Escribo aún en estado de shock, después de la ajustada victoria del NO en el plebiscito de Colombia (ayer, 2 de octubre) sobre los acuerdos de paz. El resultado no puede simplificarse como un NO a la paz, ni tan sólo como un NO a construir un país más justo. Pero quizás sí se puede simplificar como un NO a la generosidad con los combatientes (guerrilleros de un lado, paramilitares del otro), como un NO a pasar página a partir de la verdad, la reparación a las víctimas y al compromiso de no repetición, o como un NO a firmar la paz con quien la derecha conservadora y las élites económicas piensan cada año que están a punto de derrotar definitivamente.
En el país más desigual de América Latina (un 0,49% de la población tiene el 50% de la tierra, por ejemplo) y ante la paralización de los acuerdos recientemente firmados, no se puede dejar la negociación sobre el futuro al gobierno, las FARC y a los que han dicho NO a este acuerdo, sino que procede --a partir de ahora mismo-- crear una mesa de concertación con otros actores cívicos y sociales para debatir no sólo sobre la desmilitarización del país, sino también sobre las medidas que habrá que tomar para mejorar la equidad, el respeto a los derechos de todos y la justiocia social.
Éste de Colombia no es el únicop ejemplo de decisión tomada en el último año presa del miedo, compañero siempre defensivo y cobarde. Fijémonos en muchos de los argumentos del Brexit en Gran Bretaña, o de las políticas anti-immigración en Hungria y tros países del este de Europa, o de la paralización de conversaciones de paz entre Israel y Palestina, o de la tibieza internacional a condenar los excesos rusos en sus fronteras, o a la necesidad rusa de reivindicarse como potencia mundial con orgullo, o del dominio regional de Arabia Saudita conculcando derechos a diestro y siniestro, con la comunidad internacional mirando hacia otro lado, o las razones por las que Europa se desntiende del millón de refugiados que han llamado a su puesta con desesperación, o ... Fijémonos bien, porque muchos de los argumentos aducidos tienen como base el miedo a la pérdida de privilegios, el miedo a no ser bien considerados, el miedo a la diversidad, el miedo a lo desconocido, el miedo al mestizaje, el miedo a dejar de ser quienes somos, el miedo, siempre el miedo,...
El mundo que nos llega, ya globalizado económicamente, sólo podrá ser un mundo donde las causas y los, problemas también serán globales, para bnien o para mal, y nos afectarán de manera directa. Las reacciones de "a mi no me afecta" tienen anunciada la fecha de caducidad, y como nos afectan habrá que afrontarlos con visión global y ánimo constructivo. Se acaban las jaulas de cristal y los privilegios geográficos, si no queremos ver un mundo invivible en permanente violencia. Los cantos de sirena de la extrema derecha xenófoba y elitista se oirán un tiempo (y lamentablemente influirán todavía en las decisiones políticas) pero no pueden augurar más que enfrentamiento y desorden.
El miedo no es un buen consejero y muy a menudo aboca al ensimismamiento, a la defensa numantina sin razones, a la exclusión del otro, a la no-cooperación sistemática.. Por eso, la conciencia ciudadana y las luchas informadas por los derechos humanos, la justicia global y la paz son más necesarias que nunca, no sea que cuando nos demos cuenta habitemos ya en un mundo con miedo en cada esquina. Con miedo al otro, que es como nosotros y también tendrá miedo.
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lunes, 3 de octubre de 2016
domingo, 26 de junio de 2016
No es esto, compañeros, no es esto
Estas semanas he hecho campaña, modesta pero activa, escribiendo en twitter a favor del Brexit, por razones opuestas a las que han defendido la mayoría de británicos partidarios de salir de la Unión Europea: yo no he deseado nunca una Europa que se limite a ser sólo un mercado común --como ha defendido siempre GB-- ni una Unión limitada por el poder soberano y excesivo de los Estados miembros --como siguen pretendiendo las élites económicas y políticas de los países jacobinos como España--, ni un entramado burocrático que permite privilegios entre Estados (como el cheque británico), sino una Europa de los ciudadanos en que los máximos mandatarios políticos nos representen y sean elegidos en votación democrática, i donde un Parlamento Europeo tenga competencias definitivamente cedidas por los Estados.
Ahora, una vez realizado el referéndum británico, parece que vuelven a confundirnos interesadamente los términos, haciendo más caso a los cantos de sirena contra la inmigración y el asilo --no sea que demos alas a los partidos xenófobos--, reforzando los nacionalismos y los poderes de los Estados i proclamando quizás una Europa de dos velocidades, para permitir que el eje franco-alemán gane aún más peso i sigamos yendo a remolque de unos intereses que no son los de la mayoría. Todo ello como una involución en la dirección errónea. Ahora, más que nunca, habrá que saber leer entre líneas y fomentar que haya una opinión pública capaz de debatir en profundidad y de proclamar la queja de fondo de millones de ciudadanos, que no queremos más Estado i más economía sino más democracia directa, más política y sobre todo más políticas sociales.
Mucho de lo que está pasando tiene que ver con el miedo, que és un mal consejero y sobre todo lo contrario a la confianza, que está en la base de la paz y de la justicia. Será necesario volver a alzar la voz desde la calle, para repetir una y mil veces "no es esto, compañeros, no es esto". La salida de Gran Bretaña de la Unión es un golpe más en la triple crisis que vive Europa: de valores, institucional y de ineficacia, pero no es la única ni posiblement la más importante, porque la libre circulación de bienes y servicios no se frenará y Europa seguirá firmando Tratados con GB porque "God save the Queen" y la pela es la pela.
Más profunda me parece la crisis de valores y de inacción que vivimos, ante más de un millón de personas que llaman a la puerta de una Europa de 300 millones que dice, en boca de sus portavoces oficiales --¡mentira!-- que hay "una crisis de refugiados casi inabordable" y que identifica la población refugiada con la inmigración irregular, convirtiendo las políticas de inmigración en políticas de seguridad, como si habláramos siempre de enemigos potenciales. Esto también atiza el miedo de la gente, destroza la confianza y da alas al pensamiento xenófobo y a los nacionamismos de raíz étnica.
Si regresamos a unas pantallas atrás al año 2000, con la elaboración de una Constitución europea en base a sus pueblos más que a sus Estados, podremos construir sobre bases sólidas lo que --me permito pensar-- quiere una buena parte de la ciudadanía: una Europa de las regiones y de los pueblos, ejemplo de multiculturalismo y de solidaridad mundial, sin cuotas asignadas de poder (28 comisarios, uno por Estado, ¿dónde se ha visto?), con un Parlamento con algunas competencias legislativas exclusivas, con menos burocracia, más efectividad y una voz potente.
Es la hora de la responsabilidad. Ojalá comencemos a reclamar solidaridad con los refugiados para perder el miedo a unos poderes que no os representan. Sería la primera piedra de una construcción que demostraría que hemos entendido el enfado de mucha buena gente en toda Europa.
Ahora, una vez realizado el referéndum británico, parece que vuelven a confundirnos interesadamente los términos, haciendo más caso a los cantos de sirena contra la inmigración y el asilo --no sea que demos alas a los partidos xenófobos--, reforzando los nacionalismos y los poderes de los Estados i proclamando quizás una Europa de dos velocidades, para permitir que el eje franco-alemán gane aún más peso i sigamos yendo a remolque de unos intereses que no son los de la mayoría. Todo ello como una involución en la dirección errónea. Ahora, más que nunca, habrá que saber leer entre líneas y fomentar que haya una opinión pública capaz de debatir en profundidad y de proclamar la queja de fondo de millones de ciudadanos, que no queremos más Estado i más economía sino más democracia directa, más política y sobre todo más políticas sociales.
Mucho de lo que está pasando tiene que ver con el miedo, que és un mal consejero y sobre todo lo contrario a la confianza, que está en la base de la paz y de la justicia. Será necesario volver a alzar la voz desde la calle, para repetir una y mil veces "no es esto, compañeros, no es esto". La salida de Gran Bretaña de la Unión es un golpe más en la triple crisis que vive Europa: de valores, institucional y de ineficacia, pero no es la única ni posiblement la más importante, porque la libre circulación de bienes y servicios no se frenará y Europa seguirá firmando Tratados con GB porque "God save the Queen" y la pela es la pela.
