,  salvaron la dignidad nacional.
Todavía es prematuro saber si estamos ante la tercera Intifada. Sea cual fuere el futuro,  el valor intrínsico del levantamiento juvenil  consiste en haber puesto de relieve la patología del sistema municipal de Jerusalén y, más allá de sus logros a corto plazo, los acontecimientos han dejado claro que una estructura de esta índole podría perdurar, pero no tiene derecho a existir. 
Un proverbio hebreo dice que la labor de los santos es realizada por gente común.  No se si será cierto. Pero lo que esta claro es que el objetivo de la izquierda lo está llevando a cabo, a su brutal manera, la derecha.   
www.sinpermiso.info, 17 de octubre 2015 





martes, 15 de septiembre de 2015

Carta de una abuela castellana

Soy española, vivo en Barcelona, soy del Real Madrid, hablo castellano y no me siento catalana. Pero mañana votaría sí a la independencia de Cataluña.
No entiendo de Política, no me sé la constitución
 
Entiendo de personas. Las personas se entienden cuando se respetan, se toleran y se escuchan. Las personas se casan porque en un determinado momento se enamoran y deciden por ambas partes compartir sus vidas, sus beneficios y sus penas. Compartir, tolerar y respetar. En lo bueno y en lo malo. 
Pero a pesar de lo prometido a veces se rompe el amor, sin intencionalidad, sin maldad, con todo el dolor de nuestro corazón. Y se puede romper por ambas partes o sólo por una. En ambos casos hay divorcio, de mutuo acuerdo, de malos modos. Pero nunca se obliga a
nadie a quedarse en un matrimonio en contra de su voluntad. Si una de las partes se quiere ir, se va. Con todo el dolor de nuestro corazón. Y en el supuesto caso que pretendiéramos que se quedara, que debiera recapacitar y renunciar a su libertad, ¡No se le amenaza, se le
infravalora, se le ignora, se mal juzga o se le deja de respetar!
 
En ese absurdo caso sólo se consigue el caso opuesto: más determinación. La decisión de independizarse ya no sale de su razón, de su reflexión o decisión. Sale directamente de su corazón. Primitivamente. ¡Secuestro amigdalar! Han ofendido su autoestima, su sensación de país. Su orgullo. 
Soy madre de tres niños, han nacido y se están criando aquí. Yo soy española, siempre lo seré, viva donde viva. De igual manera que si viniera un japonés a vivir a España siempre sería japonés. La nacionalidad se forma en un determinado momento de nuestra infancia, percibo, supongo. Ellos decidirán su nacionalidad y si quieren, deciden, optan o sienten que son catalanes por encima de cualquier cosa, no pondré reparos. No serán menos ni más que nadie. 
Pero por delante de las banderas estamos las personas.
Y por delante del patriotismo debería ir el sentido común y el respeto. Hablo desde mi experiencia y las peores traiciones no me las ha hecho ningún catalán. Pero la mayor lealtad sí la he vivido en esta tierra, con esta gente. Y no entiendo de política, pero creo que hubiera sido más rico para la historia de España respetar a Cataluña como tal, como ellos se sienten, con su riqueza de cultura, gente y generosidad. Respetarla y tratarla por su valía. Pero sospecho que ya es tarde. Un poquito de respeto de vez en cuando no viene mal.
 
Por todo ello mañana yo votaría sí a la independencia de un "país" que no quiere formar parte de otro, simple- mente porque no se siente respetado. Tan simple como la vida misma.

Beatriz Puerta 

jueves, 14 de mayo de 2015

La inmigración en el Mediterráneo no es tal, es una crisis humanitaria

¿Sabías que en 2014 llegaron a Europa un total de 440.000 personas de países empobrecidos o en guerra, y que 252.000 de ellas fueron retornadas a sus países de origen después de juicios rápidos? Eso significa que se quedaron en Europa menos de 200.000 personas, que significa un 0,04% de la población europea.

¿Sabías que Canadá tiene una política de cupo migratorio de un 1% anual sobre su población?  ¡Hubiera supuesto la integración de 5 millones de personas! ¿Sabías que -a pesar de las continuas alertas de los telenoticias- en 2015 han llegado a Europa un total de 50.000 personas? Dicho esto, ¿cópmo es que hay un sentimiento bastamnte generalizado de desbordamiento, de alud migratorio, y se habla de inmigración cuando habría que hablar de crisis humanitaria, porque se trata sobre todo de una crisis humanitaria de proporciones gigantescas?

Hay, según muchos indicios, diversas causas e intereses que la ciudadanía concienciada debería desvelar. En primer lugar, hay un problema importante de percepción sobre la inmigración. Según un estudio publicado en The Guardian, España es el cuarto estado en el mundo donde la percepción sobre la inmigración es más errónea: se piensa, por ejemplo, que la población musulmana es del 13% sobre el total, cuando en realidad es del 2%. Esta percepción errónea comndiciona mucho cualquier debate, porque introduce factores como el miedo a aquello que es distinto, desconocido y potencialmente "invasivo", lo cual dificulta abordar con serenidad un tema (la integración social de la población recién llegada) de humanidad y de justicia global, y lo convierte en un tema de seguridad interior. Eso es lo que están haciendo, por ejemplo, los dirigentes de la Unión Europea que escamotean el verdadero debate humanitario para esconder nuestras vergüenzas colectivas. 

El segundo error interesado -éste más dramático- es hablar de inmigración y no de crisis humanitaria. A pesar de que la brecha económica entyre el norte y el sur del Mediterráneo es mayor que en cualquier otro lugar del mundo (una proporción de ingresos de 7 a 1 por el mismo trabajo entre África y el sur de Europa), en estos momentos la población africana sabe que en Europa hay muchos menos puestos de trabajo vacantes que hace unos años y 9 de cada 10 africanos emigran de sus países hacia países vecinos, y solamente 1 de cada 10 lo hace a Europa. Hoy la llegada masiva por mar a Europa se da de países en conflicto (Síria, Iraq, Somalia, Libia, Eritrea, Yemen...), donde hay más de cinco muillones de desplazados internos y refugiados que no tienen ese estatuto reconocido.

Mientras tanto, los dirigentes de la vieja Europa siguen tratando el tema como un problema de inmigración económica, con una conducta que podemos tachar de criminal si atendemos al hecho de que se trata de fugitivos de guerra, familias enteras que se juegan la piel en un éxodo incierto y cruel. Familias que llenan el Mare Nostrum de muertos y lo convierten en el Mare Mortum de nuestra vergüenza.

¿Qué podemos hacer, o mejor, qué debemos hacer de forma urgente? De entrada, promover un acuerdo internacional que aseguri los derechos de los refugiados, que asegure a las poblaciones el derecho a huir de un conflicto armado y a tener el estatuto de refugiados.

¿Cómo hacerlo? Manteniendo abiertas las fronteras de todos los países de la zona (en estos momentos, especialmente Jordania, Iraq y Turquía) , con el compromiso de Occidente de financiar la estancia provisional de la población refugiada, asegurando la seguridad de los campos de refugiados y facilitando un proceso de identificación de las personas para proporcionarles el estatuto internacional de refugiados de guerra a aquellas que no sean combatientes. 

Mientras no hagamos eso, en lugar de hablar de destruir barcos y perseguir quimeras con grandes discursos, tenemos una responsabilidad criminal con cada una de las personas que mueren en el mar huyendo de su desgracia. Si no los queremos en Europa, facilitemos que puedan vivir en países próximos hasta su regreso a casa. Se hizo en 1988 en Camboya y se puede hacer ahora. Se tiene que hacer ahora, sin esperar más.

jueves, 27 de noviembre de 2014

¡Eso es solidaridad, sí señora!

La primera semana de diciembre entrarán en el Parlament de Catalunya los presupuestos de la Generalitat para el año 2015, que presentan un dato vergonzante y curioso:  destinan poco más de 1 € por habitante a las políticas de fomento de paz, promoción de los derechos humanos y cooperación internacional al desarrollo que gestionará la Agencia catalana de cooperación (ACCD). Sí, has leído bien, un euro por habitante en todo el año.

Para podernos dar cuenta de la ridiculez de esta cifra sólo hay que compararla con alguna otra: Previsiblemente las cifras para el Ministerio de Defensa español 2015 supondrán para cada catalán unos 196 €, la indemnización por el fallido "proyecto Castor" supondrá la aportación de 29 € por ciudadano y el rescate a los bancos españoles ha supuesto ya la contribución inicial -directa y obligada- de 2.219 € per cápita.

Todavía más. Mientras el gobierno catalán habla de destinar 8,5 M€ en 2015 a la cooperación al desarrollo a través de la Agencia responsable, el presupuesto 2013 de Médicos Sin Fronteras fue de 116 M€, el de Oxfam Intermón de 82,9 M€ y el de Educo de 32,5 M€, por citar solamente organizaciones de cooperación con sede central en Cataluña y con una mayoría de fondos provenientes  de donaciones privadas. ¿Eso es hacer política pública de país?