Más profunda me parece la crisis de valores y de inacción que vivimos, ante más de un millón de personas que llaman a la puerta de una Europa de 300 millones que dice, en boca de sus portavoces oficiales --¡mentira!-- que hay "una crisis de refugiados casi inabordable" y que identifica la población refugiada con la inmigración irregular, convirtiendo las políticas de inmigración en políticas de seguridad, como si habláramos siempre de enemigos potenciales. Esto también atiza el miedo de la gente, destroza la confianza y da alas al pensamiento xenófobo y a los nacionamismos de raíz étnica.
Si regresamos a unas pantallas atrás al año 2000, con la elaboración de una Constitución europea en base a sus pueblos más que a sus Estados, podremos construir sobre bases sólidas lo que --me permito pensar-- quiere una buena parte de la ciudadanía: una Europa de las regiones y de los pueblos, ejemplo de multiculturalismo y de solidaridad mundial, sin cuotas asignadas de poder (28 comisarios, uno por Estado, ¿dónde se ha visto?), con un Parlamento con algunas competencias legislativas exclusivas, con menos burocracia, más efectividad y una voz potente.
Es la hora de la responsabilidad. Ojalá comencemos a reclamar solidaridad con los refugiados para perder el miedo a unos poderes que no os representan. Sería la primera piedra de una construcción que demostraría que hemos entendido el enfado de mucha buena gente en toda Europa.
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lunes, 7 de marzo de 2016
Crisis migratoria y de refugio, el reto pendiente
Reproduzco, por su valor y acierto, el artículo publicado por la Coordinadora española de ONG para el desarrollo:
El planeta afronta la peor crisis migratoria y de refugio de la historia. Casi 60 millones de personas se han visto obligadas a abandonar sus hogares, un vergonzoso record que evidencia a incapacidad de los gobiernos de garantizar los derechos humanos.
La respuesta europea a esta crisis está lejos de sus valores fundacionales. Mientras miles de personas pierden su vida en trayectos peligrosos por tierra y por mar, la EU construye vallas, militariza las fronteras e incumple tratados internacionales en materia de derechos humanos e incluso su propia legislación.
Las personas que inician estos viajes a ciegas huyen de conflictos bélicos, condiciones de pobreza extrema y de violación sistemática de derechos humanos. Nadie comienza una huída de este tipo, poniendo en peligro su vida y la de sus familias, si no es porque no tiene otra opción. No hay muros frenen el derecho de las personas a encontrar un sitio seguro donde vivir.
Mientras se incumplen las obligaciones en materia de migración, asilo y refugio, se recortan los fondos para cooperación internacional que podrían contribuir a la mejora de la situación en los países de origen. Se llega incluso a plantear que parte de esos escasos fondos para cooperación sean destinados a la atención de las personas que llegan a nuestras fronteras. La atención a estas personas exige contar con fondos adicionales, específicos y suficientes.
Mientras se violan sistemáticamente los derechos humanos a las puertas de Europa, el comercio de armas continúa aumentando sus beneficios; y la lucha por el negocio de los recursos naturales del planeta y los intereses geoestratégicos campa a sus anchas.
Consecuencias extremadamente peligrosas
Las graves consecuencias de este tipo de decisiones ya se están dejando ver. Los discursos y propuestas políticas xenófobas ganan terreno y con ellos los ataques a centros de acogida a migrantes y refugiados. Aunque afortunadamente, aún son residuales, la UE y sus Estados miembros deberían mantener la alerta para evitar que se repitan los graves errores del pasado.
La ciudadanía, como viene demostrando desde hace tiempo, está muy por encima de las decisiones políticas. ONG, grupos sociales, voluntarios y voluntarias, y la ciudadanía en general se está organizando tanto en los puntos de llegada como en múltiples ciudades para salvar vidas, atender a las personas que llegan a nuestros países y contrarrestar los mensajes y discursos que criminalizan a quien debe ser protegido.
Desde la Coordinadora de ONGD venimos denunciando esta situación y sumándonos a las propuestas ciudadanas que se están desarrollando en este sentido.
El planeta afronta la peor crisis migratoria y de refugio de la historia. Casi 60 millones de personas se han visto obligadas a abandonar sus hogares, un vergonzoso record que evidencia a incapacidad de los gobiernos de garantizar los derechos humanos.
La respuesta europea a esta crisis está lejos de sus valores fundacionales. Mientras miles de personas pierden su vida en trayectos peligrosos por tierra y por mar, la EU construye vallas, militariza las fronteras e incumple tratados internacionales en materia de derechos humanos e incluso su propia legislación.
Las personas que inician estos viajes a ciegas huyen de conflictos bélicos, condiciones de pobreza extrema y de violación sistemática de derechos humanos. Nadie comienza una huída de este tipo, poniendo en peligro su vida y la de sus familias, si no es porque no tiene otra opción. No hay muros frenen el derecho de las personas a encontrar un sitio seguro donde vivir.
Mientras se incumplen las obligaciones en materia de migración, asilo y refugio, se recortan los fondos para cooperación internacional que podrían contribuir a la mejora de la situación en los países de origen. Se llega incluso a plantear que parte de esos escasos fondos para cooperación sean destinados a la atención de las personas que llegan a nuestras fronteras. La atención a estas personas exige contar con fondos adicionales, específicos y suficientes.
Mientras se violan sistemáticamente los derechos humanos a las puertas de Europa, el comercio de armas continúa aumentando sus beneficios; y la lucha por el negocio de los recursos naturales del planeta y los intereses geoestratégicos campa a sus anchas.
Consecuencias extremadamente peligrosas
Las graves consecuencias de este tipo de decisiones ya se están dejando ver. Los discursos y propuestas políticas xenófobas ganan terreno y con ellos los ataques a centros de acogida a migrantes y refugiados. Aunque afortunadamente, aún son residuales, la UE y sus Estados miembros deberían mantener la alerta para evitar que se repitan los graves errores del pasado.
La ciudadanía, como viene demostrando desde hace tiempo, está muy por encima de las decisiones políticas. ONG, grupos sociales, voluntarios y voluntarias, y la ciudadanía en general se está organizando tanto en los puntos de llegada como en múltiples ciudades para salvar vidas, atender a las personas que llegan a nuestros países y contrarrestar los mensajes y discursos que criminalizan a quien debe ser protegido.
Desde la Coordinadora de ONGD venimos denunciando esta situación y sumándonos a las propuestas ciudadanas que se están desarrollando en este sentido.
lunes, 22 de febrero de 2016
A las verdes y a las maduras, señor Suárez
"Un poquito de impossible o me ahogo", leí hace pocos días en un artículo, a propósito de la cárcel en que estamos convirtiendo nuestro cerebro, limitando nuestras posibilidades de actuación a "aquello que es posible", cada vez más acotado i domesticado por la economía y su seguidismo político. Como estoy convencido que la Historia avanza a fuer de convertir lo imposible en posible, llamadme ingenuo mientras la realidad vaya jugando a favor mío.
Un ejemplo de esta prisión mental lo tenemos en las recientes declaraciones del alcalde de Ferrol, Jorge Suárez, de la coalición de izquierdas Las Mareas, que espera (supongo que quiere decir desea) que se confirme el contrato de Navantia para la construcción de cinco fragatas de guerra para Arabia Saudí. "Tengo problemas de conciencia con esos contratos, ya que no es lo mismo hacer buques para Noruega que para Arabia Saudí, pero la situación de la comarca es la que es, y entre la conciencia y el hambre ...".
Suárez no es el único a avalar este contrato inmoral. El alcalde de Cádiz, José María González, Kichi, de Podemos, dijo lo mismo hace unos días. Parece que un contrato que puede llegar a los 3.000 millones de dólares en cinco años debe pesar más en la balanza que la conculcación de la Ley española de comercio de armas (que ha costado más de veinte años de trabajo y de presión política para poder aprobarla) y que el apoyo a una monarquía dictatorial que está en guerra abierta en Yemen -2.5 millones de personas desplazadas, 21 millones con necesidad de ayuda humanitaria, 6.000 muertos y 28.000 heridos-, un régimen que da apoyo a milicias sunitas en Líbano, Siria y otros países árabes, y vete a saber con qué relaciones con Estado Islámico, el último demonio conocido.
De manera que, si el gobierno español aprueba este contrato, además de cometer una inmoralidad cometerá una ilegalidad flagrante. Mira por donde no todo vale, señor Suárez, y si en lugar de aplaudir el hecho de que nuestros principales comerciales del Estado sean el ministro de Defensa y el Rey emérito tuviéramos otro tipo de comerciales de Estado, las cosas podrían ser distintas: el dilema no es "o trabajo o hambre", es un poco más complejo. Se trata de buscar trabajo digno y dejar de remover y remover en la industria de la muerte, el comercio de unas armas que más pronto que tarde llegan a manos asesinas.