Hace pocas semanas pude visitar un proyectpo de fomento de trabajo estable de mujeres y jóvenes, en el cultivo y comercialización de cacao orgánico en el norte del Perú, en una zona de fuerte migración hacia España cuya población está retornando a su país lo quiera o no. El proyecto ocupa ya a 1.800 famílias rurales de un territorio tan extenso como la comarca del Ripollés, y tiene una alta capacidad de multiplicarse si podemos seguir dando apoyo a las organizaciones locales durante algunos años más. ¿Podremos?

Como este proyecto, he visitado los de otras comunidades en Ecuador y Bolivia, donde ciertamente no necesitan nuestras ideas y discursos, sino nuestro apoyo y nuestra complicidad para tejer una gran red de ciudadanía que se preocupe por los problemas globales, cuando son nuestros o cuando están lejos de casa. La lucha contra las desigualdades, ahora más que en cualquier otra época, no conoce fronteras y ocupa a muchísimas personas de aquí y de allá.

Por ellas, pero sobretodo por nuestra dignidad col·lectiva, reclamamos que la discusión en el Parlament de los presupuestos 2015 incluya una enmienda imprescindible: duplicar la cantidad destinada a cooperación al desarrollo para reducir nuestra vergüenza a la mitad.

lunes, 24 de junio de 2013

Algunas preguntas a un Estado imposible

Un verdadero Estado autonómico (o quasifederal, como le gusta decir al centroizquierda español) no derivaría en treinta años en el estado de derecho actual -ejecutivo centralizador, legislativo bipartidista para los temas de Estado, poder judicial politizado- ni abordaría la mal llamada "reforma de las administraciones públicas " como si se tratara de un Estado nación.

¿Por qué la reforma de la Administración no aborda la supresión de Ministerios con todas las competencias transferidas como Educación, Sanidad o Cultura? ¿Por qué seguiremos pagando más de 5.000 funcionarios en el Ministerio de Agricultura, con el 90% de funciones transferidas?

¿Por qué se esconde una cuestión política tras una pretendida reforma técnica y administrativa? ¿Has leído, lector, las razones de "falta de tradición" que han servido para suprimir la Defensoría del Pueblo de Castilla la Mancha, cuando las mismas razones servirían para suprimir la propia autonomía?

¿Por qué coincide esta reforma con la obsesiva y empozoñada laminación de la lengua catalana/valenciana/Lapao y no se lamina el castellano (única lengua digna de llamarse española) diferenciándolo del uruguayo, el argentino o el andaluz?

¿Por qué se siguen estrenando líneas radiales de AVE y el presidente del gobierno español tiene la desfachatez de inaugurarla como una nueva "arteria de riqueza", cuando en dos días comenzará a ser deficitaria y la pagaremos entre todas?

¿Por qué lo único que recibimos los millones de catalanes y catalanas que queremos marcharnos ya de este Estado son amenazas y exabruptos? ¿Se imaginan lo que diríamos si alguien le dice a su pareja "cariño, lo nuestro no funciona" y recibiera sólo amenazas y gruñidos?. Yo le llamaría maltratador.

¿Por qué no hay más ciudadanos y ciudadanas españoles que presionen para que podamos ejercer el derecho a decidir nuestro futuro?

viernes, 10 de mayo de 2013

Cataluña: 22 argumentos en favor de un nuevo estado social y democrático



Principios

1. - Cataluña es una nación porque su ciudadanía así lo considera, muy mayoritariamente. Aunque esta afirmación pueda resultar obvia por motivos históricos, lingüísticos, culturales, sociales, políticos y económicos, la negación de este presupuesto por parte del Estado español es la raíz del desencaje de Cataluña con España.

Ni siquiera la construcción del Estado de las autonomías, en 1977, permitió la unión de naciones diferenciadas. La "indisoluble unidad de la Nación Española" y la definición de España como "la patria común e indivisible de todos los españoles" del artículo 2 de la vigente Constitución española introducen en el texto dos conceptos-como señala el historiador Borja de Riquer-esencialistas pero escasamente democráticos.


2. - La nación catalana es sujeto de soberanía.
La soberanía es un concepto dinámico, que tiene en cuenta diversos aspectos como la identidad de un grupo humano, su historia, el territorio que ocupa, la economía o la relación con los grupos vecinos.

El concepto de soberanía está asociado a la existencia de ciudadanos libres que forman parte de un grupo determinado. Esta es la base del proceso que vive ahora mismo Cataluña, pero hoy por hoy no hay ninguna posibilidad de mantener un diálogo racional, político o científico sobre esta cuestión capital con unos interlocutores-los representantes del estado español- que sostienen que no hay más identidad que la suya.

 La fuente legitimadora de la soberanía española (según la Constitución de 1978) es el principio según el cual los ciudadanos de este Estado conforman una sola nación. Esto impide la aceptación de la existencia de colectivos de ciudadanos que puedan sentir otra identidad nacional. La unión inseparable y eterna del individuo con "su" nación hace que la identidad nacional no sea una adquisición voluntaria sino un destino inexorable.

        El político conservador Antonio Cánovas del Castillo, en 1881, ya proclamó que "España es una obra de Dios, o de la naturaleza", en respuesta a las tesis federalistas de Francisco Pi y Margall.

        Antonio Maura, en 1918, considera incomprensible y antinatural otra identidad que no sea la española y afirma contundente "No se elige la madre, ni los hermanos, ni la casa paterna, ni la patria en que se nace". Más tarde, el falangista Raimundo Fernández Cuesta proclama en1939 que "la existencia de la nación española está por encima de opiniones, argumentos, votaciones y plebiscitos".

         La afirmación del general Juan Antonio Chicharro, en febrero de 2013, "la Patria vale más que la democracia" sigue en esta línea metafísica que no contrapone la unidad de España a la secesión (ambas opciones perfectamente defendibles democráticamente) sino que proclama un principio indisoluble y anula la posibilidad de discutirlo.

A pesar de todo este imaginario, la identidad catalana se mantiene con claridad, contraponiendo diariamente argumentos y vivencias a los principios indemostrables que vienen a decir que "el pueblo es aquel que la Constitución dice que es el pueblo". Esta identidad propia es la fuente legitimadora de la soberanía del pueblo de Cataluña.


3. - Cataluña quiere un estado propio para desarrollarse según su propio criterio, no para oponerse a nada ni a nadie. El proceso actual no se hace contra nadie, aunque ciertamente no es indoloro ni inocuo.

El estado propio sólo es un instrumento -no es en ningún caso un objetivo en sí mismo- para lograr el mayor progreso, bienestar y justicia social posibles, que constituyen la finalidad de cualquier estado democrático de derecho. El problema de Cataluña para desarrollarse es que no tiene -ni ha tenido en trescientos años- un Estado amigo que la respete tal como es, procurando su progreso y buscando lo que es mejor para ella, que hubiera sido también lo mejor para el conjunto de ese Estado.

Por ello inicia un proceso de emancipación nacional, irreversible, que sólo tendrá pleno sentido si asegura su orientación social y radicalmente democrática, para configurar un Estado que supere las limitaciones democráticas de los estados del siglo XX.


Legitimidad histórica

4. - Cataluña ya ha sido una nación independiente.
La nación catalana nació en el año 988, cuando el conde de Barcelona Borrell II no renovó el juramento de fidelidad al rey franco, deshaciendo el vasallaje y ratificando así la independencia de los condados catalanes, que hacía años que eran autónomos. El "Forum Iudicum", del siglo XII, contemporáneo de las "Homilías de Organyà", es el primer tratado de leyes catalanas que se conserva.

La unión dinástica de Ramón Berenguer IV con Petronila de Aragón, en 1162, conformó la Corona de Aragón, organizada como una federación de estados medievales que respetaba las singularidades de cada territorio (Cortes, Generalitat y Constituciones) y coordinaba la política exterior hasta el año 1479. Esto quiere decir que Cataluña fue un estado independiente durante 174 años y federado con la Corona de Aragón durante otros 317 años.


5. - Con los Reyes Católicos no nació la nación española.
Aquellos príncipes se casaron en secreto en 1469 y accedieron a los respectivos tronos Isabel en 1474 y Fernando en 1479. Ambas coronas conservaron las leyes e instituciones propias; los escudos estaban juntos pero no unidos.

Al morir Isabel, en 1516, Fernando renuncia a Castilla en favor de su hija Juana para evitar un conflicto armado. Esto supuso la unión de las dos coronas en una sola persona, pero manteniendo diferenciadas las Cortes, instituciones políticas, administración pública, lenguas y moneda.

La identidad catalana se mantuvo y en 1640 estalla la Guerra de los Segadores, en la que Pau Claris proclama la República independiente de Cataluña (1641), que fue sofocada y anulada en pocos meses.