Iría bien recordarnos que nuestra conciencia no es una cárcel, no es prisionera del posibilismo de mirada corta y vuelo rasante que sólo ve lo que tiene delante de la nariz. En definitiva, que entre la conciencia y el hambre ponemos el raciocinio y sabemos valorar las consecuencias de nuestros actos.
Un ejemplo de esta prisión mental lo tenemos en las recientes declaraciones del alcalde de Ferrol, Jorge Suárez, de la coalición de izquierdas Las Mareas, que espera (supongo que quiere decir desea) que se confirme el contrato de Navantia para la construcción de cinco fragatas de guerra para Arabia Saudí. "Tengo problemas de conciencia con esos contratos, ya que no es lo mismo hacer buques para Noruega que para Arabia Saudí, pero la situación de la comarca es la que es, y entre la conciencia y el hambre ...".
Suárez no es el único a avalar este contrato inmoral. El alcalde de Cádiz, José María González, Kichi, de Podemos, dijo lo mismo hace unos días. Parece que un contrato que puede llegar a los 3.000 millones de dólares en cinco años debe pesar más en la balanza que la conculcación de la Ley española de comercio de armas (que ha costado más de veinte años de trabajo y de presión política para poder aprobarla) y que el apoyo a una monarquía dictatorial que está en guerra abierta en Yemen -2.5 millones de personas desplazadas, 21 millones con necesidad de ayuda humanitaria, 6.000 muertos y 28.000 heridos-, un régimen que da apoyo a milicias sunitas en Líbano, Siria y otros países árabes, y vete a saber con qué relaciones con Estado Islámico, el último demonio conocido.
De manera que, si el gobierno español aprueba este contrato, además de cometer una inmoralidad cometerá una ilegalidad flagrante. Mira por donde no todo vale, señor Suárez, y si en lugar de aplaudir el hecho de que nuestros principales comerciales del Estado sean el ministro de Defensa y el Rey emérito tuviéramos otro tipo de comerciales de Estado, las cosas podrían ser distintas: el dilema no es "o trabajo o hambre", es un poco más complejo. Se trata de buscar trabajo digno y dejar de remover y remover en la industria de la muerte, el comercio de unas armas que más pronto que tarde llegan a manos asesinas.
Iría bien recordarnos que nuestra conciencia no es una cárcel, no es prisionera del posibilismo de mirada corta y vuelo rasante que sólo ve lo que tiene delante de la nariz. En definitiva, que entre la conciencia y el hambre ponemos el raciocinio y sabemos valorar las consecuencias de nuestros actos.
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martes, 20 de octubre de 2015
Jerusalén: una ciudad dividida por la derecha que la quería indivisible
Reproduzco el artículo que acaba de publicar Meir Margalit, activista y miembro del Centro de >Iniciativas de Paz de Jerusalén:
Jerusalén: una ciudad dividida por la
derecha que la quería indivisible
Meir
Margalit
Como
un deja vu angustiante, como una tormenta
que no deja de azotarnos, vuelve a estallar esta nueva ola de violencia. Y nos
deja perplejos y avergonzados por la impotencia kafkiana de quien sabe lo que
habría que hacer para acabar, de una vez por todas, con esta violencia
endémica, pero nadie lo escucha. Esto era de esperar, en particular en
épocas de festividades judías, cuando religiosos derechistas se empecinan en
subir a la Explanada de las Mezquitas, exasperando los nervios palestinos, que
ya están tensos al máximo sin necesidad de estas provocaciones. Era de esperar,
pero, por obra del diablo, estas irrupciones de violencia siempre nos toman por
sorpresa, nunca se está lo suficientemente preparado para enfrentarlas.
Sin
embargo, a pesar de esa sensación de haber ya presenciado la misma película,
podemos notar algunos rasgos propios de esta revuelta. Por primera vez en
muchos años, se produce un acontecimiento perturbador en el que los jóvenes
palestinos de Jerusalén se vuelcan a las calles en forma masiva, espontánea,
sin apoyo de ningún movimiento organizado, apedreando todo símbolo israelí que
se cruza en su camino, atropellando civiles israelíes y atacando con cuchillos
de cocina, hasta llegar a su máxima expresión la semana pasada cuando un niño
palestino de 13 años atacó a cuchillazos a otro niño israelí de la misma edad,
lo que convirtió automáticamente a cada niño palestino en "terrorista
activo" a ojos israelíes.
Este
modelo de rebelión ha dejado a la policía israelí perpleja, ya que este estilo
de ataques son imprevisibles e imposibles de prevenir. Mucho mas fácil
para los servicios de seguridad israelí es combatir células terroristas
organizadas que enfrentarse a civiles armados con cuchillos caseros que,
en un momento de ira, deciden acuchillar al primer israelí que se cruza en su
camino. Esta nueva estrategia popular palestina ha producido un cambio
sumamente significativo en el desarrollo del conflicto. Hasta tal punto, que
por primera vez en muchos años podemos declarar que la calle palestina en Jerusalén
oriental ha logrado un triunfo contundente, aunque no sea más que como un
"gol en contra" del gobierno israelí.
La
imposición de un estado de sitio en Jerusalén oriental -o lo que Giorgio Agamben denomina "un estado de excepción"-, que incluye la utilización por primera vez desde
1967 de fuerzas militares como refuerzo a la policía local y de bloques de
cemento que separan los barrios palestinos de los israelíes, es sin duda alguna
uno de los triunfos mas contundentes de los jóvenes rebeldes de Jerusalén
oriental. Ello requiere una lectura atenta de los significados simbólicos que
representa, ya que a primera vista pasan desapercibidos.
Lo
primero que resalta es, por encima de todo, el estado de pánico en que esta
sumergida la sociedad israelí, la incapacidad para controlar la situación, y el
grado de cinismo con que el gobierno manipula la opinión publica israelí,
apoyándose en que nadie conoce la geografía del lugar: da igual cuantas vallas
instale la policía en Jerusalén oriental, siempre habrá un hueco por el que
unos terroristas dispuestos a todo podrán infiltrarse a la parte occidental de
la ciudad. Pero lo mas significativo es que al declarar el “estado de sitio”,
el gobierno israelí ha dividido de facto la ciudad de Jerusalén.
La
izquierda israelí aduce desde hace 46 años, sin mayor éxito, que el modelo de
ciudad unificada no tiene futuro y es necesario dividirla: ahora lo ha llevado
a la práctica la derecha israelí sin mayor remordimiento de conciencia. El
despliegue de soldados y bloques de cemento en las rutas que conectan a los
barrios palestinos con la parte israeli es sumamente simbólico porque nos remiten
a los Territorios Ocupados de Cisjordania. Los transforma en un claro
significante de la anulación de distinciones entre Jerusalén y los Territorios
Ocupados, o lo que podría denominarse la "Cisjordanización de
Jerusalén". Nunca Jerusalén oriental ha estado tan cerca de los
territorios ocupados y tan lejos de Jerusalén occidental.
Y
este "gol en contra" llega a tiempo. Durante los últimos años, y a
medida que la situación económica ha ido mejorando, la población adulta de
Jerusalén oriental comenzó a acomodarse o a resignarse a la ocupación. A partir
de ahora esta percepción colapsa y la gente vuelve a recordar que están bajo
una ocupación militar que, por mas beneficios económicos que pueda conllevar,
es y será insoportable. Durante los últimos años, gracias a una política
de gestos implementada por el actual alcalde israelí de la ciudad, la ocupación
perdió su fachada opresora y su imagen se volvió mas light, hasta tal punto que los últimos
sondeos demuestran que mas de la mitad estarían dispuestos a adquirir la
ciudadanía israelí. Este proceso de doblegamiento a la
ocupación ha colapsado estruendosamente, ha sido literalmente quebrado por los
jóvenes. La dosis de relativa prosperidad que el alcalde Barkat
suministro a sus padres, no les atañe: están en esa edad en la que la dignidad
y el orgullo son factores decisivos en la consolidación de su identidad, mucho
más importantes que la prosperidad económica que persiguen sus padres.
La
idea de tranquilizar al publico israelí gracias a las barreras no es nueva en
nuestra región. Durante la segunda Intifada, fue Ariel Sharon el primero
en promover en 2002 la construcción de la muralla de separación a fin de calmar
a la población israelí. Siguiendo esta lógica escapista, Netanyahu introduce
vallas de cemento armado con el mismo objetivo. Construir otra muralla seria
demasiado exagerado pero, salvando las diferencias, en ambos casos el resultado
es el mismo: Sharon y Netanyahu dividen la ciudad de facto.
Diez
años después de construida la muralla de separación, que dejó fuera a extensas
partes de la ciudad y a más de 50.000 residentes palestinos, el gobierno actual
separa Jerusalén oriental en una serie de enclaves cerrados que, mas que
afectar la vida cotidiana, producen un cambio total en la mentalidad palestina
respecto a la ocupación. Netanyahu les ha vuelto a recordar que viven
bajo ocupación militar, y ha reavivado de esa manera el ansia palestina de
liberación.
La
tensión generada por estos disturbios ha corroborado que el modelo de la
"Jerusalén unificada" es insostenible, que por debajo de la tierra
ruge un volcán. La tenacidad con la que la población joven desafía al sistema
israelí es la prueba contundente de que este régimen de ocupación esta
destinado a enfrentar periódicamente alzamientos violentos que, a largo plazo,
acabaran desmoronándolo. Toda represión es temporal por definición y la actual
represión policial esta sembrando las semillas de la próxima rebelión. Los
jóvenes palestinos arrestados, cuyo numero ronda los 2.500, llevarán en sus
venas por siempre el ansia de revancha. Y el folklore local ya esta
fertilizando la próxima generación de jóvenes que aspira imitarlos, porque en
el imaginario local esos son los pequeños guerrilleros que, poniendo en jaque a
la policía, salvaron la dignidad nacional.
Todavía
es prematuro saber si estamos ante la tercera Intifada. Sea cual fuere el
futuro, el valor intrínsico del levantamiento juvenil consiste en
haber puesto de relieve la patología del sistema municipal de Jerusalén y, más
allá de sus logros a corto plazo, los acontecimientos han dejado claro que una
estructura de esta índole podría perdurar, pero no tiene derecho a
existir.
Un
proverbio hebreo dice que la labor de los santos es realizada por gente
común. No se si será cierto. Pero lo que esta claro es que el objetivo de
la izquierda lo está llevando a cabo, a su brutal manera, la
derecha.
www.sinpermiso.info, 17 de octubre 2015
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martes, 15 de septiembre de 2015
Carta de una abuela castellana
Soy española, vivo en Barcelona, soy del Real Madrid, hablo castellano y no me siento catalana. Pero mañana votaría sí a la independencia de Cataluña.
No entiendo de Política, no me sé la constitución
Entiendo de personas. Las personas se entienden cuando se respetan, se toleran y se escuchan. Las personas se casan porque en un determinado momento se enamoran y deciden por ambas partes compartir sus vidas, sus beneficios y sus penas. Compartir, tolerar y respetar. En lo bueno y en lo malo.
Pero a pesar de lo prometido a veces se rompe el amor, sin intencionalidad, sin maldad, con todo el dolor de nuestro corazón. Y se puede romper por ambas partes o sólo por una. En ambos casos hay divorcio, de mutuo acuerdo, de malos modos. Pero nunca se obliga a
nadie a quedarse en un matrimonio en contra de su voluntad. Si una de las partes se quiere ir, se va. Con todo el dolor de nuestro corazón. Y en el supuesto caso que pretendiéramos que se quedara, que debiera recapacitar y renunciar a su libertad, ¡No se le amenaza, se le
infravalora, se le ignora, se mal juzga o se le deja de respetar!
En ese absurdo caso sólo se consigue el caso opuesto: más determinación. La decisión de independizarse ya no sale de su razón, de su reflexión o decisión. Sale directamente de su corazón. Primitivamente. ¡Secuestro amigdalar! Han ofendido su autoestima, su sensación de país. Su orgullo.
Soy madre de tres niños, han nacido y se están criando aquí. Yo soy española, siempre lo seré, viva donde viva. De igual manera que si viniera un japonés a vivir a España siempre sería japonés. La nacionalidad se forma en un determinado momento de nuestra infancia, percibo, supongo. Ellos decidirán su nacionalidad y si quieren, deciden, optan o sienten que son catalanes por encima de cualquier cosa, no pondré reparos. No serán menos ni más que nadie.
Pero por delante de las banderas estamos las personas.
Y por delante del patriotismo debería ir el sentido común y el respeto. Hablo desde mi experiencia y las peores traiciones no me las ha hecho ningún catalán. Pero la mayor lealtad sí la he vivido en esta tierra, con esta gente. Y no entiendo de política, pero creo que hubiera sido más rico para la historia de España respetar a Cataluña como tal, como ellos se sienten, con su riqueza de cultura, gente y generosidad. Respetarla y tratarla por su valía. Pero sospecho que ya es tarde. Un poquito de respeto de vez en cuando no viene mal.
Por todo ello mañana yo votaría sí a la independencia de un "país" que no quiere formar parte de otro, simple- mente porque no se siente respetado. Tan simple como la vida misma.
Beatriz Puerta
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jueves, 14 de mayo de 2015
La inmigración en el Mediterráneo no es tal, es una crisis humanitaria
¿Sabías que en 2014 llegaron a Europa un total de 440.000 personas de países empobrecidos o en guerra, y que 252.000 de ellas fueron retornadas a sus países de origen después de juicios rápidos? Eso significa que se quedaron en Europa menos de 200.000 personas, que significa un 0,04% de la población europea.
¿Sabías que Canadá tiene una política de cupo migratorio de un 1% anual sobre su población? ¡Hubiera supuesto la integración de 5 millones de personas! ¿Sabías que -a pesar de las continuas alertas de los telenoticias- en 2015 han llegado a Europa un total de 50.000 personas? Dicho esto, ¿cópmo es que hay un sentimiento bastamnte generalizado de desbordamiento, de alud migratorio, y se habla de inmigración cuando habría que hablar de crisis humanitaria, porque se trata sobre todo de una crisis humanitaria de proporciones gigantescas?
¿Sabías que Canadá tiene una política de cupo migratorio de un 1% anual sobre su población? ¡Hubiera supuesto la integración de 5 millones de personas! ¿Sabías que -a pesar de las continuas alertas de los telenoticias- en 2015 han llegado a Europa un total de 50.000 personas? Dicho esto, ¿cópmo es que hay un sentimiento bastamnte generalizado de desbordamiento, de alud migratorio, y se habla de inmigración cuando habría que hablar de crisis humanitaria, porque se trata sobre todo de una crisis humanitaria de proporciones gigantescas?
Hay, según muchos indicios, diversas causas e intereses que la ciudadanía concienciada debería desvelar. En primer lugar, hay un problema importante de percepción sobre la inmigración. Según un estudio publicado en The Guardian, España es el cuarto estado en el mundo donde la percepción sobre la inmigración es más errónea: se piensa, por ejemplo, que la población musulmana es del 13% sobre el total, cuando en realidad es del 2%. Esta percepción errónea comndiciona mucho cualquier debate, porque introduce factores como el miedo a aquello que es distinto, desconocido y potencialmente "invasivo", lo cual dificulta abordar con serenidad un tema (la integración social de la población recién llegada) de humanidad y de justicia global, y lo convierte en un tema de seguridad interior. Eso es lo que están haciendo, por ejemplo, los dirigentes de la Unión Europea que escamotean el verdadero debate humanitario para esconder nuestras vergüenzas colectivas.
El segundo error interesado -éste más dramático- es hablar de inmigración y no de crisis humanitaria. A pesar de que la brecha económica entyre el norte y el sur del Mediterráneo es mayor que en cualquier otro lugar del mundo (una proporción de ingresos de 7 a 1 por el mismo trabajo entre África y el sur de Europa), en estos momentos la población africana sabe que en Europa hay muchos menos puestos de trabajo vacantes que hace unos años y 9 de cada 10 africanos emigran de sus países hacia países vecinos, y solamente 1 de cada 10 lo hace a Europa. Hoy la llegada masiva por mar a Europa se da de países en conflicto (Síria, Iraq, Somalia, Libia, Eritrea, Yemen...), donde hay más de cinco muillones de desplazados internos y refugiados que no tienen ese estatuto reconocido.