6. - España, en su dimensión actual, fue el resultado del "derecho de conquista", no de la voluntad de sus ciudadanos.
Un mapa oficial de 1854 diferenciaba todavía entre la España "plenamente constitucional", la España foral (País Vasco y Navarra), la España "asimilada" (correspondiente a la antigua Corona de Aragón) y la España colonial, después desaparecida.

La "nación española 'que conocemos –de matriz totalmente castellana- nació con Felipe V, en 1716, cuando se unifica la organización política después de vencer en la Guerra de Sucesión. El rey, aludiendo al "derecho de conquista", abolió los fueros y quitó a Cataluña el control económico, fiscal, judicial, aduanero y monetario propios, así como su capacidad legislativa.

         ¿Por qué no se explican todos estos hechos comprobables en los libros escolares de Historia de España? Quizás la "lección magistral" de Esperanza Aguirre-cuando era presidenta de la Comunidad de Madrid- nos da una respuesta: "España es una gran Nación con 3.000 años de historia (es decir, de cuando el rey Salomón) y eso se todo lo que tienen que saber los niños ".


7. - Algunos datos que conviene recordar
• La bandera catalana de las cuatro barras es del año 1050. La bandera española de tres franjas horizontales (dos rojas y una amarilla central) es de 1785.
• Las cortes catalanas se reunieron por primera vez en 1192, las españolas en 1834.
• El primer "presidente" catalán es de 1359, el primer presidente de gobierno español es de 1823.
• La primera Constitución catalana es de 1283. La primera Constitución española (llamada "la Pepa") es de 1812.


Legitimidad democrática

8. - La validez de las leyes no les otorga automáticamente legitimidad.
Ninguna Constitución reconoce el derecho a la independencia y más de 120 naciones se han independizado los últimos 70 años. Por tanto, todos los nuevos estados de Europa y muchos otros estados del mundo han violado la Constitución y las leyes para ser un estado. En Sudáfrica, por ejemplo, pedir la igualdad de derechos entre blancos y negros era inconstitucional ... durante muchos años!

Las leyes no siempre se ajustan al bien común o a la realidad cambiante y por ello se modifican. El sufragio universal, la igualdad racial, la prohibición de las minas antipersona o los referéndums vinculantes nunca hubieran sido posibles sin movimientos ciudadanos que consiguen cambios legislativos y mejoras históricas.

En último caso, la insumisión pacífica y no violenta a una ley considerada injusta es un imperativo ético de carácter personal o colectivo que no se puede despreciar.


9. - La legitimidad democrática debe prevalecer sobre la legitimidad de las leyes.
Las leyes no se pueden sacralizar, o al menos no se pueden sacralizar más que la evolución de la voluntad de los pueblos.

Las tensiones entre derechos, democracia y territorios -según el profesor Ferran Requejo- forman parte del debate entre legalidad y democracia (Habermas, Michelman) y de la protección de los derechos colectivos en democracias plurinacionales (Taylor, Walzer). Las posibles soluciones a estas tensiones deben ser pragmáticas y de carácter particular, no hay una norma universal.
En una democracia del siglo XXI no resulta legítimo obligar a los ciudadanos de una colectividad nacional a quedarse dentro de un estado en contra de la voluntad de la mayoría.

El conflicto entre Cataluña y España no es, pues, básicamente un problema jurídico (no hay ninguna norma que permita una consulta popular vinculante ni el posible tránsito a la independencia) sino un problema político. El estado español debe decidir si él mismo es una Constitución o una democracia.


10. - El detonante del conflicto actual Cataluña-España ha sido la quiebra del Estatuto de Autonomía de 2006.
La sentencia del Tribunal Constitucional del 28 de junio de 2010, declarando inconstitucionales bastantes artículos del Estatuto de Autonomía de Cataluña votado en referéndum y previamente "cepillado" en el Congreso, dinamitó el estado de las autonomías y su credibilidad en Cataluña. Los argumentos en que se fundamenta la sentencia le dan legalidad, pero no tienen legitimidad para ordenar la convivencia en el interior de Cataluña y las relaciones entre Cataluña y España, simplemente porque sus destinatarios no quieren.

Si la Constitución sólo admite el ejercicio del derecho de autonomía en los términos fijados por la sentencia del Tribunal Constitucional, la ciudadanía de Cataluña no puede considerar la Constitución como suya, y así lo ha dicho en dos elecciones consecutivas, con un mensaje cada vez más rotundo. Jurídicamente es un problema difícil de plantear, pero políticamente es un problema de resolución imprescindible.