Mientras tanto, los dirigentes de la vieja Europa siguen tratando el tema como un problema de inmigración económica, con una conducta que podemos tachar de criminal si atendemos al hecho de que se trata de fugitivos de guerra, familias enteras que se juegan la piel en un éxodo incierto y cruel. Familias que llenan el Mare Nostrum de muertos y lo convierten en el Mare Mortum de nuestra vergüenza.
¿Qué podemos hacer, o mejor, qué debemos hacer de forma urgente? De entrada, promover un acuerdo internacional que aseguri los derechos de los refugiados, que asegure a las poblaciones el derecho a huir de un conflicto armado y a tener el estatuto de refugiados.
¿Cómo hacerlo? Manteniendo abiertas las fronteras de todos los países de la zona (en estos momentos, especialmente Jordania, Iraq y Turquía) , con el compromiso de Occidente de financiar la estancia provisional de la población refugiada, asegurando la seguridad de los campos de refugiados y facilitando un proceso de identificación de las personas para proporcionarles el estatuto internacional de refugiados de guerra a aquellas que no sean combatientes.
Mientras no hagamos eso, en lugar de hablar de destruir barcos y perseguir quimeras con grandes discursos, tenemos una responsabilidad criminal con cada una de las personas que mueren en el mar huyendo de su desgracia. Si no los queremos en Europa, facilitemos que puedan vivir en países próximos hasta su regreso a casa. Se hizo en 1988 en Camboya y se puede hacer ahora. Se tiene que hacer ahora, sin esperar más.
jueves, 27 de noviembre de 2014
¡Eso es solidaridad, sí señora!
La primera semana de diciembre entrarán en el Parlament de Catalunya
los presupuestos de la Generalitat para el año 2015, que presentan un dato vergonzante y curioso: destinan poco más de 1 € por habitante a las
políticas de fomento de paz, promoción de los derechos humanos y cooperación
internacional al desarrollo que gestionará la Agencia catalana de
cooperación (ACCD). Sí, has leído bien, un euro por habitante en todo el año.
Para podernos dar cuenta de la ridiculez de esta cifra sólo hay que compararla con alguna otra: Previsiblemente las cifras para el Ministerio de Defensa español 2015 supondrán para cada catalán unos 196 €, la indemnización por el fallido "proyecto Castor" supondrá la aportación de 29 € por ciudadano y el rescate a los bancos españoles ha supuesto ya la contribución inicial -directa y obligada- de 2.219 € per cápita.
Todavía más. Mientras el gobierno catalán habla de destinar 8,5 M€ en 2015 a la cooperación al desarrollo a través de la Agencia responsable, el presupuesto 2013 de Médicos Sin Fronteras fue de 116 M€, el de Oxfam Intermón de 82,9 M€ y el de Educo de 32,5 M€, por citar solamente organizaciones de cooperación con sede central en Cataluña y con una mayoría de fondos provenientes de donaciones privadas. ¿Eso es hacer política pública de país?
Hace pocas semanas pude visitar un proyectpo de fomento de trabajo estable de mujeres y jóvenes, en el cultivo y comercialización de cacao orgánico en el norte del Perú, en una zona de fuerte migración hacia España cuya población está retornando a su país lo quiera o no. El proyecto ocupa ya a 1.800 famílias rurales de un territorio tan extenso como la comarca del Ripollés, y tiene una alta capacidad de multiplicarse si podemos seguir dando apoyo a las organizaciones locales durante algunos años más. ¿Podremos?
Como este proyecto, he visitado los de otras comunidades en Ecuador y Bolivia, donde ciertamente no necesitan nuestras ideas y discursos, sino nuestro apoyo y nuestra complicidad para tejer una gran red de ciudadanía que se preocupe por los problemas globales, cuando son nuestros o cuando están lejos de casa. La lucha contra las desigualdades, ahora más que en cualquier otra época, no conoce fronteras y ocupa a muchísimas personas de aquí y de allá.
Por ellas, pero sobretodo por nuestra dignidad col·lectiva, reclamamos que la discusión en el Parlament de los presupuestos 2015 incluya una enmienda imprescindible: duplicar la cantidad destinada a cooperación al desarrollo para reducir nuestra vergüenza a la mitad.
Para podernos dar cuenta de la ridiculez de esta cifra sólo hay que compararla con alguna otra: Previsiblemente las cifras para el Ministerio de Defensa español 2015 supondrán para cada catalán unos 196 €, la indemnización por el fallido "proyecto Castor" supondrá la aportación de 29 € por ciudadano y el rescate a los bancos españoles ha supuesto ya la contribución inicial -directa y obligada- de 2.219 € per cápita.
Todavía más. Mientras el gobierno catalán habla de destinar 8,5 M€ en 2015 a la cooperación al desarrollo a través de la Agencia responsable, el presupuesto 2013 de Médicos Sin Fronteras fue de 116 M€, el de Oxfam Intermón de 82,9 M€ y el de Educo de 32,5 M€, por citar solamente organizaciones de cooperación con sede central en Cataluña y con una mayoría de fondos provenientes de donaciones privadas. ¿Eso es hacer política pública de país?
Hace pocas semanas pude visitar un proyectpo de fomento de trabajo estable de mujeres y jóvenes, en el cultivo y comercialización de cacao orgánico en el norte del Perú, en una zona de fuerte migración hacia España cuya población está retornando a su país lo quiera o no. El proyecto ocupa ya a 1.800 famílias rurales de un territorio tan extenso como la comarca del Ripollés, y tiene una alta capacidad de multiplicarse si podemos seguir dando apoyo a las organizaciones locales durante algunos años más. ¿Podremos?
Como este proyecto, he visitado los de otras comunidades en Ecuador y Bolivia, donde ciertamente no necesitan nuestras ideas y discursos, sino nuestro apoyo y nuestra complicidad para tejer una gran red de ciudadanía que se preocupe por los problemas globales, cuando son nuestros o cuando están lejos de casa. La lucha contra las desigualdades, ahora más que en cualquier otra época, no conoce fronteras y ocupa a muchísimas personas de aquí y de allá.
Por ellas, pero sobretodo por nuestra dignidad col·lectiva, reclamamos que la discusión en el Parlament de los presupuestos 2015 incluya una enmienda imprescindible: duplicar la cantidad destinada a cooperación al desarrollo para reducir nuestra vergüenza a la mitad.
lunes, 24 de junio de 2013
Algunas preguntas a un Estado imposible
Un verdadero Estado autonómico (o quasifederal, como le gusta decir al centroizquierda español) no derivaría en treinta años en el estado de derecho actual -ejecutivo centralizador, legislativo bipartidista para los temas de Estado, poder judicial politizado- ni abordaría la mal llamada "reforma de las administraciones públicas " como si se tratara de un Estado nación.
¿Por qué la reforma de la Administración no aborda la supresión de Ministerios con todas las competencias transferidas como Educación, Sanidad o Cultura? ¿Por qué seguiremos pagando más de 5.000 funcionarios en el Ministerio de Agricultura, con el 90% de funciones transferidas?
¿Por qué se esconde una cuestión política tras una pretendida reforma técnica y administrativa? ¿Has leído, lector, las razones de "falta de tradición" que han servido para suprimir la Defensoría del Pueblo de Castilla la Mancha, cuando las mismas razones servirían para suprimir la propia autonomía?
¿Por qué coincide esta reforma con la obsesiva y empozoñada laminación de la lengua catalana/valenciana/Lapao y no se lamina el castellano (única lengua digna de llamarse española) diferenciándolo del uruguayo, el argentino o el andaluz?
¿Por qué se siguen estrenando líneas radiales de AVE y el presidente del gobierno español tiene la desfachatez de inaugurarla como una nueva "arteria de riqueza", cuando en dos días comenzará a ser deficitaria y la pagaremos entre todas?
¿Por qué lo único que recibimos los millones de catalanes y catalanas que queremos marcharnos ya de este Estado son amenazas y exabruptos? ¿Se imaginan lo que diríamos si alguien le dice a su pareja "cariño, lo nuestro no funciona" y recibiera sólo amenazas y gruñidos?. Yo le llamaría maltratador.
¿Por qué no hay más ciudadanos y ciudadanas españoles que presionen para que podamos ejercer el derecho a decidir nuestro futuro?
¿Por qué la reforma de la Administración no aborda la supresión de Ministerios con todas las competencias transferidas como Educación, Sanidad o Cultura? ¿Por qué seguiremos pagando más de 5.000 funcionarios en el Ministerio de Agricultura, con el 90% de funciones transferidas?