Legislación internacional

11. - El Tribunal Internacional de Justicia de La Haya, en sentencia del 22 de julio de 2010 dice que "No existe en derecho internacional ninguna norma que prohíba las declaraciones democráticas de independencia. Y no existe ninguna norma que prohíba a la ciudadanía, cuando exista contradicción entre la legalidad constitucional y la voluntad democráticamente expresada, hacer prevalecer esta segunda ".

En una sentencia sobre Kosovo, el mismo Tribunal exponía que, en caso de que se agotaran otras vías de entendimiento y los actores políticos legítimos proclamaran de forma no violenta una declaración de independencia, no se podría oponer ningún obstáculo legal internacional .


12. - El Tribunal Supremo de Canadá, poco antes del referéndum soberanista de Quebec de 1995, dictó que la Constitución no puede constreñir la voluntad popular libremente expresada, ya que "un voto mayoritario en Quebec sobre una pregunta clara a favor de la secesión de la provincia conferiría una legitimidad democrática a la iniciativa de secesión que todos los demás participantes en la federación deberían reconocer ".

Canadá y su orden constitucional no podrían ser indiferentes a una expresión clara de una mayoría de los quebequenses. Igualmente, Quebec no podría pretender dictar las condiciones de la secesión. Por tanto, la votación debería ir seguida de negociaciones relativas al posible acto de secesión, así como de sus condiciones, "acuerdos políticos sin conclusiones predeterminadas por las leyes". Sigue diciendo el Tribunal que "si una de las dos partes se negara a negociar de buena fe, no se excluye la posibilidad de una declaración inconstitucional de secesión de facto". En este caso su éxito dependería del reconocimiento de la comunidad internacional.


El derecho a decidir

13. - Cambiar la Constitución española no es el primer paso para poder ejercer el derecho a decidir. Sería conveniente, pero no necesario.
En España se argumenta que para poder hacer un referéndum sobre el futuro de Cataluña primero habría que cambiar la Constitución, pero esto no es así por dos motivos: porque se confunde el hecho de preguntar en sí mismo -el derecho a decidir- con las posibles consecuencias de su resultado -la secesión- (si el resultado es negativo no habría que hacer nada), y también porque no se pueden esgrimir como impedimento unas normas que sólo una de las partes puede cambiar, máxime si esa parte ya ha expresado que no está dispuesta a cambiar en ningún caso .

Es obvio que hay un choque de legitimidades en juego, pero así como en la "Ley de la Reforma Política" de 1977 se transgredieron las normas de juego franquistas sin decirlo claramente, ahora hay que encontrar una solución para hacer prevalecer el principio más democrático, que es la consulta a la ciudadanía que así lo ha pedido.


14. - La voluntad ciudadana debe poder expresar democráticamente.
Más allá de la trayectoria histórica que explica la existencia de una voluntad de ser pueblo y nación, así como los lazos culturales y lingüísticos de una comunidad con otros territorios, es la voluntad popular la que legitima en último caso cualquier identidad nacional.

La población de Cataluña ha expresado ya con claridad dos veces su voluntad mayoritaria, desde la "ruptura" de la Transición con la sentencia del Tribunal Constitucional de junio de 2010.

El movimiento democrático que quiere construir un nuevo estado que resuelva -a juicio de quien lo considera- la relación desigual entre Cataluña y España, basada en la dominación y en la imposición, es absolutamente legítimo si esta opción garantiza los derechos democráticos y sociales fundamentales. Incluso el de elegir la propia identidad sin menoscabar los derechos de ciudadanía para quienes no la sientan como propia.

En esa tesitura, sólo la expresión libre de la ciudadanía dará a conocer el apoyo efectivo de esta opción de nueva organización política. Cualquier persona o colectivo que defienda la radicalidad democrática debe estar de acuerdo en que un problema político hay resolverlo con la herramienta política más potente: la consulta a la ciudadanía.


15. - Quien incumple las leyes no puede negar la democracia. Quien incumple el Estatuto no puede negar la consulta ... ni invocar la Constitución cuando le interesa, sin cumplir todas las Leyes fundamentales, como los Estatutos de Autonomía.