¿Por qué se esconde una cuestión política tras una pretendida reforma técnica y administrativa? ¿Has leído, lector, las razones de "falta de tradición" que han servido para suprimir la Defensoría del Pueblo de Castilla la Mancha, cuando las mismas razones servirían para suprimir la propia autonomía?
¿Por qué coincide esta reforma con la obsesiva y empozoñada laminación de la lengua catalana/valenciana/Lapao y no se lamina el castellano (única lengua digna de llamarse española) diferenciándolo del uruguayo, el argentino o el andaluz?
¿Por qué se siguen estrenando líneas radiales de AVE y el presidente del gobierno español tiene la desfachatez de inaugurarla como una nueva "arteria de riqueza", cuando en dos días comenzará a ser deficitaria y la pagaremos entre todas?
¿Por qué lo único que recibimos los millones de catalanes y catalanas que queremos marcharnos ya de este Estado son amenazas y exabruptos? ¿Se imaginan lo que diríamos si alguien le dice a su pareja "cariño, lo nuestro no funciona" y recibiera sólo amenazas y gruñidos?. Yo le llamaría maltratador.
¿Por qué no hay más ciudadanos y ciudadanas españoles que presionen para que podamos ejercer el derecho a decidir nuestro futuro?
viernes, 10 de mayo de 2013
Cataluña: 22 argumentos en favor de un nuevo estado social y democrático
Principios
1. - Cataluña es una
nación porque su ciudadanía así lo considera, muy
mayoritariamente. Aunque esta afirmación pueda resultar obvia por motivos
históricos, lingüísticos, culturales, sociales, políticos y económicos, la
negación de este presupuesto por parte del Estado español es la raíz del
desencaje de Cataluña con España.
Ni
siquiera la construcción del Estado de las autonomías, en 1977, permitió la
unión de naciones diferenciadas. La "indisoluble unidad de la Nación
Española" y la definición de España como "la patria común e
indivisible de todos los españoles" del artículo 2 de la vigente
Constitución española introducen en el texto dos conceptos-como señala el
historiador Borja de Riquer-esencialistas pero escasamente democráticos.
2. - La nación
catalana es sujeto de soberanía.
La
soberanía es un concepto dinámico, que tiene en cuenta diversos aspectos como
la identidad de un grupo humano, su historia, el territorio que ocupa, la
economía o la relación con los grupos vecinos.
El
concepto de soberanía está asociado a la existencia de ciudadanos libres que
forman parte de un grupo determinado. Esta es la base del proceso que vive
ahora mismo Cataluña, pero hoy por hoy no hay ninguna posibilidad de mantener
un diálogo racional, político o científico sobre esta cuestión capital con unos
interlocutores-los representantes del estado español- que sostienen que no hay
más identidad que la suya.
La
fuente legitimadora de la soberanía española (según la Constitución de 1978) es
el principio según el cual los ciudadanos de este Estado conforman una sola
nación. Esto impide la aceptación de la existencia de colectivos de ciudadanos
que puedan sentir otra identidad nacional. La unión inseparable y eterna del
individuo con "su" nación hace que la identidad nacional no sea una
adquisición voluntaria sino un destino inexorable.
El
político conservador Antonio Cánovas del Castillo, en 1881, ya proclamó que
"España es una obra de Dios, o de la naturaleza", en respuesta a las
tesis federalistas de Francisco Pi y Margall.
Antonio
Maura, en 1918, considera incomprensible y antinatural otra identidad que no
sea la española y afirma contundente "No se elige la madre, ni los
hermanos, ni la casa paterna, ni la patria en que se nace". Más tarde, el
falangista Raimundo Fernández Cuesta proclama en1939 que "la existencia de
la nación española está por encima de opiniones, argumentos, votaciones y
plebiscitos".
La
afirmación del general Juan Antonio Chicharro, en febrero de 2013, "la
Patria vale más que la democracia" sigue en esta línea metafísica que no
contrapone la unidad de España a la secesión (ambas opciones perfectamente
defendibles democráticamente) sino que proclama un principio indisoluble y
anula la posibilidad de discutirlo.
A
pesar de todo este imaginario, la identidad catalana se mantiene con claridad,
contraponiendo diariamente argumentos y vivencias a los principios
indemostrables que vienen a decir que "el pueblo es aquel que la
Constitución dice que es el pueblo". Esta identidad propia es la fuente
legitimadora de la soberanía del pueblo de Cataluña.
3. - Cataluña quiere
un estado propio para desarrollarse según su propio criterio, no para
oponerse a nada ni a nadie. El proceso actual no se hace contra nadie, aunque ciertamente
no es indoloro ni inocuo.
El
estado propio sólo es un instrumento -no es en ningún caso un objetivo en sí
mismo- para lograr el mayor progreso, bienestar y justicia social posibles, que
constituyen la finalidad de cualquier estado democrático de derecho. El
problema de Cataluña para desarrollarse es que no tiene -ni ha tenido en
trescientos años- un Estado amigo que la respete tal como es, procurando su
progreso y buscando lo que es mejor para ella, que hubiera sido también lo
mejor para el conjunto de ese Estado.
Por
ello inicia un proceso de emancipación nacional, irreversible, que sólo tendrá
pleno sentido si asegura su orientación social y radicalmente democrática, para
configurar un Estado que supere las limitaciones democráticas de los estados
del siglo XX.
Legitimidad histórica
4. - Cataluña ya ha
sido una nación independiente.
La
nación catalana nació en el año 988, cuando el conde de Barcelona Borrell II no
renovó el juramento de fidelidad al rey franco, deshaciendo el vasallaje y
ratificando así la independencia de los condados catalanes, que hacía años que
eran autónomos. El "Forum Iudicum", del siglo XII, contemporáneo de
las "Homilías de Organyà", es el primer tratado de leyes catalanas
que se conserva.
La
unión dinástica de Ramón Berenguer IV con Petronila de Aragón, en 1162,
conformó la Corona de Aragón, organizada como una federación de estados
medievales que respetaba las singularidades de cada territorio (Cortes,
Generalitat y Constituciones) y coordinaba la política exterior hasta el año
1479. Esto quiere decir que Cataluña fue un estado independiente durante 174
años y federado con la Corona de Aragón durante otros 317 años.
5. - Con los Reyes
Católicos no nació la nación española.
Aquellos
príncipes se casaron en secreto en 1469 y accedieron a los respectivos tronos
Isabel en 1474 y Fernando en 1479. Ambas coronas conservaron las leyes e
instituciones propias; los escudos estaban juntos pero no unidos.
Al
morir Isabel, en 1516, Fernando renuncia a Castilla en favor de su hija Juana
para evitar un conflicto armado. Esto supuso la unión de las dos coronas en una
sola persona, pero manteniendo diferenciadas las Cortes, instituciones
políticas, administración pública, lenguas y moneda.
La
identidad catalana se mantuvo y en 1640 estalla la Guerra de los Segadores, en
la que Pau Claris proclama la República independiente de Cataluña (1641), que
fue sofocada y anulada en pocos meses.
6. - España, en su
dimensión actual, fue el resultado del "derecho de conquista", no de
la voluntad de sus ciudadanos.
Un
mapa oficial de 1854 diferenciaba todavía entre la España "plenamente
constitucional", la España foral (País Vasco y Navarra), la España
"asimilada" (correspondiente a la antigua Corona de Aragón) y la
España colonial, después desaparecida.
La
"nación española 'que conocemos –de matriz totalmente castellana- nació
con Felipe V, en 1716, cuando se unifica la organización política después de
vencer en la Guerra de Sucesión. El rey, aludiendo al "derecho de
conquista", abolió los fueros y quitó a Cataluña el control económico,
fiscal, judicial, aduanero y monetario propios, así como su capacidad
legislativa.
¿Por
qué no se explican todos estos hechos comprobables en los libros escolares de
Historia de España? Quizás la "lección magistral" de Esperanza
Aguirre-cuando era presidenta de la Comunidad de Madrid- nos da una respuesta:
"España es una gran Nación con 3.000 años de historia (es decir, de cuando
el rey Salomón) y eso se todo lo que tienen que saber los niños ".
7. - Algunos datos
que conviene recordar
•
La bandera catalana de las cuatro barras es del año 1050. La bandera española
de tres franjas horizontales (dos rojas y una amarilla central) es de 1785.
•
Las cortes catalanas se reunieron por primera vez en 1192, las españolas en
1834.
•
El primer "presidente" catalán es de 1359, el primer presidente de
gobierno español es de 1823.
•
La primera Constitución catalana es de 1283. La primera Constitución española
(llamada "la Pepa") es de 1812.
Legitimidad
democrática
8. - La validez de
las leyes no les otorga automáticamente legitimidad.
Ninguna
Constitución reconoce el derecho a la independencia y más de 120 naciones se
han independizado los últimos 70 años. Por tanto, todos los nuevos estados de
Europa y muchos otros estados del mundo han violado la Constitución y las leyes
para ser un estado. En Sudáfrica, por ejemplo, pedir la igualdad de derechos
entre blancos y negros era inconstitucional ... durante muchos años!
Las
leyes no siempre se ajustan al bien común o a la realidad cambiante y por ello
se modifican. El sufragio universal, la igualdad racial, la prohibición de las
minas antipersona o los referéndums vinculantes nunca hubieran sido posibles
sin movimientos ciudadanos que consiguen cambios legislativos y mejoras
históricas.
En
último caso, la insumisión pacífica y no violenta a una ley considerada injusta
es un imperativo ético de carácter personal o colectivo que no se puede
despreciar.
9. - La legitimidad
democrática debe prevalecer sobre la legitimidad de las leyes.
Las
leyes no se pueden sacralizar, o al menos no se pueden sacralizar más que la
evolución de la voluntad de los pueblos.
Las
tensiones entre derechos, democracia y territorios -según el profesor Ferran
Requejo- forman parte del debate entre legalidad y democracia (Habermas,
Michelman) y de la protección de los derechos colectivos en democracias
plurinacionales (Taylor, Walzer). Las posibles soluciones a estas tensiones deben
ser pragmáticas y de carácter particular, no hay una norma universal.
En
una democracia del siglo XXI no resulta legítimo obligar a los ciudadanos de
una colectividad nacional a quedarse dentro de un estado en contra de la
voluntad de la mayoría.
El
conflicto entre Cataluña y España no es, pues, básicamente un problema jurídico
(no hay ninguna norma que permita una consulta popular vinculante ni el posible
tránsito a la independencia) sino un problema político. El estado español debe
decidir si él mismo es una Constitución o una democracia.
10. - El detonante
del conflicto actual Cataluña-España ha sido la quiebra del Estatuto de
Autonomía de 2006.
La
sentencia del Tribunal Constitucional del 28 de junio de 2010, declarando
inconstitucionales bastantes artículos del Estatuto de Autonomía de Cataluña
votado en referéndum y previamente "cepillado" en el Congreso,
dinamitó el estado de las autonomías y su credibilidad en Cataluña. Los
argumentos en que se fundamenta la sentencia le dan legalidad, pero no tienen
legitimidad para ordenar la convivencia en el interior de Cataluña y las
relaciones entre Cataluña y España, simplemente porque sus destinatarios no
quieren.
Si
la Constitución sólo admite el ejercicio del derecho de autonomía en los
términos fijados por la sentencia del Tribunal Constitucional, la ciudadanía de
Cataluña no puede considerar la Constitución como suya, y así lo ha dicho en
dos elecciones consecutivas, con un mensaje cada vez más rotundo. Jurídicamente
es un problema difícil de plantear, pero políticamente es un problema de
resolución imprescindible.
Legislación
internacional
11. - El Tribunal
Internacional de Justicia de La Haya, en sentencia del 22 de julio de
2010 dice que "No existe en derecho internacional ninguna norma que prohíba
las declaraciones democráticas de independencia. Y no existe ninguna norma que
prohíba a la ciudadanía, cuando exista contradicción entre la legalidad
constitucional y la voluntad democráticamente expresada, hacer prevalecer esta
segunda ".
En
una sentencia sobre Kosovo, el mismo Tribunal exponía que, en caso de que se
agotaran otras vías de entendimiento y los actores políticos legítimos
proclamaran de forma no violenta una declaración de independencia, no se podría
oponer ningún obstáculo legal internacional .
12. - El Tribunal
Supremo de Canadá, poco antes del referéndum soberanista de Quebec de
1995, dictó que la Constitución no puede constreñir la voluntad popular
libremente expresada, ya que "un voto mayoritario en Quebec sobre una
pregunta clara a favor de la secesión de la provincia conferiría una
legitimidad democrática a la iniciativa de secesión que todos los demás
participantes en la federación deberían reconocer ".
Canadá
y su orden constitucional no podrían ser indiferentes a una expresión clara de
una mayoría de los quebequenses. Igualmente, Quebec no podría pretender dictar
las condiciones de la secesión. Por tanto, la votación debería ir seguida de
negociaciones relativas al posible acto de secesión, así como de sus
condiciones, "acuerdos políticos sin conclusiones predeterminadas por las
leyes". Sigue diciendo el Tribunal que "si una de las dos partes se
negara a negociar de buena fe, no se excluye la posibilidad de una declaración
inconstitucional de secesión de facto". En este caso su éxito dependería
del reconocimiento de la comunidad internacional.
El derecho a decidir
13. - Cambiar la
Constitución española no es el primer paso para poder ejercer el derecho a
decidir. Sería
conveniente, pero no necesario.
En
España se argumenta que para poder hacer un referéndum sobre el futuro de
Cataluña primero habría que cambiar la Constitución, pero esto no es así por
dos motivos: porque se confunde el hecho de preguntar en sí mismo -el derecho a
decidir- con las posibles consecuencias de su resultado -la secesión- (si el
resultado es negativo no habría que hacer nada), y también porque no se pueden
esgrimir como impedimento unas normas que sólo una de las partes puede cambiar,
máxime si esa parte ya ha expresado que no está dispuesta a cambiar en ningún
caso .
Es
obvio que hay un choque de legitimidades en juego, pero así como en la
"Ley de la Reforma Política" de 1977 se transgredieron las normas de
juego franquistas sin decirlo claramente, ahora hay que encontrar una solución
para hacer prevalecer el principio más democrático, que es la consulta a la
ciudadanía que así lo ha pedido.
14. - La voluntad
ciudadana debe poder expresar democráticamente.
Más
allá de la trayectoria histórica que explica la existencia de una voluntad de
ser pueblo y nación, así como los lazos culturales y lingüísticos de una
comunidad con otros territorios, es la voluntad popular la que legitima en
último caso cualquier identidad nacional.
La
población de Cataluña ha expresado ya con claridad dos veces su voluntad mayoritaria,
desde la "ruptura" de la Transición con la sentencia del Tribunal
Constitucional de junio de 2010.
El
movimiento democrático que quiere construir un nuevo estado que resuelva -a
juicio de quien lo considera- la relación desigual entre Cataluña y España,
basada en la dominación y en la imposición, es absolutamente legítimo si esta
opción garantiza los derechos democráticos y sociales fundamentales. Incluso el
de elegir la propia identidad sin menoscabar los derechos de ciudadanía para
quienes no la sientan como propia.
En
esa tesitura, sólo la expresión libre de la ciudadanía dará a conocer el apoyo
efectivo de esta opción de nueva organización política. Cualquier persona o
colectivo que defienda la radicalidad democrática debe estar de acuerdo en que
un problema político hay resolverlo con la herramienta política más potente: la
consulta a la ciudadanía.
15. - Quien incumple las
leyes no puede negar la democracia. Quien incumple el Estatuto no puede
negar la consulta ... ni invocar la Constitución cuando le interesa, sin
cumplir todas las Leyes fundamentales, como los Estatutos de Autonomía.
Desde
la entrada en vigor del Estatuto de Cataluña de 2006 sólo ha habido tres
reuniones de la comisión bilateral que debe desplegar y hacer los traspasos de
competencias. La última reunión es de julio de 2011, el total de traspasos
hechos es de 7 y hay, al menos, 29 traspasos pendientes. De estos traspasos
hechos algunos están incompletos (por ejemplo se ha traspasado la gestión de la
red de los trenes de cercanías, pero sin el traspaso de los trenes, las vías y
las estaciones). También se ha prometido el pago de la deuda contemplado en la
disposición adicional tercera del Estatuto (sólo el primer año, 759 millones)
que ni siquiera se ha reconocido posteriormente.