Desde la entrada en vigor del Estatuto de Cataluña de 2006 sólo ha habido tres reuniones de la comisión bilateral que debe desplegar y hacer los traspasos de competencias. La última reunión es de julio de 2011, el total de traspasos hechos es de 7 y hay, al menos, 29 traspasos pendientes. De estos traspasos hechos algunos están incompletos (por ejemplo se ha traspasado la gestión de la red de los trenes de cercanías, pero sin el traspaso de los trenes, las vías y las estaciones). También se ha prometido el pago de la deuda contemplado en la disposición adicional tercera del Estatuto (sólo el primer año, 759 millones) que ni siquiera se ha reconocido posteriormente.

Pero esto no es nuevo en las relaciones Generalitat-Estado. Desde la aprobación de la LOAPA en plena transición política (primer gobierno de Felipe González 1982-86), que significó la muerte del espíritu inicial del estado de las autonomías, el Estado ha sido siempre receloso en la distribución de competencias, con incumplimientos reiterados de Leyes Orgánicas (Los Estatutos de Autonomía) y de los compromisos adquiridos, manteniendo para él funciones duplicadas –hecho muy grave y poco divulgado- y con continuadas demandas al Tribunal Constitucional.


Identidad y lengua

16. - El estado español no acepta de buen grado la diversidad lingüística.
La organización lingüística española sólo ha trabajado, desde siempre, el castellano, fruto de la herencia de confusión entre España y Castilla, manteniendo una política asimilacionista: estructuración de los cuerpos de seguridad del Estado alérgica a la diversidad lingüística, regulación de los mercados que dificulta el uso de las lenguas que no sean el castellano, mundo judicial absolutamente castellanizado, legislación audiovisual lingüísticamente homogeneizadora, acción exterior del Estado como si éste tuviera sólo una lengua, ... (F.Xavier Vila).

Esto no es lo que ha pasado y pasa, por ejemplo, en Canadá -donde el Estado promueve el uso del inglés y el francés en todo el país-, en Bélgica -estado unitario plurilingüístico- o en Gran Bretaña. Está claro que para los representantes de España ... ¡ninguno de estos países son nuestro caso!

Seis millones de personas hablamos habitualmente catalán en España. El catalán es la 22 ª lengua más traducida en el mundo y se puede estudiar en 114 universidades de todo el mundo (¿cuántas de éstas en España, fuera de Cataluña?). Pese a estos datos, el catalán no es lengua oficial de estado en Europa. El gaélico, con 77.000 hablantes sí lo es porque su Estado lo considera un patrimonio cultural y un activo del país.


17. - La imposición del castellano y el menosprecio del catalán no son una invención interesada, sino una realidad contrastada durante siglos.

La expresión "habla en cristiano", escuchada repetidamente durante la dictadura franquista, no era producto de una cierta incultura sino de una cultura uniformizadora muy arraigada. Históricamente la diversidad lingüística de España ha molestado mucho a las élites políticas, económicas y culturales de cuño castellano durante los últimos trescientos años. La han vivido como un estorbo más que como una riqueza.

La aproximación del Estado, que tiene raíces imperiales y jacobinas, a la realidad pluricultural y plurilingüística ha estado siempre mucho más cercana a la multiculturalidad -permitiendo las otras lenguas en un régimen de desigualdad y subordinación- que a una verdadera interculturalidad, enriquecimiento mutuo y mestizaje cultural.

Algunos botones de muestra son el Edicto Real de 1837, que imponía castigos a los niños que hablaran catalán en la escuela, o bien la prohibición de poner telegramas y de hablar en catalán por teléfono (Orden de Correos y Telégrafos, de 1896), la "Orden del Ministerio de Educación Nacional" de 1939, prohibiendo el uso público del catalán o incluso la Constitución de 1978, nada equitativa en cuestiones lingüísticas en los territorios con lengua propia, cuestión que provoca conflictos continuos, algunos de ellos creados por un Estado que no traga esa diversidad más allá del folclore.


Razones económicas

18. - El déficit fiscal de Cataluña con España no es ni razonable ni comparativo con ninguna otra situación en estados democráticos.

En cifras redondas podemos decir que en los últimos tres años en Cataluña se han recaudado anualmente unos 32.000 millones de euros, de los que retornan en forma de inversiones, transferencias y otros unos 19.000 millones.

Cataluña es el territorio donde el Estado invierte menos por habitante, de forma continuada. El stock de capital público es un 27% menor que la media estatal (según el economista Carlos Boix). Aunque la población catalana supone más del 16% de la española, el gasto público en Cataluña -una vez descontadas las transferencias directas en pensiones y subsidios de paro- supone un 11,2% de toda la del Estado, convirtiéndola en la penúltima comunidad en gasto per cápita en educación y sanidad.