Pero
esto no es nuevo en las relaciones Generalitat-Estado. Desde la aprobación de
la LOAPA en plena transición política (primer gobierno de Felipe González
1982-86), que significó la muerte del espíritu inicial del estado de las
autonomías, el Estado ha sido siempre receloso en la distribución de
competencias, con incumplimientos reiterados de Leyes Orgánicas (Los Estatutos
de Autonomía) y de los compromisos adquiridos, manteniendo para él funciones
duplicadas –hecho muy grave y poco divulgado- y con continuadas demandas al
Tribunal Constitucional.
Identidad y lengua
16. - El estado
español no acepta de buen grado la diversidad lingüística.
La
organización lingüística española sólo ha trabajado, desde siempre, el
castellano, fruto de la herencia de confusión entre España y Castilla,
manteniendo una política asimilacionista: estructuración de los cuerpos de
seguridad del Estado alérgica a la diversidad lingüística, regulación de los
mercados que dificulta el uso de las lenguas que no sean el castellano, mundo
judicial absolutamente castellanizado, legislación audiovisual lingüísticamente
homogeneizadora, acción exterior del Estado como si éste tuviera sólo una
lengua, ... (F.Xavier Vila).
Esto
no es lo que ha pasado y pasa, por ejemplo, en Canadá -donde el Estado promueve
el uso del inglés y el francés en todo el país-, en Bélgica -estado unitario
plurilingüístico- o en Gran Bretaña. Está claro que para los representantes de
España ... ¡ninguno de estos países son nuestro caso!
Seis
millones de personas hablamos habitualmente catalán en España. El catalán es la
22 ª lengua más traducida en el mundo y se puede estudiar en 114 universidades
de todo el mundo (¿cuántas de éstas en España, fuera de Cataluña?). Pese a
estos datos, el catalán no es lengua oficial de estado en Europa. El gaélico,
con 77.000 hablantes sí lo es porque su Estado lo considera un patrimonio
cultural y un activo del país.
17. - La imposición
del castellano y el menosprecio del catalán no son una invención interesada,
sino una realidad contrastada durante siglos.
La
expresión "habla en cristiano", escuchada repetidamente durante la
dictadura franquista, no era producto de una cierta incultura sino de una
cultura uniformizadora muy arraigada. Históricamente la diversidad lingüística
de España ha molestado mucho a las élites políticas, económicas y culturales de
cuño castellano durante los últimos trescientos años. La han vivido como un
estorbo más que como una riqueza.
La
aproximación del Estado, que tiene raíces imperiales y jacobinas, a la realidad
pluricultural y plurilingüística ha estado siempre mucho más cercana a la
multiculturalidad -permitiendo las otras lenguas en un régimen de desigualdad y
subordinación- que a una verdadera interculturalidad, enriquecimiento mutuo y
mestizaje cultural.
Algunos
botones de muestra son el Edicto Real de 1837, que imponía castigos a los niños
que hablaran catalán en la escuela, o bien la prohibición de poner telegramas y
de hablar en catalán por teléfono (Orden de Correos y Telégrafos, de 1896), la
"Orden del Ministerio de Educación Nacional" de 1939, prohibiendo el
uso público del catalán o incluso la Constitución de 1978, nada equitativa en
cuestiones lingüísticas en los territorios con lengua propia, cuestión que
provoca conflictos continuos, algunos de ellos creados por un Estado que no
traga esa diversidad más allá del folclore.
Razones económicas
18. - El déficit
fiscal de Cataluña con España no es ni razonable ni comparativo con ninguna
otra situación en estados democráticos.
En
cifras redondas podemos decir que en los últimos tres años en Cataluña se han
recaudado anualmente unos 32.000 millones de euros, de los que retornan en
forma de inversiones, transferencias y otros unos 19.000 millones.
Cataluña
es el territorio donde el Estado invierte menos por habitante, de forma
continuada. El stock de capital público es un 27% menor que la media estatal
(según el economista Carlos Boix). Aunque la población catalana supone más del
16% de la española, el gasto público en Cataluña -una vez descontadas las
transferencias directas en pensiones y subsidios de paro- supone un 11,2% de
toda la del Estado, convirtiéndola en la penúltima comunidad en gasto per
cápita en educación y sanidad.
Mientras
la inversión en políticas sociales representa para el conjunto de España un
25,3% del PIB (datos de 2010), en Cataluña esta cifra supone sólo el 21,4% del
PIB.
19. - El
empobrecimiento gradual de Cataluña no beneficia a un enriquecimiento eficiente
del conjunto del Estado.
La
falta continuada de inversiones y de transferencias por habitante en Cataluña
ayudan a explicar por qué el PIB catalán era un 18% más alto que el español en
1995 y sólo un 8% más alto en el año 2010, sólo quince años después. Comparado
con el régimen fiscal del País Vasco los datos son elocuentes: en 1995 el PIB
catalán era un 4% más alto que el PIB del País Vasco y quince años después era
un 16% más bajo. Mientras Euskadi ha podido proveerse de los bienes públicos
esenciales para ser competitivo en un mundo globalizado, Cataluña no lo ha
podido hacer, en detrimento de su crecimiento pero también del crecimiento del
conjunto del Estado.
20. - No se conoce
ningún país -salvo España- donde se haya promovido el boicot a productos de una
comunidad del propio país.
Resulta
inaudito, y también insultante, que en estos años de crisis económica aguda el
resto de España haya hecho (de manera pública o no pública) boicot a algunos
productos catalanes, como el cava, haciendo caer el consumo interno en unas
cantidades que sólo el incremento de la exportación ha podido ir compensando.
Resulta
inaudito, y también significativo, que en círculos económicos madrileños se
prefiera que una multinacional externa compre una empresa española a que lo
haga una empresa catalana, o que se haga un pedido importante de un alimento a
una empresa externa a un precio superior al que se podría conseguir en
Cataluña. O que un mando militar se niegue a surtir un cuartel de agua
embotellada catalana (que en realidad es de capital francés). Este
comportamiento sigue el patrón que ha habido, durante siglos, de una España
"plenamente constitucional" (como decía un mapa de 1854) y otra
"España asimilada" que siempre parece impura, siempre debe
justificarse o demostrar algo para poder ser quien es ...
Y,
especialmente, resulta inaudito que quien tiene responsabilidades de Estado no
haya frenado todo esto de forma inmediata, haya actuado con miedo o ... quizá
con mala fe.
Fundamentos de un
Estado social
21. - Queremos un
Estado digno de serlo.
Un
nuevo estado del siglo XXI debe tener un compromiso de radicalidad democrática,
y no únicamente las estructuras de estado habituales en las organizaciones
creadas en los siglos anteriores. Este compromiso de toda la sociedad catalana
debe fundamentarse, al menos, en:
•
Una fórmula de representación directa y cercana de la ciudadanía con sus
representantes parlamentarios
•
La consulta a la ciudadanía en aquellos temas importantes que afecten a la
organización social y la definición de políticas de Estado
•
La participación de las organizaciones de la sociedad civil en el diseño,
seguimiento y evaluación de políticas públicas
•
La denuncia de los paraísos fiscales y el refuerzo de normas y controles para
la lucha contra el fraude y el blanqueo de dinero
•
El trabajo por una cultura de paz y una política de "defensa" basada
en los principios de seguridad humana. Un estado sin ejército y con un servicio
civil de paz noviolento. Un país que destina el 'dividendo de paz' resultante
a la cooperación internacional ya mantener una política de seguridad compartida
con toda la ciudadanía.
22. - Queremos un
Estado en diálogo con nuestros vecinos.
Después
de trescientos años de unión por la fuerza y en un contexto de conflicto
grave con España, toca hablar de cómo organizamos el futuro. De cómo
encontramos una salida democrática a un conflicto permanente.
Después
de tanto tiempo en que unos hablan de victimismo donde otros ven maltrato, de
sentir menosprecio donde otros no ven más que homogeneidad, y del deseo cada
vez más extendido en Cataluña de ser mejores vecinos de lo que hemos estado
mucho tiempo, parientes mediocres, se debe afrontar la realidad.
Hemos
probado estos años un modelo democrático de convivencia, que ha cristalizado en
un "café para todos" sin poder opinar sobre quién se quedaba el pollo -el estado español- (mosén Ballarín dixit),
y, claro, no ha funcionado. Ahora toca hablar y negociar, con realismo, las
bases de esta nueva vecindad, de dos naciones que -federadas, confederadas o miembros de
una Unión-, ahora sí en plano de igualdad, quieren ir de la mano para construir
una Europa más democrática y un mundo más fraterno.
Xavier
Masllorens (xavier@masllorens.cat)
Abril
de 2013
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