Mientras la inversión en políticas sociales representa para el conjunto de España un 25,3% del PIB (datos de 2010), en Cataluña esta cifra supone sólo el 21,4% del PIB.


19. - El empobrecimiento gradual de Cataluña no beneficia a un enriquecimiento eficiente del conjunto del Estado.

La falta continuada de inversiones y de transferencias por habitante en Cataluña ayudan a explicar por qué el PIB catalán era un 18% más alto que el español en 1995 y sólo un 8% más alto en el año 2010, sólo quince años después. Comparado con el régimen fiscal del País Vasco los datos son elocuentes: en 1995 el PIB catalán era un 4% más alto que el PIB del País Vasco y quince años después era un 16% más bajo. Mientras Euskadi ha podido proveerse de los bienes públicos esenciales para ser competitivo en un mundo globalizado, Cataluña no lo ha podido hacer, en detrimento de su crecimiento pero también del crecimiento del conjunto del Estado.


20. - No se conoce ningún país -salvo España- donde se haya promovido el boicot a productos de una comunidad del propio país.

Resulta inaudito, y también insultante, que en estos años de crisis económica aguda el resto de España haya hecho (de manera pública o no pública) boicot a algunos productos catalanes, como el cava, haciendo caer el consumo interno en unas cantidades que sólo el incremento de la exportación ha podido ir compensando.

Resulta inaudito, y también significativo, que en círculos económicos madrileños se prefiera que una multinacional externa compre una empresa española a que lo haga una empresa catalana, o que se haga un pedido importante de un alimento a una empresa externa a un precio superior al que se podría conseguir en Cataluña. O que un mando militar se niegue a surtir un cuartel de agua embotellada catalana (que en realidad es de capital francés). Este comportamiento sigue el patrón que ha habido, durante siglos, de una España "plenamente constitucional" (como decía un mapa de 1854) y otra "España asimilada" que siempre parece impura, siempre debe justificarse o demostrar algo para poder ser quien es ...

Y, especialmente, resulta inaudito que quien tiene responsabilidades de Estado no haya frenado todo esto de forma inmediata, haya actuado con miedo o ... quizá con mala fe.



Fundamentos de un Estado social

21. - Queremos un Estado digno de serlo.
Un nuevo estado del siglo XXI debe tener un compromiso de radicalidad democrática, y no únicamente las estructuras de estado habituales en las organizaciones creadas en los siglos anteriores. Este compromiso de toda la sociedad catalana debe fundamentarse, al menos, en:
• Una fórmula de representación directa y cercana de la ciudadanía con sus representantes parlamentarios
• La consulta a la ciudadanía en aquellos temas importantes que afecten a la organización social y la definición de políticas de Estado
• La participación de las organizaciones de la sociedad civil en el diseño, seguimiento y evaluación de políticas públicas
• La denuncia de los paraísos fiscales y el refuerzo de normas y controles para la lucha contra el fraude y el blanqueo de dinero
• El trabajo por una cultura de paz y una política de "defensa" basada en los principios de seguridad humana. Un estado sin ejército y con un servicio civil de paz noviolento. Un país que destina el 'dividendo de paz' ​​resultante a la cooperación internacional ya mantener una política de seguridad compartida con toda la ciudadanía.


22. - Queremos un Estado en diálogo con nuestros vecinos.
Después de trescientos años de unión por la fuerza y ​​en un contexto de conflicto grave con España, toca hablar de cómo organizamos el futuro. De cómo encontramos una salida democrática a un conflicto permanente.

Después de tanto tiempo en que unos hablan de victimismo donde otros ven maltrato, de sentir menosprecio donde otros no ven más que homogeneidad, y del deseo cada vez más extendido en Cataluña de ser mejores vecinos de lo que hemos estado mucho tiempo, parientes mediocres, se debe afrontar la realidad.

Hemos probado estos años un modelo democrático de convivencia, que ha cristalizado en un "café para todos" sin poder opinar sobre quién se quedaba el pollo   -el estado español- (mosén Ballarín dixit), y, claro, no ha funcionado. Ahora toca hablar y negociar, con realismo, las bases de esta nueva vecindad, de dos naciones que        -federadas, confederadas o miembros de una Unión-, ahora sí en plano de igualdad, quieren ir de la mano para construir una Europa más democrática y un mundo más fraterno.


Xavier Masllorens (xavier@masllorens.cat)
Abril de 2013